Dossier: Representaciones en torno a la última dictadura
Luciano Alonso y Luciana Seminara (*)
Presentación
En rigor toda historia es un pasado presente; una representación de lo que ya no es bajo la forma de una narración, una constelación de imágenes, un rastro de memorias. Pero cuando Reinhart Koselleck le dio entidad historiográfica a ese concepto compuesto, no solo pensó que toda historia es en definitiva historia del tiempo presente, “nuestra” historia en la cual pervive lo pretérito, sino además que algunas historias del presente solo pueden ser entendidas por su relación con el pasado (Koselleck, 2001: 117-118). Podríamos suponer, un conjunto de acontecimientos y procesos ya ausentes que se resisten a “enfriarse” o a “pasar” y que de una u otra manera tiene incidencia directa en las configuraciones hoy existentes. Con seguridad que la última dictadura militar argentina entra dentro de esa categorización. Al decir de Marina Franco, quien ha destacado su ubicación en el cruce de distintas temporalidades y a su vez su carácter de cesura: “sigue siendo el presente/evento/proceso/matriz que ha redefinido nuestra historia contemporánea, cerrando ciclos históricos y abriendo otros; transformándose en el presente-pasado que constituye nuestros procesos contemporáneos, y por lo tanto, sigue siendo nuestro presente” (Franco, 2026: 19). No deja de ser inquietante esa idea de un presente pasado, no solo como condicionamiento de lo actual sino incluso de un presente que, pese a la unicidad de los fenómenos históricos, parece repetir estructuralmente aspectos del pasado (Koselleck, 2001: 131-133). Frente a una serie de políticas públicas regresivas en materias económicas y sociales durante la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019), sostenidas en ocasiones con dispositivos represivos, aparecieron en manifestaciones populares algunos carteles que rezaban “No son la dictadura, pero son su mejor banda tributo”. Tal vez esa definición sea mucho más aplicable todavía al gobierno de Javier Milei iniciado el 10 de diciembre de 2023.
Es que la dictadura militar de 1976-1983 fue excepcional dentro de la “normalidad” de los golpes de Estado y de la intervención castrense en la política argentina desde 1930. Gabriela Águila ha concluido que fue “un régimen que se propuso reestructurar de modo radical y profundo la configuración social, política, económica e ideológico-cultural existente y que logró varios de sus principales objetivos” (Águila, 2023: 225). Es inevitable entonces no sólo que sea un “objeto historiográfico” de primer orden, sino que también se la interprete como un lugar en el cual encontrar muchas de las claves y bloqueos del período constitucional que le siguió y que todavía está en curso, o que haya tenido hondo calado en las subjetividades, las memorias sociales y su trasmisión intergeneracional. Quizás de ahí que, pese al tiempo transcurrido, nos refiramos a ella como parte de nuestra experiencia “reciente”.
En Argentina, como en la mayor parte del mundo occidental, la segunda mitad del siglo XX ha estado signada por la preocupación por tornar inteligible la historia reciente y sus marcas. Adicionalmente hoy, al cumplirse 50 años del golpe de Estado, el llamado a reflexionar sobre los modos de transmisión del pasado dictatorial en nuestra sociedad se filtró imperativamente en las agendas de trabajo de quienes actuamos en el campo de la historia del tiempo presente. Pero no como un mero ejercicio historiográfico, sino como la posibilidad concreta y necesaria de incidir en el debate público. En ese sentido, este dossier asume el compromiso de intervenir en un escenario complejo que trasciende las fronteras de la disciplina histórica y de la academia. Nuestra posición dentro de él, se establece en sintonía con la necesidad de responder interrogantes fundacionales del propio campo: ¿Cómo fueron posibles tan altos niveles de movilización y organización de amplios sectores de la sociedad? ¿Y cómo fue posible la extrema virulencia de la represión desplegada desde el Estado y la sociedad política para cortar ese ciclo de movilización?
Esta última cuestión expresa tanto una posición en el presente, como la disposición a dar cuenta de los procesos del pasado sin eludir la carga de politicidad que conlleva asumir el compromiso con “la lucha por la memoria, la verdad y la justicia”. La siempre compleja relación entre historia y memoria, en tanto constelación de diversos modos de representar y aprehender el pasado en las sociedades, adquiere en este tiempo y en este país un peso específico, condicionado en la actualidad por discursos y narrativas reduccionistas y negacionistas. En esta clave, las representaciones sociales en torno a la última dictadura se vinculan y articulan con discursos que nos invitan a repensar los usos públicos y políticos de la memoria y, por qué no, de la propia historia.
