Identidades narrativas y resistencias en el archivo de Adelina Dematti de Alaye
Andrea Raina (*)
Resumen
El artículo analiza dos documentos del Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo de La Plata: el cuaderno Cartas a mi hijo, dirigido a su hijo desaparecido Carlos Esteban Alaye, y una carpeta de folios elaborada por Adelina con fotografías, escritos, objetos, notas y documentos. A partir de estos materiales, se indagan las formas de resistencia desplegadas frente a la última dictadura cívico-militar argentina desde una dimensión biográfica, íntima y afectiva. El trabajo aborda la construcción de una identidad narrativa en Adelina, en diálogo con la figura de Carlos y con la experiencia colectiva de Madres de Plaza de Mayo. Asimismo, propone leer la conservación documental, la escritura, la producción y recopilación fotográfica y el armado del archivo como prácticas de resistencia emocional, política y memorial. En este sentido, el archivo personal no solo permite reconstruir una trayectoria individual atravesada por la desaparición forzada, sino también aproximarse a los modos en que lo privado y lo público se articularon en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia durante y después de la dictadura.
Palabras clave: Identidades narrativas; Resistencias; Archivos personales; Dictadura militar.
Narrative Identities and Resistance in the Archive of Adelina Dematti de Alaye
Abstract
This article analyzes two documents from the personal archive of Adelina Dematti de Alaye, a Mother of Plaza de Mayo from La Plata: the notebook "Letters to My Son," addressed to her disappeared son, Carlos Esteban Alaye, and a folder of folios compiled by Adelina containing photographs, writings, objects, notes, and documents. Using these materials, the article explores the forms of resistance deployed against the last Argentine civic-military dictatorship from a biographical, intimate, and affective perspective. The work addresses the construction of Adelina's narrative identity in dialogue with the figure of Carlos and with the collective experience of the Mothers of Plaza de Mayo. It also proposes interpreting documentary preservation, writing, photographic production and compilation, and the creation of the archive as practices of emotional, political, and memorial resistance. In this sense, the personal archive not only allows us to reconstruct an individual trajectory marked by forced disappearance, but also to understand how the private and public spheres were articulated in the struggle for memory, truth, and justice during and after the dictatorship.
Key Words: Narrative identities; Resistance; Personal archives; Military dictatorship
Identidades narrativas y resistencias en el archivo de Adelina Dematti de Alaye
Introducción
“Situaciones en las que, pese a todo, debe archivarse para el futuro una palabra que hace de facto imposibles los acontecimientos. ¿Qué otra cosa debería hacerse ante un genocidio, que no sea la construcción de un archivo, que escondido, enterrado, desperdigado, pueda sobrevivir a la aniquilación de los mismos testigos?” (Didi-Huberman, 2012: 9).
Este artículo analiza dos documentos pertenecientes al Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo de La Plata: el cuaderno Cartas a mi hijo, integrado por veintiocho cartas dirigidas a su hijo desaparecido Carlos Esteban Alaye entre septiembre de 1977 y septiembre de 1980, y una carpeta de folios elaborada por Adelina con fotografías, escritos, objetos, notas y documentos. Ambos materiales fueron producidos y organizados en estrecha relación con la búsqueda de Carlos y permiten aproximarnos a la experiencia de la desaparición forzada desde una dimensión biográfica, íntima y afectiva.
El artículo sostiene que escribir, fotografiar, seleccionar, ordenar y conservar documentos fueron para Adelina prácticas inseparables de la resistencia a la última dictadura cívico-militar. Mediante ellas sostuvo el vínculo con Carlos, atravesó la incertidumbre, afirmó su singularidad frente a la operación de borramiento de la desaparición y transformó saberes procedentes de su trayectoria docente y de prácticas de cuidado, históricamente feminizadas, en recursos para la búsqueda y la denuncia. Desde esta perspectiva, se analizan la construcción de una identidad narrativa (Ricoeur, 1988; Funes, 2025; Arfuch, 2002) y las formas de resistencias emocionales (Rosón y Medina Doménech, 2017) íntimas que se conjugaron con las formas de lucha colectiva en la subjetividad de una Madre de Plaza de Mayo durante la última dictadura militar argentina.
Haciendo eco del llamado de atención de Emilio Crenzel (2025) respecto a lo que ignoramos sobre el sistema de desaparición forzada en Argentina, interesa analizar los inicios de la experiencia extrema atravesada por Adelina desde el momento de desaparición de Carlos. En términos generales, también se busca reflexionar sobre los aportes de los archivos personales a la historia reciente y a las formas de hacer historia.
Los archivos personales constituyen un objeto complejo desde el punto de vista conceptual, en tanto su delimitación y tipificación han sido objeto de debates y dificultades teóricas (Bossié, 2021; Goldchluk, 2022; Funes, 2025). En este marco, resulta necesario comprenderlos como dispositivos mediante los cuales la memoria individual se inscribe y circula en el espacio de la memoria pública. Su relevancia no radica únicamente en los documentos que se reúnen, sino también en los procesos a través de los cuales esos conjuntos documentales se constituyen y adquieren sentido como portadores de memoria. El Archivo de Adelina Dematti de Alaye forma parte constitutiva de su memoria personal, en tanto testimonio de su trayectoria de lucha y su búsqueda. Trascendió el plano individual al proyectarse en la memoria colectiva. Este pasaje se consolidó cuando Adelina promovió su organización por parte de especialistas y decidió donar el conjunto documental al Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires (Bossié, 2021).
¿Quién fue Adelina?
Adelina nació el 5 de junio de 1927 en la ciudad bonaerense de Chivilcoy. Realizó sus estudios de Maestra Normal en instituciones de la provincia de Buenos Aires y, más adelante, orientó su formación hacia la educación inicial. Su recorrido laboral fue amplio y sostenido: se inició como maestra de grado y de jardín de infantes, y luego asumió cargos de dirección, preceptoría e inspección. Construyó una carrera docente que la llevó a trabajar en diversas ciudades y localidades de la provincia. En su vida familiar, contrajo matrimonio con Luis María Alaye en febrero de 1952. El 5 de diciembre de 1955 nació su hijo Carlos Esteban, en Carhué, y el 12 de mayo de 1958 nació su hija María del Carmen, en Azul, ciudad a la que la familia se había mudado el año anterior.
Adelina combinaba su tarea docente con las responsabilidades de la vida familiar. Trabajó como maestra en el Jardín de Infantes N.º 1 de Azul, institución en la que no se limitó al ejercicio cotidiano de la enseñanza, sino que también asumió un rol comprometido en distintos espacios de participación. Integró la Asociación Cooperadora y llegó a presidir el Centro Cultural del Magisterio “Domingo Faustino Sarmiento”, lo que da cuenta de su inserción en la comunidad.
Su recorrido profesional tuvo un nuevo giro en 1965, cuando fue designada directora del Jardín de Infantes N.º 1 de Brandsen. Ese nombramiento implicó también un cambio importante en su vida personal: se instaló en dicha localidad junto a sus hijos, ya sin la compañía de su esposo, en la vivienda reservada para quien ejercía la dirección del jardín. La elección de Brandsen no obedeció únicamente al avance en su carrera, sino también a razones familiares y formativas, ya que la cercanía con La Plata le permitiría proyectar nuevas etapas de capacitación y mantenerse próxima a su hermana Licia, residente en esa ciudad. Si bien Adelina no solía hablar abiertamente de ello, para entonces su matrimonio ya estaba terminado. Fueron años exigentes, atravesados por la crianza de hijos pequeños y por una reorganización profunda de su vida, aunque en ese proceso contó con el respaldo de su familia. En 1968 Luis María, el padre de sus hijos, falleció como consecuencia de un accidente (Larralde Armas y otros, 2026).
