Dictadura y representaciones literarias. Modulaciones del horror en la narrativa de Martín Kohan

 

 

Luciana Seminara (*)

 

 

Resumen

 

En este artículo se abordan la narrativa literaria como modo de representar el pasado dictatorial y los comportamientos sociales en dictadura. En particular el enfoque se sitúa en el análisis de dos novelas de Martín Kohan: Dos veces junio (2002) y Ciencias morales (2007). Se trata efectivamente de una lectura histórica, cuyo objeto se construye a partir del análisis de la trama narrativa y sus posibles vínculos con la memoria social. Algunas de las preguntas que ordenan el análisis son las siguientes ¿Qué y cómo es representado el pasado dictatorial en las novelas de Kohan? Y ¿Qué aspectos de esa narrativa dialogan con los procesos de construcción de memoria?

 

Palabras clave: Literatura; Representaciones; Dictadura; Memorias sociales

 

 

Argentine Dictatorship and Literary Representations. Modulations of Horror in the narrative of Martín Kohan

 

Abstract

This article examines literary narrative as mean of representing and social behaviors under  argentine dictatorship. Specifically, the focus is on the analysis of two novels by Martín Kohan: Dos veces junio (2002) and Ciencias morales (2007). This is indeed a historical reading, the object of which is constructed from the analysis of the narrative plot and its possible links to social memory. Some of the questions guiding the analysis are: What and how is the dictatorial past represented in Kohan's novels? And what aspects of this narrative engage with the processes of memory construction?

 

Keywords: Literature; Representations; Argentine dictatorship; Social memories

 

 

 


 

Dictadura y representaciones literarias. Modulaciones del horror en la narrativa de Martín Kohan

 

 

 

“Los historiadores (y, de un modo distinto, los poetas)

hacen por oficio algo propio de la vida de todos: desenredar

el entramado de lo verdadero, lo falso y lo ficticio que es la

urdimbre de nuestro estar en el mundo.”

Carlo Ginzburg (2010:18)

 

 

 

 

Introducción

 

Este texto es resultado de una reelaboración y ampliación de un primer avance presentado en la mesa: Dictadura: representaciones y narrativas más allá de la historiografía, en el “I Congreso sobre Historia de la dictadura militar. A 50 años del golpe de Estado de 1976”, celebrado en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR en la ciudad de Rosario. La invitación a participar con una comunicación me puso frente a la necesidad de pensar cómo podía aportar a un campo de producciones y debates en el que no me siento necesariamente integrada. En esos días de cavilaciones hablé con distintos interlocutores a quienes les comenté de la dificultad que enfrentaba al intentar escribir sobre la última dictadura. En una de esas conversaciones me señalaron un aspecto que resultaba bastante obvio: siempre “le había escapado a ese tema”. Hay veces que lo obvio, lo evidente, no se nos representa de tal modo hasta que no lo escuchamos en la voz de otras u otros.

Siempre atravesado por el problema de la memoria, no obstante, mi interés por el pasado reciente ha esquivado en concreto los años que van de 1976 a 1982. Incluso, podría decirse que mi producción refiere meramente al período anterior e inmediatamente posterior a la última dictadura. Como dato puedo añadir que nací en el año 1977 y en 1979 salí junto a mis padres rumbo al exilio: primero Brasil, luego Dinamarca, donde viví hasta los 8 años. En ese caso, podemos decir el escape fue literal.

Sin embargo, desde hace un buen tiempo he comenzado a bordear el período, de manera tangencial, sutilmente. Para ello elijo textos que remiten a ese acontecimiento desde la narrativa que no es estrictamente historiográfica. En concreto hay que señalar que, salvo algunas excepciones, desde hace un buen tiempo mi modo de leer la historia de la dictadura está moldeado por la ficción. No voy aquí a consignar un listado de esas novelas, señalo no obstante que en su multiplicidad constituyen un lienzo sobre el que se sobreimprimen las reflexiones que emergen del presente texto. Una suerte de marco para aprehender en contexto las dos novelas de Martín Kohan[1] que abordaré analíticamente.

No es intención de este trabajo dar cuenta de la multiplicidad de reflexiones emergentes en el cruce entre literatura e historia[2], y como consecuencia de ello el problema de la verdad en la elaboración de pasado. Por el contrario, nos proponemos acercarnos a la historia y los procesos de construcción de memoria a través de los modos de representación de la literatura (Seminara, 2021). En otro escrito[3] he abordado algunas de estas derivas a partir de dos textos, dos novelas, producidos en los años noventa. Allí se analizó la trama narrativa en diálogo con los procesos de memoria y una temporalidad propia de los años menemistas, para señalar un conjunto de problemas en torno a las representaciones literarias y los modos de narrar la dictadura.

En este texto, el objeto se construye a partir del análisis de dos novelas de Martín Kohan: Dos veces junio (2002) y Ciencias morales (2007). Algunas de las preguntas que ordenan el análisis son las siguientes ¿Qué y cómo es representado el pasado dictatorial en las novelas de Kohan? Y una segunda pregunta acaso más trascendente y difícil de responder: ¿Qué aspectos de esa narrativa dialogan con los procesos de construcción de memoria?