Asimismo, todos estos elementos se organizan en un presente profundamente atravesado por fenómenos relativamente nuevos, como la manipulación deliberada de los flujos informativos a través de las aplicaciones y las redes sociales, que permite hacer de la propagación sistemática de las fake news una política de Estado. El problema en torno a la posibilidad de discernir lo que es cierto y real de aquello que no lo es, rebasa los dispositivos tecnológicos y se instala como un tema en las agendas de las ciencias sociales. Cobra por tanto renovado impulso el problema de la verdad y, en sentido más estricto, adquiere centralidad la construcción de esa verdad en la narración historiográfica. Las discusiones contemporáneas en torno a las fronteras entre lo verdadero y lo ficticio, lo verosímil y lo falso —entendidas como vías de aproximación al conocimiento del pasado— convocan a las y los historiadores a intervenir activamente en el espacio público (Ginzburg, 2010).
¿Cómo no pensar entonces en el problema de la representación? Roger Chartier ha destacado que en las antiguas definiciones de esa noción, como por ejemplo en el Dictionnaire universel de Furetière en 1727, ya aparecía asociada a dos “familias de sentidos” sólo aparentemente contradictorias: “por un lado, la representación muestra una ausencia, lo que supone una neta distinción entre lo que representa y lo que es representado; por el otro, la representación es la exhibición de una presencia, la presentación pública de una cosa o persona” (Chartier, 1995: 57). Siguiendo a Louis Marin, Chartier señaló el carácter a la vez transitivo (o transparente) y reflexivo (u opaco) de la representación, que late en esas dos dimensiones. Advirtió también el papel de las representaciones en la conformación de las identidades y en las luchas sociales y políticas, al tiempo que esclareció su vinculación con el conocimiento histórico, como aquello que constituye las huellas del pasado (Chartier, 2006; Chartier en Schuster, 2025: 271-274). La doble función del concepto de representación, que el historiador francés elevó a la condición de clave interpretativa de las sociedades del Antiguo Régimen, es seguramente adecuada para reponer el pasado presente y el presente pasado de la dictadura. Nos permite hablar, por un lado, de la representación de una ausencia, de una imagen presente de ese pasado que ya fue, y por el otro de la exhibición de una presencia, del hecho de traer a la luz eso que está oculto en los pliegues de nuestro presente.
* * *
Atravesadas por el problema de las múltiples formas de reponer el pasado y sus fronteras o pervivencias, emprendimos en este dossier la tarea de abordar representaciones en torno a la última dictadura. Testimonios orales y escritos, discursos periodísticos o militantes, películas y fotografías, archivos enteros que nos convocan a pensar qué decantó de la experiencia autoritaria, cuáles fueron sus alcances y sus límites. El resultado deviene de esas inquietudes, pero también de las confluencias que logramos en múltiples encuentros. Algunos de carácter académico como fueron las mesas de las Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia de Universidades Nacionales que quienes firmamos esta presentación coordinamos con Andrea Raina en las ediciones de 2024 y en 2026, así como el I Congreso sobre la dictadura. A 50 años del golpe desarrollado hace pocos meses en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Otros, no menores, marcados por los afectos y los vínculos –a veces con demasiados kilómetros de por medio–. Pero este es ante todo un encuentro provocado, una apuesta consciente por hacer confluir en una contribución colectiva algunas conversaciones, debates y líneas de investigación que nos interpelan, desde un campo de intervención en el que convergen interrogantes sobre las formas de narrar y los modos de representar el pasado.
En particular nos interesa explorar ese universo donde las formas de reponer lo pretérito, sean ficcionales o realistas, emergen como modos específicos de representar y transmitir la experiencia de vida. En esa línea, es necesario reponer algunos debates en torno a las formas de narrar la historia y la memoria de la dictadura desde prácticas discursivas como la literatura, el cine, las fotografías o la cultura en un sentido más general. Los artículos aquí reunidos son, en efecto, un conjunto de textos que abordan desde distintos ángulos y a través de una variedad de artefactos culturales diversos aspectos de la vida cotidiana, las actitudes sociales, la memoria y la historia de la dictadura. Un conjunto de interpretaciones, de variada y diversa matriz epistémica que sin embargo comparte un interrogante organizado en torno al problema de las representaciones sociales de la experiencia autoritaria, de los dispositivos de dominación y del exterminio de las y los opositores políticos.
El trabajo de Andrea Raina explora el Fondo Personal de Adelina Dematti de Alaye, enfocándose en un cuaderno de cartas y un archivo fotográfico. A partir de allí, la autora despliega la noción de resistencia afectiva y política frente a la dictadura y busca una identidad narrativa a través de las cartas personales escritas a su hijo detenido-desaparecido. La dimensión biográfica, íntima y afectiva articula la memoria personal con la lucha colectiva de las Madres de Plaza de Mayo.
Recuperando también la dimensión biográfica como modo de evocar y representar el pasado, Victoria Álvarez, parte de La llamada de Leila Guerriero –un libro de no ficción dedicado a reconstruir la trayectoria de Silvia Labayru, ex militante montonera secuestrada durante la última dictadura, con 20 años y cursando un embarazo de seis meses– para abordar los problemas de la historia de la violencia sexual en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Allí Labayru dio a luz, padeció la tortura y violaciones reiteradas, como muchas otras mujeres que se encontraron luego con dificultades para dar cuenta de esas experiencias. El artículo aborda de manera cuidada esas violencias sexuales, así como las (in)capacidades de escucha social.