En 1974 se mudó a La Plata para asumir la dirección del Jardín de Infantes Nº 8 y, al mismo tiempo, trabajar como preceptora en la Escuela Técnica N.º 1. Luego de la desaparición de su hijo Carlos, y transcurridos algunos meses desde ese hecho, decidió jubilarse del cargo directivo para dedicarse de lleno a su búsqueda.
La docencia le proporcionó a Adelina un repertorio de prácticas -anotar, clasificar, hacer duplicados, seguir trámites, organizar materiales y conservar antecedentes- que, después de la desaparición de Carlos, fueron resignificadas como herramientas para la búsqueda y la denuncia. La docencia fue significativa para Adelina como “proyecto de vida, como trabajo que le otorgó la posibilidad de independencia y autonomía, y transitar la vida pública, dejando marcas, generando experiencias y proyectos propios” (Nieto, 2023, p. 97). Su paso de docente a Madre de Plaza de Mayo no supuso, por lo tanto, una ruptura absoluta: los saberes construidos en el mundo escolar fueron trasladados al nuevo escenario y adquirieron una función política (Nieto, 2023).
¿Cómo es su archivo?
Cuando estaba viviendo todo eso, yo iba poniendo las notas, por un lado, los recortes de diario por otro. Cuando llegó el momento que iba a empezar un juicio, que se iban a hacer cosas, alguien que sabía que yo guardaba me la pedía, la sacaba, después yo la dejaba por ahí. ¡Por eso era un revoltijo todo! Alguna vez estuvo más o menos disciplinado. Pero yo empecé guardando por tener memoria, de que si presenté una cosa ver cómo evoluciona, o cómo la tengo que seguir. Eso es una práctica que una hace en la escuela, en la oficina. Yo toda la vida que tuve que presentar una nota tenía que hacerla por duplicado. ¡A estos tipos los hice firmar todos los duplicados que pude! Y los recortes de diario, porque hablaban del tema. Primero uno se engolosinaba: cada vez que encontrábamos que salía publicado algo, salíamos todas a comprar veinte diarios. Esto del cementerio, dentro de la irregularidad, es lo más sistemático. Pero yo no sé si sola para mí hubiera hecho lo que hice. Yo guardaba para que se conociera después, determinadas cosas para que Carlos pudiera verlas y otras porque la historia por ahí alguien la iba a escribir. Y, no sé, por un hábito de conservar (Adelina en entrevista realizada por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 6/7/2010).
Este testimonio condensa tres funciones que convivieron en la formación del archivo. Adelina guardaba para seguir cada presentación y controlar la respuesta de las autoridades; guardaba con la expectativa de que Carlos pudiera conocer algún día lo realizado durante su ausencia; y guardaba para que, en el futuro, alguien pudiera reconstruir esa historia. El archivo se constituyó así en la intersección entre una necesidad inmediata de la búsqueda, una expectativa afectiva de reencuentro y una voluntad de transmisión histórica.
Además de producir y conservar documentos, Adelina tomó fotografías. Para revelar sus rollos acudía a comercios de confianza, entre ellos Foto Kent, cuyo propietario era hermano de una compañera de Madres. Esta casa fotográfica llegó a contar con varias sucursales en la ciudad de La Plata, aunque Adelina solía concurrir al local céntrico ubicado en la calle 48, entre 7 y 8. Allí trabajaba Graciela García, a quien conoció desde los años en que había vivido en Brandsen. Graciela mantuvo siempre una actitud solidaria hacia Adelina y hacia las Madres en general, y realizaba sin costo las copias fotográficas que necesitaban (Raina y Larralde Armas, 2025).
Esta red de confianza y solidaridad no constituye un dato anecdótico, hizo materialmente posible la producción y circulación de imágenes en un contexto de vigilancia y represión. Muestra que el archivo también fue resultado de diferentes vinculaciones afectivas y compromisos políticos.
El fondo personal de Adelina está compuesto por documentación que testimonia el nacimiento y evolución de algunos organismos de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo La Plata o la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) La Plata. En el año 2007 el Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye fue declarado “Memoria del Mundo” por la Unesco. Desde el año 2008 permanece bajo el resguardo del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Desde ese momento, el vínculo de Adelina con el Archivo Histórico se intensificó a través de visitas semanales en las que incorporaba documentación y colaboraba en la organización del material donado. Desde el año 2010, todos los martes concurrió a encontrarse con las archiveras que la esperaban con las cajas de fotografías y un grabador para realizarle entrevistas orales en función de ordenar y comprender las más de 4000 fotografías que componen el Fondo Personal (Bossié, 2021; Larralde Armas, et al. 2026; Raina, 2025; Raina y Larralde Armas, 2025). Como resultado, al corpus donado, se le sumaron más de cincuenta horas de entrevistas realizadas con criterios de historia oral, en las que Adelina dio cuenta tanto de su historia familiar como de su trayectoria militante. La mayor profusión de imágenes se observa desde fines de 1977 y continúa hasta mediados de la década del 2000. Su organización actual, por años y por acontecimientos, muestra los recorridos de Adelina como Madre de Plaza Mayo e integrante de diversos organismos y organizaciones de Derechos Humanos, ya sea durante el período de la dictadura cívico-militar o tras el retorno a la democracia.
Adelina creadora: sobre la narración y construcción de los documentos
“Presumo que éste recibirá mis palabras de alguna
manera, aunque no siempre sé ni puedo saber cómo”
(Butler, 2005, p. 96).
A partir de este tipo de archivos personales: cartas, escritos, diarios íntimos, se abre la posibilidad de estudiar sentidos sobre la dictadura construidos durante el transcurso de la misma. Así, si el contexto sociohistórico, material y simbólico en el que surgen estos documentos es el de la dictadura, en ellos encontramos tanto representaciones de la cultura autoritaria como resistencias emocionales, políticas, individuales y colectivas.
Las cartas y los primeros folios de la carpeta registran expectativas, temores, conocimientos fragmentarios y formas de acción todavía abiertas, antes de que se consolidaran narraciones públicas más estabilizadas sobre la dictadura y sobre Madres de Plaza de Mayo. Las entrevistas posteriores resultaron indispensables para reconstruir las circunstancias de producción y conservación del archivo, pero se encuentran atravesadas por otros marcos de memoria y por el conocimiento adquirido con el paso del tiempo. Esta diferencia temporal no disminuye el valor de unas u otras fuentes, sino que permite interrogar qué podía saber, imaginar y esperar Adelina en cada momento.
