FRANCO, M. (2023). 1983: transición, democracia e incertidumbre. Los Polvorines: Universidad Nacional de General Sarmiento. 214 págs.

 

 

 

 

 

 

 

Marina Franco es Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires y por la Universidad de París 7. Integra y coordina el Núcleo de Historia Reciente del IDAES-UNSAM y es miembro del Núcleo de Estudios sobre Memoria del IDES. Una obra reciente, 1983. Transición, democracia e incertidumbre (2023), publicada por la UNGS, se inscribe en la colección "Años cruciales", dedicada a examinar coyunturas decisivas de la historia nacional. El sello distintivo de la serie, y de este libro en particular, es el foco en la incertidumbre que atravesó a los actores sociales que vivieron esos períodos en contraste con las miradas teleológicas que suelen predominar en la reconstrucción histórica. Escrito durante el segundo semestre de 2022, el libro está pensado especialmente para las generaciones más jóvenes, con el objetivo de mostrar que la transición hacia la democracia no fue un camino prefijado hacia un final ya conocido. Destinado a un público amplio, dialoga con intervenciones públicas de Franco en podcasts y conferencias, donde la autora expone sus tesis con un lenguaje accesible.

El año 1983 constituye una bisagra en la historia argentina del siglo XX ya que cierra un largo ciclo de inestabilidad institucional iniciado en 1930 y, al mismo tiempo, abre paso a un nuevo período. Sin embargo, como advierte la autora, el gobierno entrante de Raúl Alfonsín se vivió en un clima de profunda incertidumbre, signado por los temores a nuevos levantamientos militares y por la fragilidad de un proceso que no tenía garantías de éxito. Frente a la certeza retrospectiva que naturaliza los cuarenta años de democracia ininterrumpida, Franco recupera aportes de la ciencia política que insisten en que los procesos de transición se caracterizan precisamente por la incertidumbre y la indeterminación. A diferencia de otros países de la región, como Uruguay, Chile o Brasil, donde las Fuerzas Armadas salientes lograron negociar condiciones de impunidad o cuotas de poder; en Argentina la salida fue por colapso o ruptura. Los militares se retiraron sin capacidad de imponer condiciones debilitados por la crisis económica, la derrota en Malvinas y un creciente rechazo social.

En el primer capítulo, "La dictadura se derrumba", Franco rastrea las causas del declive dictatorial con énfasis en el período 1979-1982. La historiadora organiza su análisis en torno a varios ejes que confluyen y se retroalimentan. Entre ellos, la crisis económica, que hacia 1981 generó desindustrialización, desempleo creciente y una inflación descontrolada del 130 por ciento anual, dando lugar a protestas barriales y ollas populares. Otro eje central es el cambio en las "condiciones de escucha" de la denuncia por violaciones a los derechos humanos. La autora muestra que, si bien los organismos de derechos humanos venían reclamando desde los inicios de la dictadura, sus voces no encontraron audiencia en amplios sectores de la sociedad hasta principios de los años ochenta. Fue entonces cuando la prensa comenzó a hacerse eco de los reclamos, la Iglesia Católica y el Poder Judicial se distanciaron del régimen, y el malestar social generalizado permitió que el "problema de los desaparecidos" ganara visibilidad y legitimidad. A estos factores se suman la protesta social y la recomposición de actores —con huelgas sindicales, la presión de la Multipartidaria y movilizaciones estudiantiles— así como el papel de Malvinas. Franco sostiene que la guerra, aunque aceleró el colapso, no fue su origen; ya que el proceso de erosión del régimen ya estaba en marcha entre 1980 y 1981. El capítulo cierra con el derrumbe del poder militar que se retiró sin capacidad de negociación y con un nivel de desprestigio social sin precedentes. Esto permitió que, en Argentina, a diferencia de otros países de la región, se abriera la posibilidad de investigar y juzgar los crímenes de la dictadura.