Las dos novelas, con un intervalo de cinco años, fueron publicadas en nuestro país en un contexto que podríamos acordar en llamar “auge de las políticas de memoria”, un escenario político que Emilio Crenzel señaló como de “estatalización de la memoria” (Crenzel, 2018).

 

El contexto de publicación y la memoria de la dictadura (2003-2012)

 

Efectivamente en la primera década post crisis 2001, asistimos a un proceso que podemos denominar de activación de la memoria, que se plasmó en distintos planos de la agenda política y discursiva desplegada por el Estado y el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007). La gestión Kirchner asumía en primera persona buena parte de las reivindicaciones del movimiento de derechos humanos, así en el año 2003 se derogaron las Leyes de la Impunidad, permitiendo la reapertura de los juicios contra los represores (Crenzel, 2018).  Siguiendo a Crenzel digamos entonces que, “la reanudación de los juicios reafirmó la centralidad de los tribunales en la elaboración de la verdad y el ejercicio de la memoria, escenario donde prima el relato realista de las vejaciones” (Crenzel, 2018, p. 119). Particularmente esta última conceptualización, nos sirve para delinear algunos de los ejes en torno a los cuales poder asir esos procesos de elaboración de la memoria social. Dicho de otro modo, si en los tribunales prima el relato realista de las vejaciones, es posible pensar, en otros relatos, por caso el de la literatura y la ficción, donde se explora la posibilidad de elaborar la historia de la dictadura en otra modulación.

Asimismo, en el prólogo del Nunca Más de 1983, se presenta “la identidad de los desaparecidos (como) una "masa abierta" que crece en espiral. Pese a esa amplitud, un atributo restrictivo amalgama sus identidades: la ajenidad con la lucha armada, al excluirse de este universo a los combatientes de la guerrilla” (Crenzel, 2007, p. 11).

El prólogo del Nunca más propone un “nosotros”, una "comunidad imaginada" externa a la violencia. Nunca más presenta a los desaparecidos por sus nombres, sexos, edades y ocupaciones, en sintonía con la narrativa forjada durante la dictadura por los familiares de desaparecidos, recalcando su ajenidad respecto de la guerrilla y de la militancia política (Crenzel, 2018)

Desde esta posición, creemos que la narrativa que instala el gobierno de Néstor Kirchner en relación a la mirada sobre el pasado dictatorial y la memoria, se proyectó asimismo desde esa misma ajenidad.

Es sabido que los diversos relatos y modulaciones sobre el pasado dictatorial, las prácticas conmemorativas, la agenda del amplio movimiento de los derechos humanos, y la producción académica representan en sí un campo de disputa por el sentido de la memoria. Sin negar entonces los conflictos y las disonancias, creemos no obstante que “el Estado pareció asumir en buena medida como propia la memoria sostenida durante un cuarto de siglo por sectores del movimiento por los derechos humanos. Se alcanza así un momento en que la centralidad de la cuestión de la rememoración del terrorismo de Estado aparece plena de potencialidades, aunque también sujeta a los riesgos de manipulación propios de toda situación hegemónica.” (Lvovich y Bisquet, 2008, p. 14)

Para decirlo de otra manera, sostenemos que, en esos años, el sentido de la memoria y el pasado reciente quedaron constreñidos a los años de la dictadura. Ese movimiento es posible en la medida en que se eluden ciertos interrogantes: quedan por fuera la politicidad de la militancia, es decir se omite la carga simbólica de su posición situada en clave de “hacer la revolución”, al mismo tiempo que se solapan los interrogantes en torno a las actitudes sociales y el consenso en dictadura[4]. Se trata de representaciones que emergen y se materializan en políticas concretas que, con vocación hegemónica presenta ciertas variaciones en los modos de reponer aquello que se evoca pero que mantiene ese grado de ajenidad. 

Esa dirección del sentido memorialístico renueva, aunque no en los mismos términos, una de las principales derivas de la mirada anclada en la teoría de los dos demonios: la posibilidad de pensar una sociedad que permanece ajena a la violencia política y distante de la dinámica represiva de la dictadura. En otras palabras: el colaboracionismo, el consenso, las actitudes de empatía con el régimen y el terrorismo de estado, son eludidas del relato conmemorativo que dispensa a la sociedad argentina de interrogarse necesariamente por las actitudes, las afinidades y los grados de colaboración con la dictadura. En síntesis, esta narrativa de “impronta fundacional”, reincide no obstante en la representación de la sociedad como un actor que asiste pasivamente a la trama represiva.

En este punto es preciso situar la ficción y en particular la ficción literaria[5], porque puede pensarse como punto de fuga o como una filigrana discontinua, que bordea la narrativa hegemónica y sondea aspectos eludidos de aquellas representaciones de la memoria de la dictadura. Disonantes e incluso marginales de esa narrativa de “impronta fundacional”, las novelas Dos veces junio y Ciencias morales, construyen una capilaridad específica que logra reponer, no porque ese sea su propósito precisamente, la complejidad de la dinámica social en dictadura.