“Cartas a mi hijo”
El cuaderno de “Cartas a mi hijo” contiene veintiocho cartas dirigidas principalmente a Carlos. Este destinatario singular organiza toda la escritura: Adelina le habla como a un interlocutor vivo, le relata su vida cotidiana, le explica las acciones emprendidas para encontrarlo y proyecta el momento futuro en que él podrá leer lo escrito. Las cartas no fueron concebidas inicialmente como testimonio público ni como reconstrucción retrospectiva; fueron producidas durante la dictadura, en el interior de una relación que Adelina procuraba mantener vigente pese a la desaparición y no parece haber esperado otro tipo de destinatario.[1]

2.6.2621 “Cartas a mi hijo” 1977-09-12 a 1980-09-08 (fs. 31) Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia
El cuaderno registra, al mismo tiempo, la transformación de Adelina de madre que escribe en soledad a reconocerse como parte de un colectivo de mujeres movilizadas. Las cartas representan un registro propio, despojado de lo que luego serán memorias más estructuradas u homogéneas acerca de Madres de Plaza de Mayo.
9/10/1977
Mi querido: Ayer por primera vez desde que se fue mi “negrita” tomé mate sola… tenía sed… sed de ustedes… de tenerlos cerca… de compartir esa afición al mate que heredaron de sus tíos y que me estaban contagiando… si supieras cómo ha sentido tu hermana tan cruel separación, llegó a estar sin comer tres días… (…)
Es domingo, un domingo gris y destemplado, iré a misa de 10 en el Dique, comulga por primera vez la hija de una nueva amiga, amiga en el dolor de habernos sido arrancado un hijo, perdido contacto con nuestra nuera y el otro hijo… ella tiene el consuelo de tener a Alejandra que con sus once años, suele hacerle olvidar en algún momento la angustia creciente. ¡Qué madre tan batalladora! No tiene horarios, cansancios ni dolores, siempre está dispuesta a correr en pos de su hijo. Quiere estar en todo y con todos, y lo logra, es un estímulo para muchas. Yo no lo necesito, con otra modalidad hago lo mismo… ¿Te conté que el lunes 3 comencé a trabajar? Estoy con traslados definitivos en La Plata… el contacto con los jóvenes y el personal me hace mucho bien, yo pedí a la junta médica volver y en la escuela me pedían que eso hiciera para ayudarme… Un día de estos te contaré lo que hace mamá todos los jueves con un numeroso grupo de madres…
Un abrazo muy fuerte de mamá.
(“Cartas a mi hijo”, hoja 6 de 31. Destacado de la autora).
La cita superpone tres escenas: la ruptura de la cotidianeidad familiar, el regreso al trabajo y el comienzo de la acción colectiva. La soledad de Adelina con el mate contrasta con el contacto recuperado en la escuela y con aquello que “hace todos los jueves” junto a otras madres. La escritura muestra, por lo tanto, que su transformación no fue lineal ni implicó el abandono de identidades anteriores. Madre, docente y militante de derechos humanos se fueron articulando en una misma trayectoria. El hecho de escribir, de archivar, de volver a trabajar, y de “hacer algo” junto a otras madres constituyen actos vitales para la supervivencia en medio de la situación límite (Pollak, 2006).
La referencia a otra “madre batalladora” muestra, además, que la formación de una identidad colectiva no borró las diferencias individuales. Adelina reconoce la capacidad movilizadora de esa mujer - hoy sabemos que era Hebe de Bonafini-, pero afirma que ella realiza la misma búsqueda “con otra modalidad”. La identidad narrativa se configura aquí de manera relacional. Adelina se define ante Carlos, pero también en comparación y en diálogo con las otras Madres:
Ricoeur propone el concepto de identidad narrativa para pensar tanto la identidad personal como la colectiva, postulando la figura del intervalo como la más afín: es en el intervalo entre dos polos hipotéticos, el de la mismidad -el/uno mismo- y el de ipseidad -el sí mismo/otro- que se despliega la identidad narrativa, que puede oscilar entre ambos pero sin fijarse nunca. Oscilación entre el auto/reconocimiento de lo que permanece a lo largo de la vida (…) y un devenir-otro, que muestra, en sus innúmeras facetas, la heterogeneidad constitutiva de cada ser. (Arfuch, 2002, p. 67)
En este sentido, Adelina no sólo se narra a sí misma y a su hijo. En el mismo acto de describir a las y los otros, con sus valoraciones y creencias, también las y los está definiendo. Y estas referencias, a su vez, van mutando, ya que responden a un proceso histórico en el que los vínculos se van modificando.
Nos preguntamos, también, de la mano de Crenzel (2025): ¿Qué muestran las cartas de lo que Adelina (o una Madre de Plaza de Mayo) “sabía” o podía saber a meses de la desaparición de su hijo en 1977? ¿De qué da cuenta en esos primeros momentos?
5/10/1977
Mi querido: Hoy ciento cincuenta y dos días… ciento cuarenta y dos días… ¿Qué ha sido de ti mi querido?... Es demasiado tiempo para todos… para el dolor de tu mujer… para el nacimiento de tu pichoncito… para nuestra María… para mí… pero ¿Qué son todos estos dolores juntos al lado de tus padecimientos?... Porque estás vivo ¿verdad, mi querido?... y la voracidad de los mercenarios que te arrebataron de nuestro lado no terminó con tu “captura” y el resto de los tuyos, sino que también estarán lacerando tu cuerpo para tratar de doblegar tus pensamientos, pero ¡sé fuerte, mi amor, te lo suplico! Que tu mente siga libre, que tu cuerpo redoble fortaleza y tu boca calle sus verdades no imitando al verdugo, que sordo y ciego cumple su designio, pues no supo ser hombre y obedece a los peores mandatos de su instinto.
Hoy es 5 de octubre… vaya 5… que en un 5/12 venturoso me alcanzó la vida de mi hijo y en un 5/5 maldito y horroroso se perdió en tinieblas ese hijo…
Un abrazo que cubra a todos los que están a tu lado y aún más lejos.
Mamá.
(“Cartas a mi hijo”, hoja 5 de 31. Destacado de la autora).
En este tiempo inicial, íntimo, de espera e incertidumbre que atravesó Adelina -como el resto de las Madres- una de las expectativas era la de que su hijo pudiera estar detenido y fuera liberado. La incertidumbre y la reconstrucción fragmentaria de la información, más la tensión entre conocimiento y reconocimiento, fueron lo común entre familiares afectados en ese primer momento (Crenzel, 2025). La intimidad de la que da cuenta Adelina no es solo suya, es intersubjetiva, es colectiva. Representa la realidad de muchas otras madres que se encontraban en la misma situación y refleja las formas de reconstrucción social de la información que circulaban.
En esta carta Adelina muestra que, en octubre de 1977, consideraba probable que Carlos estuviera detenido y sometido a torturas. La esperanza de que continuara vivo convivía con una representación cruda de sus padecimientos. Esta coexistencia entre expectativa de reencuentro y conocimiento fragmentario constituye uno de los principales aportes del documento. La escritura puede leerse aquí como una resistencia emocional (Rosón y Medina-Doménech, 2017)[2] no porque suprima el miedo o el dolor, sino porque le proporciona una forma, un destinatario y una orientación. Al pedirle a Carlos que conserve libres su mente y sus convicciones, Adelina también formula para sí misma un mandato de resistencia frente a la incertidumbre, la desinformación y el terror estatal.
En las cartas hallamos estos desafíos al poder en ese registro amplio y variado de gestos y palabras de Adelina, pero también lo encontramos relatado en acciones colectivas de este primer tiempo de lucha de las Madres.
