La docencia como plataforma de influencia pública: el caso de María Luisa Petetin (Argentina, principios del siglo XX)

 

Micaela Pellegrini Malpiedi (*)

 

 

Resumen

 

Este artículo reconstruye la trayectoria intelectual y profesional de María Luisa Petetín, una educadora argentina formada en la Escuela Normal de Rosario y en la Universidad Nacional de La Plata que, desde las primeras décadas del siglo XX, trascendió deliberadamente el ámbito escolar para proyectarse en la esfera pública. A través de una metodología que intercepta la historia de la educación con perspectiva de género y la historia cultural, el análisis se centra en sus condiciones de posibilidad en el contexto del proceso de feminización de la docencia, su particular despliegue de sociabilidad liberal en un entorno restrictivo, y su prolífica labor como escritora y editora.

Sostenemos que su caso no solo ilustra sino que permite cuestionar el estereotipo predominante de la maestra abnegada y confinada al aula. La investigación detalla cómo Petetin utilizó estratégicamente su rol y credenciales docentes para extender sus redes de influencia y acción, vinculándose de forma activa y visible con el incipiente movimiento feminista de la época. Simultáneamente, su participación en los espacios de cultura masónica le proporcionó una plataforma singular que le permitió construir y consolidar un perfil intelectual público notablemente poco convencional para las mujeres de su generación, desafiando así los límites tradicionalmente impuestos a su género.

 

Palabras clave: Rosario; La Plata; Magisterio; Educadora; Feminismo; Escritora

 

 

Teaching as a Platform for Public Influence: The Case of María Luisa Petetín (Argentina, Early 20th Century)

 

Abstract

 

This article reconstructs the intellectual and professional trajectory of María Luisa Petetín, an Argentine educator trained at the Normal School of Rosario and the National University of La Plata who, from the early decades of the twentieth century, deliberately transcended the school environment to establish herself in the public sphere. Through a methodology that intersects the history of education with a gender perspective and cultural history, the analysis focuses on her conditions of possibility within the context of the feminization of teaching, her particular deployment of liberal sociability in a restrictive environment, and her prolific work as a writer and editor.

We argue that her case not only illustrates but also challenges the predominant stereotype of the self-sacrificing teacher confined to the classroom. The research details how Petetin strategically used her teaching role and credentials to expand her networks of influence and action, actively and visibly engaging with the incipient feminist movement of the time. Simultaneously, her participation in Masonic cultural spaces provided her with a unique platform that allowed her to build and consolidate a public intellectual profile that was remarkably unconventional for the women of her generation, thereby challenging the limits traditionally imposed on her gender.

 

Key Words: Rosario; La Plata; Teaching Profession; Educator; Feminism; Writer.


La docencia como plataforma de influencia pública: el caso de María Luisa Petetin (Argentina, principios del siglo XX)

 

 

Introducción

 

Desde hace unas décadas, en el campo de la educación se viene desarrollando una línea de investigación que, en la intersección de la historia sociocultural de la educación y la historia de/con mujeres en perspectiva de género, analiza el paso de las mujeres por los inicios del magisterio. Un compendio de investigaciones nacidas al calor de la década del 90' (Yannoulas, 1996), ha advertido que las mujeres situadas en la Argentina de la bisagra de los siglos XIX y XX, ingresaron masivamente a estudiar como maestras en las Escuelas Normales de gestión estatal. Esta habilitación a lo público, se produjo a partir de una construcción estereotipada del rol docente. En concreto, ellas pudieron estudiar y luego desempeñarse como maestras de las primeras letras, porque enseñar significaba una extensión de sus funciones maternas y domésticas (Lionetti, 2007). Así, el modelo de maestra fue construido culturalmente como sinónimo de "segunda madre" y de "apostolado laico", adjetivaciones que entrampaban a las mujeres en un trabajo subsumido por la vocación y la abnegación, lo cual influyó decisivamente sobre sus experiencias vitales.

El ingreso de las muchachas al magisterio se dio mediante el mecanismo de inclusión/exclusión que caracterizó el paso de las mujeres por la historia (Barrancos, 2002); fue a su vez, una posibilidad concreta para acceder a un trabajo honrado, remunerado y con una proyección social inédita. Si hasta ese momento, ser esposa, madre y trabajadora doméstica no remunerada resultaba el camino aceptado para las mujeres de la bisagra de los siglos XIX y XX, con la llegada de las políticas educativas y el desarrollo del normalismo, ser maestra se ubicó como una de las pocas, pero significativas, posibilidades para el desarrollo personal y profesional de muchas muchachitas. Este fenómeno desencadenó en el proceso de feminización de la docencia (Lionetti, 2007), es decir, un desarrollo histórico mediante el cual, las mujeres ingresaron a la docencia a partir de un estereotipo sexista, pero muchas de ellas lo utilizaron como un trampolín de acceso a otros ámbitos de la escena pública. Lejos de ser una mera imposición, el magisterio se convirtió también en una herramienta de agenciamiento: si bien la profesión estaba culturalmente predeterminada por una lógica doméstica y maternal, ofreció a muchas mujeres una puerta de entrada a la esfera pública, un salario propio y una posición social que, a su vez, podía ser utilizada como plataforma para ampliar sus horizontes y su participación en la sociedad. Esta paradoja entre la sujeción a un mandato de género y la liberación que ofrecía el espacio relativo de autonomía, define la complejidad de esta experiencia histórica para las pioneras del aula (Caldo y Vignoli, 2013). Uniéndonos al unísono de estas investigaciones, en este trabajo nos aventuramos a analizar la trayectoria pública de la maestra normal, María Luisa Petetin, encontrando en ella un aspecto singular: fue una mujer versátil que enseñó, dirigió, escribió y, lo más notable para la época, perteneció a un triángulo masónico y fue editora del Boletín de dicha logia. Veamos.