En el segundo capítulo, "Un poder desesperado, una sociedad en ebullición", Franco se concentra en el año 1983 cuando la salida electoral se vuelve inevitable y la cuestión de los desaparecidos se convierte en el eje del conflicto entre el régimen y la sociedad. Las Fuerzas Armadas conscientes de su debilitamiento intentaron asegurar su impunidad a través de dos iniciativas: el "Documento final de la Junta Militar", publicado en abril de 1983, donde los militares justificaban la represión y dejaban en manos del próximo gobierno la investigación sobre los desaparecidos, y la Ley de Pacificación o "autoamnistía". Esta última generó fuertes disputas internas en las filas militares porque igualaba a represores y guerrilleros. En paralelo, la autora contrasta las estrategias electorales de Ítalo Luder del peronismo que avaló la autoamnistía y mantuvo un perfil bajo frente a los militares, y la de Raúl Alfonsín del radicalismo que hizo sobre la denuncia de los crímenes y la promesa de justicia el eje de su campaña. Alfonsín capitalizó el hartazgo social hacia los militares y obtuvo un triunfo contundente, lo que permitió la creación de la CONADEP, la publicación del informe Nunca Más y la realización del Juicio a las Juntas Militares.

En el tercer capítulo, "Cultura, efervescencia y expectativas", Franco desplaza la mirada hacia el mundo de la cultura, entendido como un espacio donde las transformaciones sociales comenzaron antes y avanzaron con mayor velocidad que en la esfera política. La autora explora diversas manifestaciones culturales que atravesaron la transición. En relación al rock nacional, señala que, si bien no había nacido como un género de protesta hacia los años ochenta, se convirtió en un vehículo de expresión juvenil y crítica al autoritarismo con grandes recitales y nuevas bandas que llenaron estadios. En el teatro, destaca la experiencia de Teatro Abierto (1981-1983), un movimiento que reunió a directores, actores y dramaturgos que desafiaban la censura y reclamaban libertad de expresión. En el cine, observa un quiebre hacia 1982-1983 con películas que comenzaron a abordar temas antes vedados, como la corrupción, la violencia política y las complicidades civiles con la dictadura; se destacan títulos como Tiempo de revancha o No habrá más penas ni olvido. Las revistas contraculturales como Hum®, El Porteño o Cerdos & Peces introdujeron temáticas transgresoras vinculadas a la sexualidad, los nuevos estilos de vida, la ecología y la crítica política, en un contexto de relajación de la censura. Un punto especialmente novedoso es su atención a lo que denomina el "destape versión argentina". Se trató de la apertura hacia la sexualidad, que si bien tuvo un sesgo hetero-sexista y comercial, también abrió espacios para la visibilización del movimiento feminista y, hacia 1984, de la Comunidad Homosexual Argentina. La historiadora concluye que la ebullición cultural no fue un mero reflejo de los cambios políticos, sino un factor que los impulsó y aceleró, desbordando las cautelas de las élites partidarias y generando un clima de expectativas que contribuyó a consolidar el proceso democratizador.

En el epílogo, Franco analiza los primeros pasos del gobierno de Alfonsín con especial atención al proyecto de justicia, que combinaba lo que ella denomina "justicia limitada" y "verdad ilimitada". Visible, por un lado, en el juzgamiento a las Juntas Militares -y también a las cúpulas guerrilleras- y, por otro lado, en la creación de la CONADEP con la publicación del informe Nunca Más. Estas medidas fueron posibles gracias al derrumbe del poder militar y a la ausencia de un pacto que garantizara impunidad, un rasgo que diferenciaba a Argentina del resto de las transiciones latinoamericanas.

Además del análisis historiográfico, el libro incluye recursos que potencian su valor como herramienta de divulgación y enseñanza. Ofrece una bibliografía comentada con fuentes primarias y lecturas complementarias, una cronología del período 1979-1983 y una filmografía que permite explorar el clima de época y las representaciones del pasado reciente. El libro se completa con diecisiete imágenes que articulan el relato y funcionan como fuentes documentales visuales. Estos materiales lo convierten no solo en una obra de investigación rigurosa, sino también en un recurso didáctico pensado para ámbitos educativos.

En definitiva, el libro de Franco se inscribe en las mejores tradiciones de la historia reciente argentina, al combinar el rigor en el uso de fuentes con una escritura accesible y una mirada atenta a la contingencia y a la agencia de los actores. La incertidumbre que atravesó aquel año, lejos de ser una anomalía, se revela como un recordatorio de que la democracia es un proceso siempre inacabado, cuya legitimidad debe ser sostenida en el tiempo.

 

 

 

 

Agostina Paola López

Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA), Doctoranda en Historia (UCA)

UBA-UCA-CONICET

lopezagostina@uca.edu.ar

https://orcid.org/0000-0001-7374-0577