Domingo 16/10/1977
“Día de la madre”, 17.30hs
Mi querido: (...) Te diré, casi nunca te cuento las idas y venidas que realizo para saber de tí y de cuántos están como tú, pero lo de esta última semana fue algo especial. El jueves a las 15.30 como todos los jueves “mordíamos las baldosas de Plaza de Mayo como perros apaleados”… cuántas éramos bajo ese sol… qué triste ver que el número de mujeres aumenta… qué fortaleza saber que cada vez somos más las que se animan… juntando todos nuestros dolores podremos derribar el mundo de las prisiones y los que tengamos el privilegio de encontrar a nuestros hijos agrandaremos nuestros pechos para cobijar a nuestras hermanas-madres que quedarán sin ellos… Luego el viernes 14 tan esperado por nosotras, era una cita de horas, 14 de octubre, hora 17 en punto, lugar Plaza Congreso y allí convergimos las madres, las esposas, los hermanos y hermanas, los padres… (“Cartas a mi hijo”, hoja 9 de 31. Destacado de la autora).[3]
Recordemos que el marco de acciones en el que se encontraban Adelina, junto con el resto de familiares de detenidas y detenidos-desaparecidos, era altamente desfavorable frente al terror de Estado. La estructura de oportunidades políticas entre 1974 y 1982 fue marcado por acciones principalmente reactivas (Alonso, 2022). Tanto el 5 de octubre (fecha de la carta anterior) como el 14 de octubre, Adelina fue parte de acciones colectivas promovidas y organizadas por Madres de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. El 5 de octubre publicaron su primera solicitada “firmada por 236 madres y esposas de desaparecidos dirigida al presidente de la Nación, a los altos mandos de la Corte Suprema de Justicia”. Llevaba por título “Madres y esposas de desaparecidos solo pedimos la verdad” y señalaba que “La verdad que pedimos es saber si nuestros DESAPARECIDOS ESTÁN VIVOS O MUERTOS Y DÓNDE ESTÁN” (Crenzel, 2025, p. 52). Los acontecimientos narrados por Adelina en la última carta citada, se refieren a la entrega de un petitorio a la Comisión de Asesoramiento Legislativo, con 24 mil firmas reunidas, que reclamaba por 571 desaparecidos con nombre y apellido y 61 detenidos que se sabía que estaban bajo el Poder Ejecutivo Nacional. Si bien las acciones fueron primordialmente reactivas en este marco social y limitadas a cierto repertorio que incluía la presentación de habeas corpus y petitorios, la publicación de solicitadas, ayunos en iglesias y volanteadas, la manifestación frente al Congreso de la Nación fue fuertemente disruptiva para ese contexto.[4] El Boletín de Familiares sostuvo:
Tal como fuera programado, los petitorios con las 24 mil firmas, encuadernados en dos voluminosas carpetas, fueron entregados por una comisión el 14 de octubre de 1977 al Palacio del Congreso. Luego de una gestión en la mesa de entradas, un miembro de la delegación fue recibido por un funcionario, quien manifestó no tener indicaciones de tal recepción ni haber recibido autorización para la entrega (Boletín de Familiares, citado en “El octubre rojo de los organismos”, Matías Ferrari, 24/03/2018 https://elgritodelsur.com.ar/2018/03/octubre-rojo-los-organismos).
La cita estaba pautada a pesar del destrato que recibieron. Luego, enseguida, comenzó la represión. En ese contexto, Adelina fue detenida junto a cientos de personas:
(...) apenas llegados la barrera que en formación avanzaba hacia las madres y la tuya fue golpeada y sentía coraje y lástima y humildad… humildad para callarse los insultos ante el atropello, humildad para caminar por Rodriguez Peña, con sus hermanas del dolor, humildad para subir en un micro 60, rumbo a la seccional 5º y allí tendida en un patio rígido entre casi 300 personas en igual dolor e incertidumbre, sentí orgullo por ellas y por mí, un orgullo límpido (como me pide Inés) (…). Nos ficharon, nos llevaron al “salón de actos” (sería eso?) (…).
Ni las más viejitas se acobardaron, ni los jóvenes se violentaron, todo transcurrió en pasividad… aparente, mi amor, porque tu madre por ocho horas (salí después de la una de la mañana del sábado 15) no sintió ninguna necesidad fisiológica (a casi todos les ocurrió) yo no quería nada de ellos pero tampoco estaba dispuesta a dejarles nada de mí… ni siquiera mi orina… (...) (“Cartas a mi hijo”, hoja 9 de 31. 16 de octubre de 1977. Destacado de la autora).
A partir de la carta podemos dimensionar el acontecimiento que coincide con otras fuentes que mencionan alrededor de 300 personas detenidas.[5]
Efectivos de la Federal pararon cuatro colectivos de la Línea 60 que pasaban por la esquina e hicieron bajar a los pasajeros a punta de pistola, mientras las corridas seguían. A esos colectivos hicieron subir más tarde a los detenidos, que no pudieron eludir los gases lacrimógenos (“El octubre rojo de los organismos”, Matías Ferrari, https://elgritodelsur.com.ar/2018/03/octubre-rojo-los-organismos/ 24/03/2018).
Lo que estas otras fuentes no expresan es la dimensión subjetiva y sensible de las palabras de Adelina: la entrega absoluta a la búsqueda, a la denuncia y la resistencia física que narra para “no dejarles nada”; saliendo “sin cansancio, sin hambre, sin sed, pisando firme pero serenamente (...) con orgullo de sentirte y saberlos distintos… mejores…” (“Cartas a mi hijo”, 9 de 31. 16 de octubre de 1977).[6] Adelina convierte el control de su propio cuerpo en un último espacio de resistencia. En su relato, callar, sostenerse y no entregar nada al represor constituyen formas de preservar la dignidad y la capacidad de acción.
A esto le suma la constatación -a través de un agente de las fuerzas represivas del Estado- del conocimiento acerca de la existencia de personas desaparecidas.
(...) Me tomaron declaración, se molestó el oficialito porque no podía entender que la C.I de la Pcia ya ha perdido su validez, la mía caducó hace años y no existe la renovación, pero él quería mi cédula… entonces sólo me preguntó a quién tenía desaparecido, date cuenta sin saber estaba reconociendo que saben que los desaparecidos existen. (“Cartas a mi hijo”, hoja 9 de 31. 16 de octubre de 1977. Destacado de la autora).
La pregunta del funcionario acerca de “a quién tenía desaparecido” revela que la categoría de persona desaparecida formaba parte del lenguaje y de las rutinas de las fuerzas de seguridad, aun cuando las autoridades negaban públicamente la existencia de esas personas[7]. Adelina reconoce de inmediato esa contradicción y la incorpora a la carta como prueba de un saber oficial que no se traducía en información para los familiares.
Esto no implicó que Adelina pensase en Carlos como una persona desaparecida. Para ella su hijo estaba vivo, detenido, seguramente estaba siendo torturado e iba a ser liberado en algún momento. Al menos esto fue así hasta septiembre de 1979.
El 6 de septiembre de 1979 llegó a la Argentina una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) -organismo perteneciente a la Organización de Estados Americanos (OEA)- con el objetivo de recabar denuncias relacionadas con posibles violaciones a los derechos humanos. Durante su permanencia en el país, la Comisión recibió más de 5.800 presentaciones efectuadas en las ciudades de Buenos Aires, Tucumán y Córdoba.
Como parte de su misión, la delegación llevó adelante visitas e inspecciones en distintos establecimientos penitenciarios, entre ellos los de Resistencia, Magdalena, Rawson, Córdoba, La Plata, Olmos, Villa Devoto y Caseros. En dichos lugares, sus integrantes entrevistaron a cientos de personas detenidas, incluidas aquellas privadas de la libertad por razones políticas.