María Luisa nació en Rosario el 5 de julio de 1894. Se tituló como maestra normal nacional en su ciudad en 1912 y luego como profesora en Enseñanza Secundaria en Pedagogía y ciencias afines -especialización en Ciencias Naturales – Zoología- en 1914 por la Universidad Nacional de La Plata. Entre 1914 y 1924 desarrolló parte de su trayectoria en La Plata, ejerciendo como maestra y posteriormente como profesora de psicología y metodología (Mikielievich, 1960). Allí entró en contacto con la cultura letrada universitaria y las corrientes librepensadoras y feministas. Años después regresó a Rosario, donde ejerció como la primera directora de la Escuela Nº 63 “Guillermo Almirante Brown” (en 1930) una institución pública ubicada en el barrio Mendoza, zona ubicada al oeste de la ciudad y alejada significativamente del centro rosarino (Veliscek, 2020). En una entrevista realizada a María Luisa por motivos del 50 aniversario de la institución ella relató:

En 1930 se nos encomendó, asesoradas por la inspectora señorita Celina Zapa, buscar un local para una escuelita de esta categoría en barrio Mendoza. Encontramos a tres cuadras de la calle que lleva el mismo nombre, una casita de tres piezas grandes, amplia galería y un pedacito de terreno libre al frente y otro al fondo. Las maestras, eran señoritas recién recibidas, alegres, cumplidoras, llenas de entusiasmo por sus tareas. El barrio era tranquilo, habitado por gente trabajadora, honesta, decente, había pobreza pero no miseria (Reseña Histórica de la escuela N° 63 Almte. Guillermo Brown, 2013).

 

Su proyección profesional unió el trabajo en las aulas con la escritura y la edición, dirigiendo la revista mensual "Escuela" y actuando como autora de libros y escritos pedagógicos y literarios. Entre dichas publicaciones encontramos "Mi Calle en la Niebla" (Petetin, 1926), "Los Jóvenes de mi país" (Petetín, 1948); "Apología de un maestro campesino" (Petetin, 1951); "Ejercicios de Composición" (Petetín, 1930) y "Mi escuela ideal" (Petetin, 1938). También en 1931 fue directora fundadora de la publicación mensual "Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe" y presidenta del "Triángulo Masónico Esperanza" dependiente de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe.

Consideramos que pesquisar más en profundidad sobre la vida de María Luisa permitirá analizar la docencia como una plataforma de acceso a la esfera pública en general y a espacios de sociabilidad masculinos por excelencia en particular. Creemos que la verdadera riqueza de reconstruir la biografía de Petetin reside en el juego con el contexto, ya que ello nos permitirá llenar los vacíos de su biografía utilizando datos de la época. Para llevar a cabo esta gimnasia investigativa nos auxiliaremos en la literatura desarrollada previamente. En primer lugar, los estudios que analizaron la participación de las mujeres dentro del movimiento feminista de las primeras décadas del siglo XX son de significancia (Barrancos, 2008; Barrancos, 2014; Becerra, 2009; Mollés, 2012-2013; Bustelo y Parot Varela 2020), pero no así, aquellos que indagan sobre las mujeres dentro de los grupos masónicos, lo que la convierte en una línea de investigación poco explorada (Barrancos, 2007) por el campo de la historia en general y de la historia de la educación en particular. Finalmente, recurriremos a los estudios que se preguntan sobre el binomio campo intelectual y mujeres del cual hay investigaciones al respecto (Fiorucci, 2013) que ponen en tensión el concepto clásico de intelectual (Altamirano, 2008) con los estudios que referencian a "otros intelectuales" (Fiorucci, 2013) especialmente a los que refieren a la agencia femenina. En este sentido, los trabajos de Rodríguez (2021) nos permiten problematizar sobre las escuelas normales como espacios dentro del sistema público, formadores de una relevante élite profesional femenina. También, de Rodríguez (2017) recuperamos las pesquisas que proponen entender a las maestras como "productoras culturales", es decir, como agentes sociales que desarrollaron sus intereses en el campo de la literatura, de la política y/o de la cultura escribiendo, produciendo conocimiento, mediando culturalmente, entre otras acciones. Finalmente, contamos con las pesquisas (Galván Lafarga, 2017 y Mosso, 2023) que reflexionan sobre maestras que escriben textos nacidos de la práctica pedagógica desde el concepto "escritoras didácticas".