 

La trama como acontecimiento

 

En función de acercarnos entonces a la trama literaria de Kohan supongamos que las novelas constituyen dos acontecimientos o mojones desde los cuales abordar el arco temporal de la dictadura: Dos veces junio (2002) en el contexto del Mundial 1978 y Ciencias morales (2007) situada en el contexto de la Guerra de Malvinas. Ambas narrativas dan cuenta desde una voz marginal de la dinámica y la capilaridad social de la trama represiva. Este aspecto cobra mayor dimensión teniendo en cuenta que Kohan va enhebrando los detalles más insignificantes de la vida de sus protagonistas en un relato que conscientemente elude una referencia explícita a la dictadura, este gesto, o prerrogativa nos sumerge en una dimensión condicionada por la tensión que emerge a partir de aquello que se evita mencionar pero que encuadra la trama.

Asumir entonces la trama como acontecimiento precisa en primer lugar encuadrar el relato. Para situar las voces que narran aquello que leemos. En Dos veces junio (2004), el tiempo del relato aparece en un principio, dislocado. Hay un tiempo presente del protagonista, la voz más fuerte y que estructura la totalidad del relato y otra que se va acompasando desde el pasado y más tarde, sobre el final en un tiempo futuro. Ese entrecruzamiento de temporalidades comparte sin embargo el mismo cuerpo, es el mismo personaje que habla.

La novela empieza con un párrafo breve:

I

El cuaderno de notas estaba abierto, en medio de la mesa. Había una sola frase escrita en esas dos páginas que quedaban a la vista. Decía: ¿A partir de qué edad se puede empesar a torturar a un niño? (Kohan, 2002, p. 11)

 

Descubrimos muy pronto que quien encuentra ese cuaderno de notas abierto, el protagonista de Dos veces junio, es un joven que, en suerte, y no por convicción, le tocó hacer el servicio militar. Kohan se desliza al pasado, repone las circunstancias por demás de fortuitas por las que este joven, sin quererlo realmente, estaba cumpliendo con su deber en un cuartel militar. En ese tiempo pasado se nos explica las circunstancias que han llevado al joven, a leer esa nota en el cuaderno sobre el escritorio: la familia está reunida frente a la radio y escucha el sorteo, tuvo mala suerte de que le tocara el cuatrocientos noventa y siete, la madre llora, el padre muestra cierto orgullo y recuerda su propia experiencia haciendo la colimba.

Entre pasado y presente hay, sin embargo, algo que incomoda. Es una pregunta lo que incomoda, el interrogante con el que nos cruzamos en las primeras líneas está pendiendo de un hilo, como flotando en el texto. Cuando pensamos que se ha perdido, vuelve a situarse en el centro de la escena. El joven conscripto sigue frente al cuaderno abierto, perturbado no por el horror de aquello que la pregunta significa sino por el error gramatical. Empesar y no empezar, como debiera ser.  Luego de cavilar un buen rato el joven se decide a enmendar aquella falta con la birome abandonada sobre la mesa:

 

III

(…) pude agregar el trazo faltante a la letra ese, y que no se notara que había habido una corrección posterior. Desde siempre parecía haber sido una zeta, tal la gracia de la colita que yo adosé en la parte de debajo de la letra. Ahora la ese era una zeta, como corresponde (Kohan, 2002, p. 12).

 

“Como corresponde” así de simple. En cambio, la pregunta que modula el horror: “¿desde qué edad se puede empezar a torturar a un niño” parece, no obstante, no interpelar al joven soldado argentino.  No es por su sentido, por el siniestro lugar al que nos traslada, sino por el descuido gramatical, que el protagonista, de quien aún no sabemos el nombre, insiste en hacer lo correcto. Aparece, entonces, ese hiato entre la corrección ortográfica y la vida (¿la moral? ¿la ética?). La pregunta molesta, hace ruido en la trama que la elude.

A partir del error, y no del horror, y de la obscena necesidad de repararlo, el hiato se hace más tangible. ¿Por qué reparar en el error gramatical si todo lo que contiene la oración está mal? El ominoso interrogante no encuentra eco en la neurótica mente del soldado, que acaso sólo repara en el error gramatical y desespera por subsanarlo.

En un video disponible[6] en YouTube Martín Kohan da cuenta de dos dimensiones que están presentes en Dos veces junio; por un lado la memoria del mundial de 1978, una memoria triunfal que  borraba del registro colectivo la derrota de un partido una noche de junio que quiere reponer. Y otra, la dimensión del horror que se hace presente a través de la frase con la que se da inicio a la novela, esa frase según el propio autor fue recogida en el marco los juicios por la verdad y testimoniada por una/un sobreviviente del cautiverio en un Centro Clandestino de Detención.

Kohan señala que esa dimensión del horror va más allá del horror que vincula la tortura de un bebé recién nacido[7], sino que remite a una modulación del horror ahí donde el horror aparece formulado con la distancia fría del cálculo racional. Esa modulación del horror es lo que le interesa a Kohan. La consideración del cálculo racional frio, cerebral despojado de emociones. ¿Es eso posible?

La deriva narrativa que se desprende de esas primeras secuencias nos sumerge en un clima mundialista. El soldado sabemos ahora es chofer del Dr. Mesiano, médico que presta sus servicios en centros clandestinos de detención y cuarteles militares. Éste último ha salido del cuartel y se encuentra junto a ochenta mil almas en un estadio de futbol. La selección argentina se enfrenta en un duelo del que no saldrá victoriosa.