Además, los comisionados tuvieron reuniones y audiencias con autoridades militares de alto rango, representantes del movimiento sindical, dirigentes del sector empresarial y referentes de diversas confesiones religiosas. La visita tuvo una trascendencia histórica significativa, dado que permitió que miles de familiares de personas desaparecidas pudieran formular, por primera vez ante un organismo internacional, denuncias vinculadas con las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la última dictadura argentina.
Cuando terminaron de hacer toda la visita, a un grupo muy reducido en el que tuve la posibilidad de estar, el Secretario General de la Comisión se despedía y dijo: A ustedes que los he visto, que se cómo están ubicados mentalmente, les puedo decir que nos vamos con la convicción de que acá no queda nadie. Es decir que ahí se me desapareció mi hijo otra vez. Y yo tuve un proceso muy difícil que lo pasé en Francia, cuatro meses, acumulando energía de mi familia. Estaban en Francia María, Inés y Florencia. Florencia cumplía su segundo añito. Y cuando vine, empecé terapia, porque ahí era un poco el decir: Bueno, ya tengo una respuesta, pero no lo aceptás. La elaborás como podés y seguís (Entrevista a Adelina, 6/7/2010 realizada por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires Destacado de la autora).
La expresión “ahí se me desapareció mi hijo otra vez” nombra una segunda ruptura. La primera había sido el secuestro; la segunda, el debilitamiento de la expectativa de que Carlos permaneciera detenido y pudiera regresar. Ese desplazamiento no produjo el abandono de la búsqueda, sino su transformación. Frente a esta dura información, Adelina escribió sus tres últimas cartas. De mayo de 1979 -previa a la visita de la CIDH-, pasa a abril y mayo de 1980 y escribe la última el 8 de septiembre de 1980.
8 de septiembre de 1980
Querido hijo: Hoy comienza el Jardín de Infantes tu hija… ¡si! María Florencia, ya empieza a transitar su vida escolar y tú no estás, ni siquiera la difusa imagen de su padre existe en ella, solo ese Carlos fantasma, solo esa sonrisa en una foto…
Cuánto te necesitamos, cómo te extraño, cada día en una diferente dimensión, cada día con una precisión más dolorosa, hijo querido! No sé cómo clamar por tu presencia, no sé cómo pedir por tu regreso, ya nada veo claro, decaigo en mis esperanzas, tengo miedo y sin embargo espero. Si de algo sirve amar con tanta fuerza, si vale no olvidar lo que se ama, sé que volverás, sé que podrás vencer en la impotencia, sé que estarás junto a mi cuando me muera. Nada de lo que haga tendrá sentido si no podrás enterarte de lo actuado… es tan importante para mí creer que llegará el día en que te cuente de esta búsqueda desesperada… será tan necesario oírte decir: ¡bien vieja, te pasaste! Creía en ti, pero temía por tus fuerzas… Pareciera que vientos nuevos quieren comenzar a agitarse, levemente, para descorrer, aunque sea levemente, el manto de silencio, el del olvido… quiera Dios te podamos rescatar de las sombras… Pido a Dios, con renovada convicción que los ayude… le pido, por intermedio de su madre y de tu hija… que él te proteja y guarde hasta el regreso… que no se demore”. Te amo, beso tu recuerdo. Mamá. (“Cartas a mi hijo”, hoja 22 de 31, destacado de la autora).
Adelina escribió 28 cartas en total. Algunas en el mismo día, como el 16 de octubre de 1977 que escribió tres. Muchas, en referencia a la fecha del día 5, sea para recordar los meses que habían transcurrido de la desaparición de Carlos o por su cumpleaños. A partir de la respuesta de la CIDH, Adelina realizó un doble movimiento, en su intimidad abandonó la escritura de cartas porque no pudo seguir sosteniendo la esperanza de que su hijo, el destinatario de su correspondencia, alguna vez pudiera leerlas. Pero, asimismo, frente a la posibilidad concreta de que lo hubieran asesinado, asumió la tarea de llevar adelante la investigación de los cementerios y retomó sus actividades en Madres de Plaza de Mayo y en la APDH La Plata.[8]
El tiempo constituye una dimensión central del cuaderno. Mientras Adelina pudo imaginar a Carlos como futuro lector, la escritura sostuvo la continuidad entre el presente de la búsqueda y un reencuentro por venir. Cuando ese tiempo se vio amenazado, cuando realmente creyó que él no iba a poder leer esas cartas, dejó de escribir. El abandono de las cartas no expresó pasividad ni renuncia, sino el agotamiento de una determinada forma de interlocución y el desplazamiento hacia otras modalidades de acción. Escribir, guardar, documentar e investigar fueron prácticas sucesivas y complementarias mediante las cuales Adelina procuró contrarrestar la pérdida y conservar capacidad de intervención.
Como citábamos al comienzo del artículo a Judith Butler (2005), Adelina presuponía que Carlos iba a recibir esas palabras de alguna forma. Las cartas reflejan el dolor intenso de la pérdida y la búsqueda. Pero también refieren a esa pulsión de vida que fue escribir, guardar, documentar, hacer. Como sostuvo Funes (2025) para el caso de Mercedes Lagrava: “archivar la propia vida es ponerse en el espejo, y en ese sentido el archivamiento del yo es una práctica de construcción de sí mismo y de resistencia” (Funes, 2025, p. 18). En todas estas prácticas, Adelina se auto narró y dio cuenta de sí misma con un fuerte sentido de la realidad ante la experiencia extrema que le tocó atravesar. Adelina,
instituyó en el archivo una escritura de sí y de su familia en un afán de (re) construcción, en una necesidad de exorcizar la pérdida. (...) En cierto sentido, para existir y dar prueba de verdad, hay un deber de archivo. Así, archivar la propia vida es una forma de subjetivación, es la construcción de un relato propio, de la propia mirada sobre el yo y la propia existencia. (..) Para Derrida la necesidad de archivar esconde la fantasía del retorno, de una reconstrucción, el narrar para contrarrestar la pérdida (Bossié, 2021, pp. 144-145).
Hizo de estas prácticas de su intimidad un universo simbólico fundamental para sí misma pero también un terreno fértil en tanto documentos de su archivo, que habilitaron nuevas lecturas sobre la dictadura y sobre la lucha de Madres de Plaza de Mayo.
La carpeta sobre Carlos

2.1.9.2.2682 y 2683 Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia.
REPÚBLICA ARGENTINA
DESAPARECIDO
CARLOS ESTEBAN ALAYE nacido en CARHUE, Adolfo Alsina, el 5 de diciembre de 1955. Hijo de Luis María (Bancario, fallecido accidentalmente) y de Adelina Ethel DEMATTI de ALAYE (docente-jubilada).
Casado el 22 de julio de 1976, en La Plata, lugar de residencia familiar, con Inés Emilse RAMOS. DESAPARECIDO el 5 de mayo de 1977 a las 18.30h. Padre desde el 24 de septiembre de 1977 de una niña MARÍA FLORENCIA ALAYE RAMOS, actualmente (desde septiembre de 1978) en el exilio con su madre, víctimas del terror.