El tercer texto examina la producción cinematográfica de Raúl Beceyro en la ciudad de Santa Fe, enfocándose en dos filmes realizados durante el período de la “posdictadura”. Luciano Alonso propone una mirada íntima que recupera las tramas y vínculos locales en los que se sostienen ambas producciones, así como despliega también un trabajo analítico sobre la narrativa de Beceyro, donde la melancolía frente al individualismo y a la disolución de los emprendimientos colectivos nos interpela en el presente.
El aporte de Carolina Liberczuk aborda desde la perspectiva de la historia cultural las páginas de El Porteño entre los años 1983 y 1985. El artículo explora los discursos y las tensiones al interior de la revista en torno a las disputas de sentido sobre la radicalización política de los años setenta. De este modo la autora recupera distintas miradas, imaginarios y representaciones que se pusieron en juego en el contexto de los tempranos años ‘80 a la hora de aprehender el pasado más cercano y la experiencia de la guerrilla y la lucha armada. Seguidamente Luciana Seminara propone una relectura de dos novelas de Martín Kohan: Dos veces junio (2002) y Ciencias morales (2007). La perspectiva de análisis vincula la trama narrativa con la memoria social a través de dos preguntas clave: ¿cómo se representa el pasado dictatorial en la obra de Kohan? y ¿qué elementos dialogan con la construcción de esa memoria?
Finalmente, los aportes de Susanna Nanni y Verónica Perera, entrelazan pasado y presente a partir de un análisis de experiencias actuales. En el primer caso se trata de un abordaje que propone una lectura transnacional de la desaparición a partir del cruce entre las prácticas represivas de la dictadura argentina y el presente mediterráneo. Nanni examina los desplazamientos del paradigma de la desaparición hacia las actuales formas de violencia fronteriza, invisibilización mediática y deshumanización de los migrantes. En el artículo que cierra el dossier, Perera aborda las imágenes y fotografías utilizadas por el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTyV), reponiendo las modalidades de apropiación que realiza esa organización de la matriz de representación visual de las y los desaparecidos. De este modo, el trabajo explora esas representaciones como una tecnología afectiva que construye “las víctimas civiles del terrorismo en los años setenta en Argentina”.
Objetos y enfoques que son entonces variados, que muestran el carácter móvil y los modos de construcción de esas diversas representaciones. Artículos científicos, como solemos definirlos desde la disciplina académica, que quisiéramos pensar en diálogo con otras muchas formas de abordar aquel pasado y sus pervivencias.
* * *
Cuando culminaba el proceso de evaluación y edición de este dossier, fallecía en Bolonia el historiador italiano Carlo Ginzburg. Demás está decir que su influencia nos marcó durante décadas y que nos resulta muy difícil pensar cuestiones relativas a la historia social de la cultura o a la historia cultural de lo social sin remitirnos a uno u otro de sus textos. Quizás nos ocurre con él, a muchas y muchos de los que nos dedicamos de una u otra manera a la producción y la trasmisión del conocimiento histórico, aquello que Michel Foucault aducía de Karl Marx cuando decía que lo citaba sin ponerlo entre comillas (Foucault, 1994: 100). Hemos incorporado muchas de sus enseñanzas a nuestro sentido común, a medida que nuestras carreras académicas y nuestras lecturas más placenteras se han visto atravesadas por sus aportes. Atesoramos de él una un libro autografiado, otro el recuerdo de una noche gélida. Por todo eso, aunque parezca que no tiene relación con las temáticas de este emprendimiento, este dossier le está especialmente dedicado.
A él y a los 30.000 desaparecidos y desaparecidas.
Bibliografía
Águila, G. (2023). Historia de la última dictadura militar. Argentina, 1976-1983. Buenos Aires: Siglo XXI.
Chartier, R. (1995). “El mundo como representación”. En El mundo como representación. Historia cultural: entre práctica y representación. Barcelona: Gedisa.
Chartier, R. (2006). Escribir las prácticas. Foucault, De Certeau, Marin. Buenos Aires: Manantial.
Foucault, M. (1994). “Entrevista sobre la prisión: el libro y su método”. En Microfísica del poder. Buenos Aires: Planeta-Agostini.
Franco, M. (2026). “La última dictadura argentina, en la encrucijada del pasado y el futuro”. En Anuario de la Escuela de Historia, 44, pp. 1-26.
Ginzburg, C. (2010). El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Koselleck, R. (2001). Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia. Barcelona: Paidós.
Schuster, M. (2025). “El viaje del libro a través de la historia. Entrevista con Roger Chartier”. En El pasado no está muerto. Buenos Aires: Siglo XXI.
(*)Luciano Alonso (IHUCSO – UNL / CONICET, FHUC). Correo electrónico: lpjalonso8@gmail.com / lalonso@fhuc.unl.edu.ar. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5728-9747
Luciana Seminara (CLIHOS- UNR). Correo electrónico: eleseminara@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0009-0004-9669-8980