 

Ochenta mil

I

Ubicar al doctor Mesiano y hacer que respondiera a la inquietud del doctor Padilla se convirtió para mí en una cuestión de orgullo personal. Sentí que no debía permitir que una información se perdiera por culpa nuestra (cualquier falta del doctor Mesiano, si es que la había, yo la vivía como propia) (Kohan, 2002, p. 55).

 

La búsqueda del doctor Mesiano lleva al soldado a esperar en las inmediaciones del estadio. Aquella modulación de horror que estructura la trama, esa visión positivista de la ciencia al servicio de un interrogante que se pretende vacío de emociones, envuelve el accionar cuasi mecánico del soldado.

La operación racional, el cálculo cerebral encadena una acción detrás de otra: el interrogante flota en el aire como premisa del deber, y luego (esto es lo que el soldado entiende) justifica todo el encadenamiento de sucesos, todo transcurre para que esa pregunta inicial “¿A partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño?” sea respondida por una autoridad competente. La ciencia en marcha:

XIII

¿Qué es la medicina finalmente? Yo estudio medicina. La medicina es una ciencia del cuerpo humano. Es un saber sistematizado acerca del cuerpo humano, que a veces se aplica sobre su medianía, sobre el nivel promedio de lo que se considera la normalidad, y otras veces se aplica sobre sus límites, sobre los niveles a los que un cuerpo puede ser llevado (Kohan, 2002, p. 82).

 

Existe un hilo secreto que entrelaza el modo de estar de los personajes de Dos veces junio: el soldado que está haciendo el servicio militar, y de Ciencias morales: María Teresa una joven preceptora del Colegio Nacional de Buenos Aires.  Una suerte de punto de fusión entorno a ese “hacer lo correcto”. Tanto uno como la otra se reafirman en la necesidad de seguir las reglas, los códigos, su vida es una suerte de examen sujeto a rígidas normas y vigilancia.

Ella está obsesionada con el orden y la vigilancia de los y las estudiantes de tercero décima del Colegio Nacional, que antes fue el Colegio de Ciencias morales, e incluso antes el Real Colegio de San Carlos. Un emblema de la Nación Argentina. Tras sus densos muros existe un mundo propio que se distancia del afuera.

Afuera María Teresa es Marita y vive sola con su madre. Tiene un hermano que está prestando servicio en el Ejército y ha sido movilizado al sur en el marco de una guerra. Como con otros aspectos contextuales, Martín Kohan no es explícito en esta cuestión, podemos inferir que es 1982 y que la Argentina está en guerra por las Islas Malvinas. A partir de esas referencias las coordenadas temporo-espaciales son precisas y dan a la trama el encuadre histórico y social.

En ese estricto y rutinario quehacer, María Teresa comienza a perseguir tras los muros cualquier conducta que considere un desvío a las reglas. Su obstinada y obsesiva vigilancia, la lleva a esconderse en los baños de varones, allí se imagina que puede sorprender infraganti a algún alumno fumando un cigarrillo.  En particular a un alumno de la comisión tercero décima que está a su cargo:

Pasa rápido y con la vista olvidada de todo lo que no sea el suelo y los zapatos. Su paso sin embargo despide, sobre ella en este caso, un aroma de no pocas reminiscencias. María Teresa se ve de repente transportada a las noches de sobremesa en su casa de infancia; demora algún instante en advertir que es a su padre a quien ella evoca: a su padre después de la cena, cuando ella era chica, cuando vivían en la casa que tenía un patio (…) Bragatti pasó junto a ella con un aroma idéntico al de aquellas noches perdidas, y que ese aroma es el que tienen los cigarrillos de tabaco negro. Su padre fumaba esa clase de cigarrillos (Kohan, 2007, p. 45).

 

 El olor de esos cigarrillos, y la perturbación que eso le genera, lleva a María Teresa, en su imbricada telaraña de razonamientos, a justificarse y fabricar argumentos “racionales y esperables” que avalan, por fin, su decisión de esconderse en un cubículo del baño de varones del Colegio Nacional. Monta guardia, pero también espía. Agazapada, espía la dinámica de los baños de los varones.

En las horas que nuestra preceptora pasa encerrada en el baño, sin ser realmente consciente de ello también espía el mundo de los varones, o por lo menos parte de él, y que hasta el momento desconoce, pero también el mundo del deseo, algo que en su gris y desapasionada vida le está vedado.  Kohan es muy elocuente en la descripción desangelada de María Teresa, ella no tiene ningún interés por lo que sucede en el afuera, una exterioridad que es sin embargo omnipresente: la dictadura, la guerra, las desapariciones, el horror. Ella no tiene opiniones políticas, no tiene amistades, ni deseos. Sus días afuera empiezan a estar cada vez más anclados a lo que sucede dentro del Colegio. Ahí crece su obsesión por la disciplina.

María Teresa, sospecha que hay alumnos que fuman en el baño en el horario de clase, y esa sospecha pronto se transforma en información que busca compartir con el Jefe de preceptores. La información que la preceptora provee es además una excusa para recibir la aprobación de la máxima autoridad del Colegio en cuanto a vigilancia refiere. Biasutto es un personaje siniestro, sabemos pronto que es él quién confeccionó las listas de estudiantes que luego, y esto es algo que Kohan no dice, pero sugiere sin lugar a dudas, están detenidos o desaparecidos, en cualquier caso, ya no están en el Colegio y el responsable de esas ausencias es el Jefe de preceptores.