Lo que antecede y muestro a continuación tiene por finalidad esbozar la identidad de mi hijo y su personalidad. No es un invento, descubran el amor que nos unió, vean sus aficiones, sus etapas de estudio, su trabajo. Reitero él es un ser real, vivo, concreto, así se lo llevaron y así lo esperamos.
Vuestra ayuda nos es muy valiosa.
Adelina E. Dematti Vda. de Alaye
48 N° 657 - piso 12 Dto. “C”
1900 La Plata Rep. Argentina.
(Carpeta sobre Carlos, folio 1).
Este primer folio no funciona solamente como una presentación biográfica. Constituye una declaración contra la despersonalización producida por la desaparición. Adelina nombra a Carlos, fija fechas y vínculos, enumera sus estudios, su trabajo y sus afectos, y afirma que es un ser “real, vivo, concreto”. Frente a una práctica estatal que procuraba borrar las huellas y suspender la condición jurídica y social de las víctimas, la carpeta restituye a Carlos una historia y una singularidad. La expresión “vuestra ayuda nos es muy valiosa” y la inclusión del domicilio de Adelina también sugieren un horizonte de recepción distinto del cuaderno. Aunque no pueda determinarse cuánto circuló efectivamente, la carpeta contempla la mirada y la posible intervención de otras personas. Ya no se dirige únicamente a Carlos: busca presentar su vida ante potenciales colaboradores, instituciones o interlocutores públicos.
Constatando las fechas, podemos afirmar que el cuaderno de cartas fue realizado primero y, en algún momento, antes de dejar de escribir comenzó con la carpeta de folios. ¿En qué sentido es importante constatar los tiempos? Como decíamos, la práctica de escribir las cartas implicó un ejercicio de autonarración e identificación. En esta carpeta Adelina narra la vida de su hijo, su interés es “esbozar su identidad y personalidad” y, por supuesto, en esta práctica no se clausura el proceso de construcción de sí misma. Entonces, ¿cómo interpretamos este documento? ¿Qué sentidos guarda y proyecta? ¿Qué nos dice de Adelina? ¿Qué de Carlos? ¿Qué de una madre atravesada por una situación límite? ¿Qué de una Madre de Plaza de Mayo? ¿Qué nos dice de Adelina como creadora (fotógrafa, archivera)?
El contexto sociohistórico, material y simbólico en el que surge este documento es el de la dictadura militar argentina, en él encontramos desde representaciones de la cultura autoritaria hasta resistencias emocionales, políticas, individuales y colectivas. ¿Cuáles son los rastros de esas representaciones en el dispositivo de la carpeta? Entendemos que la materialidad de los objetos contiene mensajes. Analizar la carpeta como dispositivo[9] (Aumont, 1992) implica no considerar sus fotografías y documentos como unidades aisladas, sino atender a las relaciones que Adelina estableció entre ellos. La selección, la secuencia, las anotaciones, los folios, los objetos incorporados y los modos de fijarlos sobre la página producen una narración. Operaciones aparentemente menores -abrochar, recortar, ordenar, titular y conservar- orientan la lectura y revelan una determinada interpretación de la vida de Carlos y de la experiencia de su desaparición. Esas acciones también hablan de Adelina, como docente, como mujer de una generación, como madre y finalmente también como Madre de Plaza de Mayo.

2.1.9.4.2687 (folio2) Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia.

2.1.9.5.2688, 2689 y 2690 (folio 5) Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia.

2.1.9.7.2710, 2711 y 2712 (folio 6) Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia.
La carpeta retoma inicialmente las convenciones del álbum familiar: el nacimiento, los cumpleaños, la escolarización, los vínculos familiares, las aficiones y las distintas etapas de crecimiento. Sin embargo, esas imágenes de continuidad y cotidianeidad son reordenadas bajo la marca de la desaparición. La carpeta no “construye” a Carlos desde cero, restituye su singularidad mediante huellas de una vida que el sistema represivo procuró reducir a la categoría de “desaparecido”. Contiene todos esos tiempos: el del pasado, el de la cotidianeidad de la vida de Carlos y su familia; y el del presente de Adelina desde la desaparición de su hijo (1977) en adelante. Un presente atravesado por esa experiencia extrema y la continuidad de una lucha persistente.
Este dispositivo combina lo más íntimo de las fotos familiares con anotaciones de Adelina narrando a Carlos, junto con otras fotografías tomadas por Adelina en la lucha colectiva con Madres, documentos, denuncias, y demás. Las anotaciones de Adelina -“La espera”, “Primer cumpleaños”, “Crece”, “Jardín de infantes, “sus aficiones”- no se limitan a identificar las fotografías, marcan los vínculos familiares, la relación con la comunidad y con ciertas instituciones. Producen una secuencia y fijan posiciones de lectura, aunque la desaparición interrumpe la continuidad esperable de un álbum. Las fotografías son objetos profundamente emocionales, propios de la vida familiar y afectiva, con una importante capacidad de producir memoria, que fueron reordenados por Adelina en la construcción de este dispositivo.
La producción de fotografías personales suele organizarse a partir de esquemas culturalmente sedimentados mediante los cuales individuos y colectivos elaboran representaciones socialmente valoradas de sí mismos, orientadas a exhibir armonía, bienestar o integración. En este marco, no resulta casual que se reiteren determinados encuadres, posturas, temáticas y momentos de registro. Tales recurrencias responden a pautas sociales, en gran medida implícitas, que delimitan aquello que se considera apropiado de ser fotografiado, así como las circunstancias y las formas en que esa representación debe producirse (Bourdieu, 2003). Estas pautas se apoyan en configuraciones afectivas socialmente compartidas, que pueden comprenderse como verdaderos regímenes emocionales (Rosón y Medina-Doménech, 2017). Dentro de este universo, la institución familiar ha funcionado históricamente como el principal marco afectivo desde el cual se han estandarizado y uniformado las prácticas de la fotografía personal.
Sin embargo, en la producción de estos álbumes familiares pueden encontrarse prácticas que desafían esos regímenes emocionales normativos y pautas sociales establecidas.[10] En este caso, Adelina creó una carpeta que construye a su hijo desaparecido. Utiliza las fotografías que evocan esos momentos estereotipados y las recontextualiza en el marco de la desaparición.
La carpeta es así un objeto simbólico, ligado a lo biográfico y afectivo, pero también a lo memorial de la lucha de una Madre de Plaza de Mayo. Es una narración interrumpida y mezclada entre las claves privada y pública, individual y colectiva. Por momentos, es más visible la historia colectiva: con denuncias, habeas corpus, cartas a embajadas, notas, recortes de diario, etc. Más adelante, la narración en imágenes sigue y ya no hay fotografías de Carlos.
Adelina pega fotos de su nieta en un papel y escribe debajo: “su hija” (folio 57).

286. 2728a, 2728b, (folio 57) Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia.
En el folio siguiente, Adelina abrocha dos fotos de su autoría, sin ninguna referencia.

288, 2729, (folio 58) Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye, en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Fotografías de elaboración propia.