Aquí la trama asume, al igual que en Dos veces junio, una modulación del horror, no concretamente por el hecho incluso comprobable de que esos adolescentes están desaparecidos (muchos de ellos lo están) sino porque el horror aparece en el gesto cómplice y celebratorio de la preceptora. Aquí al igual que en Dos veces junio la   modulación del horror se habilita desde la distancia fría de la razón. En este caso, en el giro que cobra la conversación entre María Teresa y Biasutto:

El señor Biasutto le cuenta lo que fueron los años más difíciles para el colegio y para el país (…) María Teresa siente que éste el momento para preguntarle por las listas. El momento de pedirle que le cuente sobre la confección de listas, pero no se anime y calla. El señor Biasutto ha concebido una comparación: la subversión, le explica a ella que es novata, es como un cáncer, un cáncer que primero toma un órgano supongamos la juventud y la infecta de violencia y, de ideas extrañas; pero luego ese cáncer hace demás sus (…) El señor Biasutto desliza un dedo lento, por su bigote oscuro en actitud de recuerdo, ya pasó la etapa dice en que teníamos que perseguir actividades ilegales y secuestrar materiales de alta peligrosidad (algún día le dice confidente bajando el tono y hablando al oído de María Teresa le haré, ver esos materiales que conservo en un archivo de la penetración ideológica). El colegio y el país han podido salir airosos de ese período, ¿pero de qué serviría haber atacado el cáncer si vamos a despreocuparnos de sus ramificaciones, que se llaman metástasis, y a esas ramificaciones que parecen menos graves, hay que combatirlas de todas maneras, porque en ellas el germen del cáncer late todavía, y un cáncer no se acaba hasta  tanto no se o extirpa por completo (…) Otra comparación nace al instante de la inspiración del señor Biasutto, la subversión es un cuerpo, pero también es un espíritu porque el espíritu sobrevive y alguna vez puede reencarnar en un nuevo cuerpo: fumar en los baños del colegio ¿qué es? (…) el señor Biasutto hace una pausa, pero María Teresa ha entendido que esa pregunta es retórica. En otra época, y aún en otro colegio, responde él mismo: es una travesura. La típica travesura de la adolescencia descarriada. En este tiempo y en este colegio es otra cosa: es el espíritu de la subversión que nos amenaza, el señor Biasutto, se alisa el pelo con las dos manos, satisfecho, porque siente que se ha expresado muy bien. Sabe que María Teresa empieza a admirarlo, antes incluso de que lo sepa ella misma (Kohan, 2007, pp. 48-49).

 

Este extenso párrafo tiene, por un lado, una clara alusión a la metáfora organicista de matriz positivista, se inviste de racionalidad el horror de los secuestros y el colaboracionismo en las instituciones educativas. La subversión es un cáncer y como tal debe ser exterminado. Biasutto asume la voz de un médico y para darse a entender, busca comparaciones simples y concretas, explica el tratamiento que debe aplicarse frente a una enfermedad que de no haberse tratado se hubiera propagado generando un mal mayor.

Por otro lado, asistimos a un momento de reafirmación de roles y jerarquías. Pero también a la emergencia de una buscada complicidad: “El señor Biasutto le cuenta lo que fueron los años más difíciles para el colegio y para el país. Una etapa que felizmente parece haber sido superada, aunque confiarse sería el error más terrible. María Teresa siente que éste el momento para preguntarle por las listas” La subordinada es quien genera el espacio de escucha, brinda incluso cierta garantía y en ese gesto convalida aquello que se sabe entorno a la confección y autoría las listas de los alumnos del Colegio.[8]

Biasutto da a entender que fue él, el autor de las listas, pero la preceptora no repara en la gravedad de las listas ni en las consecuencias de ello, María Teresa está seducida por la importancia que adquiere ahora su tarea de vigilancia, en este tiempo y en este Colegio. La subversión ya ha sido extirpada del Colegio, de eso se han encargado otros, entre ellos el señor Biasutto. Fumar podría ser una travesura, porque contraviene las normas y la disciplina, pero y esto es lo que ella advierte ahora, “en este tiempo y en este colegio es otra cosa: es el espíritu de la subversión que nos amenaza”.

Ella, una simple preceptora que no opina de nada, trasmuta en ese momento a un rol activo, una ciudadana que vigila, no porque comprenda o asuma una ideología en concreto, sino porque es lo que hay que hacer y fundamentalmente porque en esa concatenación de roles y responsabilidades su vigilia en el baño resuena y tiene sentido también fuera del colegio. Sin embargo, cada vez María Teresa ingresa al cubículo dentro del baño de varones, está al mismo tiempo asumiendo una posición que subvierte las estrictas normas que están siempre vigiladas por el señor Biasutto. En el cubículo, María Teresa explora su propio deseo y en ese acto transgrede lo prohibido. Así Kohan lleva la trama a una situación de tensión provocada por el vértigo de la desobediencia de María Teresa, y la sensación de vulnerabilidad que surge cada vez que ella asoma su cabeza por el cubículo del baño de varones.