En ambas fotos se muestran grupos de Madres de Plaza de Mayo identificadas claramente con su pañuelo blanco. La foto de abajo corresponde a la participación de Madres en la procesión del Corpus Christi en La Plata, que va desde el Parque Saavedra hasta la Catedral de la ciudad, el 16 de junio de 1980.[11]
Esta secuencia resulta interesante si pensamos en la noción del tiempo en su multiplicidad. Adelina representa el presente y el futuro -de la hija de Carlos y de ella como Madre de Plaza de Mayo- a través de fotografías cuyo noema es la demostración de la huella, de que algo “ha sido” (Barthes, 2006) en el pasado. En este sentido, esta breve narrativa de imágenes con tiempos complementarios y anacrónicos -esa “ceniza mezclada, más o menos caliente, de distintos hornos” (Didi-Huberman, 2012, p. 42)- refiere a la realidad de Adelina trascendiendo esos instantes (momentos congelados) de las fotografías y acercándose al futuro que arde en esas imágenes.
La sucesión entre las fotografías de María Florencia -“su hija”- y las imágenes de Madres de Plaza de Mayo produce un enlace especialmente significativo. Ante la ausencia de nuevas fotografías de Carlos, la carpeta presenta dos continuidades: la de su descendencia y la de la lucha emprendida en su nombre. La secuencia vincula así la memoria familiar con la acción colectiva. No ofrece una cronología lineal, sino una respuesta narrativa a la interrupción provocada por la desaparición.
Tanto esta carpeta como las cartas dan cuenta de la cotidianeidad de Adelina conviviendo con “la muerte y la desaparición que forman parte de la vida política argentina” (Crenzel, 2025, p. 113). La vida cotidiana de Adelina, con toda su familia afectada por la dictadura, estuvo atravesada tanto por estar en su casa aprendiendo a lidiar con una soledad dolorosa, con su hijo desaparecido y su hija, su nuera y su nieta en el exilio; como por retomar el trabajo e ir todos los jueves desde La Plata hasta Buenos Aires para las rondas de Plaza de Mayo y comenzar una militancia muy activa en el campo de los derechos humanos.
Adelina realizó un doble ejercicio respecto a la fotografía en su archivo. Por un lado, construyó un relato de Carlos en la carpeta de folios que, a diferencia del cuaderno de cartas, tenía un destinatario amplio imaginado. Por otro lado, registró todo lo que hacían con Madres de Plaza de Mayo en el espacio público. La conformación de este acervo implicó diversas estrategias de registro y recopilación visual. Adelina Dematti de Alaye fotografió cuando las circunstancias se lo permitieron, pero también recurrió a la solicitud de copias en aquellos casos en que no podía asistir personalmente a determinados acontecimientos o en que no le era posible tomar fotografías. Por ello, su archivo no reúne solo imágenes producidas por ella misma, sino también otras tomadas por reporteros gráficos y por otras y otros fotógrafos.
Conservar fotografías, organizar álbumes, realizar anotaciones y guardar objetos fueron durante mucho tiempo prácticas asociadas al ámbito doméstico y al trabajo femenino de cuidado de la memoria familiar. En la carpeta, Adelina resignificó políticamente esas tareas. Al combinarlas con denuncias, habeas corpus, recortes periodísticos y fotografías de Madres, convirtió el cuidado de las imágenes familiares en una forma de prueba, interpelación pública y resistencia.
Considerados en conjunto, el cuaderno y la carpeta desarrollan formas complementarias de narración y resistencia. Las cartas sostenían a Carlos como interlocutor y preservaban la expectativa de un tiempo compartido; la carpeta ampliaba el horizonte de destinatarios y presentaba su vida ante otras personas. En ambos documentos: escribir, recordar, clasificar, fotografiar y conservar fueron modos en que la intimidad se vinculó con la política. Con estos gestos y prácticas, Adelina articulaba las formas de enfrentar la desaparición en su espacio privado con las acciones e intervenciones en el espacio público que realizaba con Madres de Plaza de Mayo.
A modo de cierre
El análisis conjunto del cuaderno “Cartas a mi hijo” y de la carpeta sobre Carlos permite sostener que tanto la escritura, como tomar y seleccionar fotografías y la conservación del archivo fueron, para Adelina, prácticas inseparables de la búsqueda de su hijo y de la resistencia a la última dictadura cívico-militar. Frente a un sistema de desaparición forzada que produjo incertidumbre, silencio y desinformación, estos gestos le permitieron sostener vínculos, ordenar la experiencia y dejar constancia de lo vivido. Fueron acciones realizadas en dictadura, en las que se articularon la supervivencia afectiva, la denuncia política y la voluntad de memoria.
Las cartas permiten aproximarnos a los primeros años de esa experiencia extrema y a lo que Adelina podía saber, imaginar y esperar acerca del destino de Carlos. Al dirigirse a él como interlocutor vivo, la escritura sostuvo un tiempo compartido y una expectativa de reencuentro, al mismo tiempo que registró el conocimiento fragmentario sobre las detenciones clandestinas, la tortura y la responsabilidad estatal. La interrupción final de las cartas, posterior a la visita de la CIDH, no significó el fin de su agencia, sino una transformación de sus formas de búsqueda. El debilitamiento de la esperanza de que Carlos pudiera leerlas convivió con la investigación que realizó en los cementerios de La Plata y con la continuidad de su militancia en Madres de Plaza de Mayo y APDH.
La carpeta, por su parte, amplió el horizonte de destinatarios. Mediante fotografías familiares, anotaciones, objetos, denuncias y registros de la acción colectiva, Adelina reconstruyó la singularidad de Carlos frente a la operación de borramiento y despersonalización propia del sistema de desaparición. Al reordenar las imágenes bajo la marca de la ausencia, produjo una narración interrumpida que enlazó la vida cotidiana de su hijo con su desaparición y con la lucha posterior. Como dispositivo, la carpeta articuló lo íntimo y lo público, lo biográfico y lo político, la memoria familiar y la memoria colectiva.
En ambos documentos se configuró, además, una identidad narrativa relacional y cambiante. Adelina se narró en diálogo con Carlos, con su hija, su nieta y las otras Madres, y en ese proceso se reconoció como madre, docente, abuela y militante de derechos humanos. Los saberes adquiridos en su trayectoria docente -anotar, duplicar, clasificar, conservar y seguir cada trámite- se resignificaron como recursos para la búsqueda y la denuncia. Desde esta perspectiva, las resistencias emocionales no aparecieron como un plano separado de la acción política: escribir, guardar, fotografiar y organizar fueron modos de enfrentar el terror en su intimidad y, a la vez, fueron parte de la acción colectiva con Madres de Plaza de Mayo.
El caso de Adelina muestra, finalmente, el aporte específico de los archivos personales a la historia reciente. Estos materiales permiten acceder no solo a lo que las y los actores hicieron, sino también a lo que imaginaron, supieron, temieron y esperaron mientras los acontecimientos estaban ocurriendo. También muestran que, bajo la dictadura, las fronteras entre lo privado y lo público se volvieron especialmente porosas. La intimidad fue alcanzada por la violencia estatal, pero desde ella también se produjeron respuestas capaces de proyectarse en el espacio público.
Al organizar, preservar y donar su archivo, Adelina convirtió una experiencia personal y familiar en un patrimonio de consulta colectiva. Su archivo puede leerse como la construcción de un espacio intersubjetivo en el que se inscriben vínculos, expectativas y formas de resistencia frente a la cultura autoritaria dominante durante la dictadura. No solo conserva la memoria de Carlos y de su búsqueda, sino que testimonia acerca de las prácticas íntimas de cuidado, escritura y conservación que también fueron una dimensión constitutiva de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Alonso, L. (2022). Que digan dónde están. Una historia de los derechos humanos en Argentina. Buenos Aires: Prometeo.