En esta dirección, Roberto Pittaluga (Pittaluga, 2026) ha analizado la construcción de los modos de representación que la última dictadura desplegó en relación al uso de la violencia sobre los cuerpos en el espacio público. Para ello realiza un minucioso análisis sobre un conjunto de fotografías editadas por la prensa periódica. En particular interesa detenernos en una imagen en particular donde puede verse un tren de pasajeros detenido por las fuerzas de seguridad en un descampado, hay personas que fueron obligadas a descender del tren y otras que permanecen a bordo y espían por las ventanillas: “Detener, parar el tren en un espacio “sin salida”; detener, llevar al encierro (o amenazar con ello) a parte de quienes viajan a casa, al trabajo. Una parte de esos pasajeros se asoman por las ventanillas mientras los soldados escudriñan en busca de “sospechosos”; (…) Los pasajeros asomados parecen representar a quienes están por posar su cuello en la guillotina, y esperan que el verdugo los indulte en el último minuto, para lo cual se ofrecen en esa sucesión ordenada de individuos aislados, cada cual en su compartimento. Los que van a ser detenidos o están siendo minuciosamente revisados son una masa confusa en la que cuesta discernir a cada cuerpo.”  Pittaluga señala aquí que la función del operativo es mostrar, hacer visible la “imprevisibilidad de la violencia estatal” y destaca la “exhibición de sus posibilidades de ejercicio en todo tiempo y lugar, de aparición en el momento y el lugar menos habitual, menos presumible”. (Pittaluga, 2026, p. 6)

Como los pasajeros del tren[9], María Teresa es sorprendida y abordada por la fuerza en el momento en el que menos lo esperaba, cuando incluso pensaba que estaba cumpliendo con su responsabilidad y deber de vigilar. Mientras la preceptora se encuentra en su posición de guardia dentro del cubículo, con la puerta trabada, el señor Biasutto requisa el baño, igual que los gendarmes lo hacen en los vagones del tren.

Cae un golpe brutal sobre la puerta de madera (…) viene otro golpe, un segundo golpe, y con eso es suficiente para producir la rotura. La puerta se abre (Kohan, 2007, p. 176).

 

Finalmente, es posible establecer entre las dos novelas otro hilo invisible que constela las lecturas más allá de lo ya señalado. En ambas hay escenas explícitas o implícitas de una violación. En Dos veces junio, la voz del soldado es interrumpida por la voz de una mujer en cautiverio, ella acaba de dar a luz en un CCD, y su bebé le fue arrebatado, está en manos de los perpetradores. Cuando se debate entre la vida y la muerte, un médico que presta servicios en un CCD de Quilmes, indica algunos recaudos:

V

“El señor Padilla recomendó, ante todo para evitar un mal momento a los interesados, que nadie hiciera uso de la detenida, hasta tanto no pasaran unos treinta días desde el alumbramiento.

Aclaró que sus palabras había que tomarlas como una recomendación general, pero que luego cada uno era dueño de su vida”.

 

Aquí la modulación del horror aparece, nuevamente formulada desde el cálculo frío en la voz de un médico que dicta una suerte de recomendaciones de tono sanitarista. La agresión sexual, la violación aparece tácitamente en la voz instrumental del médico, algo que ad hoc completa el informe. 

En Ciencias morales, desde que Biasutto sorprende a María Teresa, la trama da un giro violento, el miedo que estaba agazapado en el cubículo del baño de varones, se libera y llena el espacio. Aparece así un tiempo roto en la rutina diaria de la preceptora, un desgarro en la narración. A diferencia de otros pasajes donde el horror aparece mediado por el cálculo frío, la racionalidad o el discurso médico, aquí la agresión sexual es violentamente explícita. El contraste entre la intimidad de la vigilancia de María Teresa y la brutalidad del ataque acentúa la vulnerabilidad de la preceptora ante su superior. Biasutto irrumpe en el cubículo y echa por tierra, en un mismo movimiento, los argumentos que la preceptora había construido para sostener su guardia, su tarea, su deber.

Rita Segato (Segato, 2003) ha señalado que la violación no es un delito instrumental sino expresivo. Este aspecto interesa en particular en la violación narrada en Ciencias morales. No obstante, a los fines de este trabajo, no es necesario reponer los fragmentos que describen la agresión sexual, sino cómo esa agresión resitúa a los personajes en la trama. Siguiendo a Segatto la violación debe ser comprendida “como castigo o venganza contra una mujer genérica que salió de su lugar, esto es, de su posición subordinada y ostensiblemente tutelada en un sistema de estatus” (Segato, 2003, p. 31).

A través de la agresión sexual, el Sr Biasutto reafirma su poder (acaso ya no tan vigoroso), es él luego de que descubriera a María Teresa espiando en los baños de varones, quien le ordena volver allí. La autoriza, incluso le ordena que vuelva al cubículo, y que cumpla con su deber. La agresión sexual funciona aquí también como un acto disciplinador, que despoja a María Teresa del control su enmarañado plan de vigilancia, de su obsesión y de sí misma. A partir de allí, la preceptora dejará de realizar su incursión en los baños.

Ciencias morales fue escrito, como ya se dijo en 2007, en un contexto donde la sociedad argentina aún no había sido interpelada por la emergencia del NiUnaMenos,[10] pero que ya comenzaba a acusar recibo de la heterogénea agenda feminista. Esos años son efectivamente un momento de expansión y consolidación de las reivindicaciones del movimiento feminista, de las mujeres y de las disidencias.  En ese encuadre debe entenderse también la inclusión de los delitos sexuales como delitos de lesa humanidad en los Juicios por la Verdad y “que los tormentos padecidos por las mujeres eran específicos y dirigidos contra ellas por su condición de mujer, en una clara intencionalidad discriminatoria”.

Si bien la primera sentencia que incluye los delitos sexuales como delitos específicos en el marco de los Juicios por la verdad son conocidos a partir del año 2010, los procedimientos previos (testimonios de víctimas y asesoramiento de especialistas), así como la posibilidad de elevar a juicio a los imputados, son anteriores a la sentencia y en este sentido es que puede señalarse los años previos como una caja de resonancia de los debates sociales que marcan agenda.

En esa clave, tal vez sea precipitado afirmar que hay una bifurcación en la construcción de los personajes protagonistas de ambas novelas. No obstante, es preciso señalar que, a diferencia del soldado conscripto, la preceptora no solo es víctima de un brutal abuso, sino que es despojada de sus tareas de estricta vigilancia, no tiene opción. En ese desgarramiento, el personaje se aparta de la voluntaria colaboración con las autoridades que, incluso terminado su tiempo en el cuartel, guiará las actitudes del soldado.

 

Una reflexión final desde los bordes

 

Martín Kohan, como él mismo ha dicho en varias entrevistas, escribe consciente y decididamente eludiendo la centralidad de lo evidente. Enuncia desde la marginalidad, desde los bordes, pero no para abordar finalmente esa centralidad, por el contrario, la trama surca y bucea esos bordes grises.

En el caso de Ciencias morales, al igual que en Dos veces junio, la inmersión en el contexto dictatorial (el ocaso y el auge del terrorismo de estado respectivamente) es posible a partir de unas experiencias vitales marginales, secundarias, casi intrascendentes. A partir de esa marginalidad oblicua fue posible reponer interrogantes en torno a las representaciones en la ficción para (re)pensar esas narrativas como vectores de memoria.

María Teresa y el soldado, que llega a un CCD sin querer, son narrados en su más absurda monotonía. Están despojados de la dimensión política en la que están imbricadas sus vidas, sus rutinas y sus silencios. Las atroces consecuencias de su silencio. Esta cuestión, el gris discurrir del quehacer sin sentido aparente es, sin embargo, indispensable en la intrincada maquinaria burocrática de la represión. Hago aquí una digresión para señalar una de las posibles derivas de esa afirmación.

La idea de maquinaria burocrática es desarrollada por Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal (1963). Y aunque no es la intención aquí asimilar el funcionamiento del Tercer Reich con la Dictadura, ni el rol de Eichmann con el de un soldado conscripto o la preceptora novata, sirve, no obstante, a los fines de exponer la dimensión política que se desprende de la rutinización de las tareas asumidas por los personajes en la novela.

Esa absurda rutina que por momentos es quebrada por la modulación del horror, cobra incluso mayor dimensión en tanto los narradores son cercanos. En este caso, los personajes de Martín Kohan, María Teresa y el soldado conscripto, posibilitan, además, la apertura de una dimensión sensorial e incluso emotiva, propia de la literatura, que nos permite comprender la lógica subjetiva que se acciona y da sentido a las tareas que asumen. Esa licencia es efectiva, lo que narra no es real, pero funciona como una carga de munición gruesa que dialoga con la memoria social y la historia de la dictadura. Por eso, aunque Kohan no habla en concreto, o centralmente de la dictadura y la trama represiva, es en efecto de lo que más nos hace hablar.

 

Referencias

 

Aguila, G., Luciani, L., Seminara, L. y Viano, C. (Comps.) (2018). La Historia Reciente en Argentina. Balances de una historiografía pionera en América Latina. Imago Mundi.

Crenzel, E. (2007) “Dos prólogos para un mismo informe. El Nunca Más y la memoria de las desapariciones”, prohistoria, 11,  pp. 49-60.

Crenzel, E. (2018) “Enfrentando el retroceso. Justicia, verdad y memoria en la Argentina”. En AAVV (Comps.): La Historia Reciente en Argentina. Balances de una historiografía pionera en América Latina. Imago Mundi.

García, M. (2016). Los fundamentos de un fallo histórico. Los crímenes sexuales en el Terrorismo de Estado son delitos de Lesa humanidad en Mar del Plata. IX Jornadas de Sociología de la UNLP 5 al 7 de diciembre de 2016 disponible en: https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.8892/ev.8892.pdf

Ginzburg, C. (2010). El hilo y las huellas: lo verdadero, lo falso, lo ficticio. Fondo de Cultura Económica.

Pittaluga, R. (2026), “La dictadura a través de sus restos visuales", ponencia presentada en el I Congreso sobre Historia de la dictadura militar. A 50 años del golpe de Estado de 1976, Rosario, 18 al 20 de marzo de 2026. Mesa temática: Dictadura: representaciones y narrativas más allá de la historiografía.

Rodríguez, L. (2018). Servicios de inteligencia, violencia política y terrorismo de Estado en las universidades argentinas. En Actas. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Sociología. Disponible EN: https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.11718/ev.11718.pdf

Segato, R. L. (2003) Las estructuras elementales de la violencia - 1a ed. Bernal:  Universidad Nacional de Quilmes.