Arfuch, L. (1992). Identidades, sujetos y subjetividades. Buenos Aires, Prometeo, 2002.
Aumont, J. La imagen. Barcelona: Paidós.
Barthes, R. (2006). La cámara lúcida. Barcelona: Paidós comunicación.
Bossié, F. (2021). Archivos personales como soportes de memoria: Los papeles de Adelina, Madre de Plaza de Mayo. En: G. Goldchluk y M. Pené (Comps.) Palabras de archivo. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral, 142-154.
Bourdieu, P. (2003). Un arte medio, ensayo sobre los usos sociales de la fotografía. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.
Butler, J. (2005). Dar cuenta de sí mismo. Violencia ética y responsabilidad. Buenos Aires: Amorrortu ediciones.
Crenzel, E. (2025). Pensar los 30.000. Qué sabíamos sobre los desaparecidos durante la dictadura y qué ignoramos todavía. Buenos Aires: Siglo XXI.
Didi-Huberman, G. (2012). Arde la imagen. Oaxaca, Ediciones Ve S.A.
Didi-Huberman, G. (2021) El Archivo arde. En: Goldchluk, G. y Ennis, J. (Coords.) Las lenguas del archivo: Filologías para el siglo XXI. La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 15-38.
Funes, P. (2025). “Trasiegos y papeles: Cartas insumisas de una Madre de Plaza de Mayo (1977-1987)”, en Sociohistórica (55), Artículo e256.
Goldchluk, G. (2022). El libro de la vieja: tiempos de archivo, Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral.
Larralde Armas, F., Lloret, F., Biasotti, M., Raina, A. y Nieto, E. (2026). Los Martes Adelina, col. Obras y Documentos: La Plata: Ediciones Bonaerenses.
Nieto, M. E. (2023). ¿De la casa a la plaza?: memorias, género y militancia. Trayectorias de las Madres de Plaza de Mayo en La Plata. Málaga: Universidad de Málaga.
Pollak, M. (2006). Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite. La Plata: Ediciones Al Margen.
Portelli, A. (2016). Historias orales. Narración, imaginación y diálogo. Rosario, La Plata: Prohistoria-FaHCE-UNLP.
Raina, A. y Larralde Armas, F. (2025). “Entre lo biográfico y lo colectivo: el archivo fotográfico de Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo- La Plata”, Ponencia presentada en las XII Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente, Ensenada, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP.
Raina, A. (2025). “Narrativas de la memoria: la mirada y la voz de Adelina Dematti de Alaye a través de su archivo”, ponencia presentada en el XX Congreso de Historia de los pueblos de la provincia de Buenos Aires, Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires.
Ricoeur, Paul (1988). L’identité narrative, Esprit, 140/141: 295-304.
Rosón, M., y R. M. Medina-Doménech (2017). Resistencias emocionales. Espacios y presencias de lo íntimo en el archivo histórico, en Arenal. Revista De Historia De Las Mujeres 24 (2):407-39.
Fuentes
Entrevistas a Adelina Dematti de Alaye realizadas por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires.
Cuaderno: “Cartas a mi hijo”. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires.
Carpeta sobre Carlos. Fondo Personal Adelina Dematti de Alaye Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires.
Fuente periodística: “El octubre rojo de los organismos”, Matías Ferrari, 24/03/2018 https://elgritodelsur.com.ar/2018/03/octubre-rojo-los-organismos
Recepción: 12/05/2026
Evaluado: 15/06/2026
Versión Final: 03/07/2026
(*) Doctora en Historia (UNLP), Licenciada en Historia (UNL). Becaria Posdoctoral. Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (CONICET - Universidad Nacional del Litoral / Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata) correo: andreac.raina@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0009-0009-6808-8356
[1] La única otra receptora que encontramos en medio del cuaderno es su nieta María Florencia, hija de Carlos nacida luego de su desaparición. Adelina le escribe una carta cuando se entera de su nacimiento, es la única en la que se dirige a otra persona que no es Carlos. También, en la primera hoja del cuaderno hay unas palabras de Oscar, un amigo de la familia que se refiere a María Florencia como “la única [flor] de esta primavera que ha nacido de noche”. Adelina cuenta, en una entrevista, que estas palabras la emocionaron mucho y por eso las transcribió, tiempo después, a la primera hoja del cuaderno de cartas a su hijo.
[2] “Con resistencias emocionales nos referimos a procedimientos delicados que elabora la gente tales como comportamientos, ideas, acciones, gestos, rumores, materiales, fotografías, canciones, olores, performances o palabras y que, provistas de afectividad, desafían potencialmente las diferentes formas de poder, estructural o normativo, y los regímenes emocionales que los sustentan. (...) [interesan] ciertos marcos mentales, intenciones, imaginaciones, deseos o marcos culturales claves en la configuración de las políticas emocionales cotidianas de las personas” (Rosón y Medina-Doménech, 2017, p. 14).
[3] En el original se encuentra resaltado por Adelina en fibrón naranja las palabras: 14 de octubre, hora 17, micro 60, seccional 5ta, "300" (personas) y "salí" (después de la una de la mañana del sábado 15). Subrayadas las palabras “desaparecidos” y “saben”.
[4] Fuentes de Familiares hablan de un millar de personas reunidas frente al Congreso de la Nación (Citadas en “El octubre rojo de los organismos”, Matías Ferrari, 24/03/2018).
[5] Boletín de Familiares y Carta de Madres al Consejo Episcopal Latinoamericano de septiembre de 1978, en el que relatan el episodio, detallando el número de detenidas y detenidos.
[6] Para reconstruir este acontecimiento nos asistimos con otras fuentes ya que “(…) el archivo no es ni reflejo del acontecimiento ni tampoco su demostración o prueba. Siempre debe ser trabajado mediante cortes y montajes incesantes con otros archivos” (Didi-Huberman, 2021, p. 26).
[7] El reconocimiento oficial lo hará el dictador Jorge Rafael Videla en conferencia de prensa el 13 de diciembre de 1979.
[8] Esto no fue para todos los Familiares y Madres igual. “El ‘microclima de los derechos humanos’ (…) era sumamente heterogéneo y en ese universo convivían distintas representaciones e ideas sobre cuál era la condición de los desaparecidos. Muchos familiares asumían la posibilidad de que sus hijos hubiesen sido asesinados. (...) las morgues y cementerios formaban parte de los lugares a los cuales los familiares se dirigían en busca de información. (...) Sin embargo (…) mayoritariamente los familiares se negaban a aceptar que los desaparecidos estuvieran muertos" (Crenzel, 2025, pp.172-173).
[9] “(…) el dispositivo es lo que regula la relación del espectador con sus imágenes en un cierto contexto simbólico. (…) este contexto simbólico es también, necesariamente, un contexto social, puesto que ni los símbolos ni, más ampliamente, la esfera de lo simbólico en general, existen en abstracto, sino que son determinados por las condiciones materiales de las formaciones sociales que los engendran. Así, el estudio del dispositivo es forzosamente un estudio histórico: no hay dispositivos fuera de la historia” (Aumont, 1992, p. 170).
[10] Esto, evidentemente tiene que ver con una época de elaboración de álbumes familiares, con fotografías analógicas, impresas.
[11] La primera foto podria pertenecer al mismo hecho, en medio de la procesión previa a la llegada a la Catedral.