Segre, C. (1985) Principios de análisis del Texto Literario. Crítica.

Seminara, L. (2014). “Los 70´ en la Argentina: relatos, huellas y legados”. Anuario 26, Segunda  Época. Escuela de Historia, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario.

Seminara, L. (2021). Historia, temporalidad y ficción. Los 70’s a través de la literatura, una aproximación a “Vivir Afuera” de Fogwill y “Los Planetas" de Chejfec. (2021). Contenciosa, 11, e0004.

 

Entrevistas a Martín Kohan:

Entrevista a Martín Kohan: "Ciencias Morales" - Ver para Leer 2008

Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=P85GwzaP3rM&t=3s

Martín Kohan habla de la nueva edición de Dos veces junio

Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=RHOSpeY1iJo

Martín Kohan: "La experiencia literaria es mucho más interesante cuando nos desestabiliza"

Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=VZiGf86WiW8&t=157s

 

 

 

 

Recepción: 12/05/2026

Evaluado: 11/06/2026

Versión Final: 16/07/2026



(*) Doctora en Historia (UNR). Docente e investigadora en la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, miembro del Centro Latinoamericano de Investigaciones en Historia Oral y Social (CLIHOS-UNR). Correo: eleseminara@gmai.com. ORCID: https://orcid.org/0009-0004-9669-8980

[1] Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), docente de Teoría Crítica en la Universidad de Buenos Aires. Es también un prolífico escritor, autor de ensayos, cuentos y novelas.

[2] Señalo solo algunos: Gramuglio, M. T. (2002) “Políticas del decir y formas de la ficción. Novelas de la dictadura militar”. Punto de Vista 74.  Ginzburg, C. (2010) El hilo y las huellas: lo verdadero, lo falso, lo ficticio.  Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Reati, F. (1992). Nombrar lo innombrable: Violencia política y novela argentina: 1975-1985. Legasa. Viñas, D. (1996). Literatura argentina y realidad política - De Lugones a Walsh. Sudamericana. Sarlo, B. (1991) Literatura e historia. Boletín de Historia Social Europea (3), 25-36. En Memoria Académica.

[3] Como antecedentes del presente abordaje puede consultarse: Seminara, L. (2021), Historia, temporalidad y ficción. Los 70’s a través de la literatura, una aproximación a “Vivir Afuera” de Fogwill y “Los Planetas" de Chejfec. Contenciosa, 11, e0004.  https://doi.org/10.14409/rc.2021.11.e0004

 

 

[4] Vale señalar aquí que este movimiento es contrario al sentido que asumió la investigación histórica y el campo de la Historia Reciente. Mencionamos algunos de los trabajos más importantes en el abordaje de las actitudes sociales y el consenso durante la última dictadura militar: "Sociedad y dictadura. Conceptos, claves y fuentes para pensar las actitudes sociales" (Lvovich y Rodríguez, 2006). "Violencia política, represión y actitudes sociales en la historia reciente argentina" (Gabriela Águila, 2013). "Actitudes y comportamientos sociales durante la última dictadura militar" (AAVV, 2013), CLACSO

[5] Seguimos en este punto la perspectiva de Cesare Segre (1985), Principios de análisis del Texto Literario, Barcelona, Crítica. “Es mucho más probable que el elemento sorpresa quede separado del placer de la mentira. El lector sabe ya que un determinado texto le va a proporcionar ciertas dosis de ficción, y justamente porque lo sabe está mejor preparado para gozar de ella, cuando se presente. El estupor ante lo irreal, lo imposible, el absurdo, es una necesidad como otra cualquiera y los textos en que esto aparece cumplen una función determinada. Recurrir a la ficción (inventándola o usando la invención de los demás) es ensanchar por un momento el espacio de lo real, avanzar por zonas normalmente prohibidas.” (Segre, 1985: S/N) Disponible en: https://sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtual/libros/literatura/Lect_teoria_lit_I/Ficcion_literaria.htm

 

[6] https://www.youtube.com/watch?v=RHOSpeY1iJo (6/3/2026)

[7] En la misma intervención Martín Kohan refiere que la frase con la que inaugura el libro efectivamente existió y fue dicha en un CCD y luego testimoniada.

[8] Para el abordaje de las intervenciones militares en las instituciones educativas, en particular en las Universidades, así como la colaboración de la sociedad civil, puede consultarse:  Laura Rodríguez https://www.coneau.gob.ar/archivos/publicaciones/100-anios-Reforma-Universitaria/tomo2/Tomo2-22-Laura-Rodriguez.pdf

 

 

[9] Este planteo es continuación de un diálogo iniciado en el marco del funcionamiento de mesa: Dictadura: representaciones y narrativas más allá de la historiografía, en el “I Congreso sobre Historia de la dictadura militar. A 50 años del golpe de Estado de 1976”, celebrado en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR en la ciudad de Rosario.

[10] El 3 de junio se conmemora el día de "Ni Una Menos". Esta fecha nació en 2015 con una marcha masiva en todo el país como respuesta social frente al femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años. Desde entonces, miles de mujeres se movilizan cada año para exigir justicia frente a las alarmantes cifras de feminicidios en Argentina.