Las herramientas metodológicas que hacen al estudio de historias singulares (Davis, 1976) allanan el camino para poder comprender los tránsitos de las maestras pero también para construir un mapa social más extensivo donde se entretejen personas, albores del contexto, prácticas, representaciones y conductas de las mujeres del pasado. Por lo cual, compartimos un enfoque metodológico de corte cualitativo, interpretativo y de análisis crítico de documentos, indagando entre el despliegue bibliográfico y biográfico que da cuenta sobre la vida de María Luisa. El corpus documental fue recuperado del Museo de la Ciudad de Rosario "Wladimir Mikielievich" y por la Biblioteca Pedagógica "Eudoro Díaz" de la misma ciudad. También hemos realizado entrevistas a integrantes de la logia local que no quisieron revelar su identidad. La disponibilidad de material de archivo, por incompleto que sea, el análisis de documentación inexplorada y las preguntas por el paso de las mujeres por la historia de la educación son elementos que permitieron esta investigación.

El artículo se divide de la siguiente manera: en el primer apartado trabajamos las primeras piezas biográficas de María Luisa poniéndola en diálogo con el contexto social pero también con la estructuración de las bases del sistema educativo argentino y de las escuelas normales. Luego, en la sección siguiente, nos ubicamos en la trayectoria profesional de la mujer estudiada ya titulada como maestra normal nacional. Allí, indagamos sobre las posibilidades que el título le ha ofrecido dentro del tránsito de redes de sociabilidad, entre ellas, la universitaria, el embrionario movimiento feminista y la cultura masona. Ya en un tercer apartado nos involucramos en su labor como escritora y editora. Nos preguntamos sobre qué escribe, para quién escribe y desde dónde escribe. Indagamos sobre la mixtura de elementos identitarios que caracterizaron a María Luisa a partir del uso de su pluma y de su trabajo como editora de publicaciones. Finalmente, proponemos unas reflexiones finales abiertas que prometen continuar con el ejercicio de indagación sobre María Luisa y el grupo de otras maestras con similares trayectorias. Pues consideramos que, reconstruir los trazos biográficos de esta mujer, no solo es otorgarle la atención histórica que merece, sino que con ello se contribuye a reconsiderar una historia colectiva que contemple a las mujeres para hacerlas visibles y recuperar sus pasos en la historia.

 

El recorrido biográfico de María Luisa, sus primeros años

 

Uno de los escritos más clásicos del campo de la historia cultural (Davis, 1976), subrayó la importancia de recuperar el método biográfico más allá del saber literario. Sostuvo que la construcción biográfica desde una perspectiva histórica resultaba una herramienta metodológica muy valiosa, aunque no despojada de conflictos para remediar las huellas de las mujeres en el pasado. En tal sentido, el despliegue de la agenda historiográfica de la historia de mujeres en perspectiva de género emprendió el plan de recuperar la agencia y la resistencia de las mujeres en la historia a partir de sus singularidades y experiencias vitales (Bolufer, 2014). En tal sentido, recuperar la experiencia de vida de María Luisa quedamos eximias de desarrollar una línea de vida nítida cargada de datos y situaciones descriptivas. Más bien, se trata de un ejercicio que pretende desde su trayectoria revisar en su conjunto las marcas de época en la que se inscribió: “permitiendo discernir las posibilidades de maniobra en el marco de las condiciones sociales, económicas y políticas, y de los discursos que (la) condicionan (pero no determinan absolutamente)” (Bolufer, 2014, p.87).

María Luisa nació a fines del siglo XIX, en concreto en 1894, en una Rosario (Santa Fe) muy distinta a la ciudad cosmopolita y en constante transformación que se convertiría tan solo unos años después. Para ese entonces, la incipiente urbe comenzaba a posicionarse tímidamente como una ciudad-puerto. Su ubicación geográfica abrazaba las aguas del Río Paraná, canal de navegación propicio para comercializar el modelo agroexportador del momento. Sus particularidades regionales se fortalecían con el crecimiento exponencial de su población mayoritariamente inmigrante y gracias a los cambios dentro del mercado laboral. Es necesario recordar que, entre los años 1851 y 1930, la Argentina recibió aproximadamente seis millones de inmigrantes. Esto trajo como resultado una mixtura socioeconómica e ideológica espinosa y diferencial, que a la larga marcaría los rasgos identitarios de la sociedad (Micheletti, 2010).

En estas condiciones todavía precarias de esa Rosario aun inexistente, suponemos que María Luisa Petetin cursó sus estudios en alguna escuela primaria. Para cuando nació, la cartografía escolar rosarina contaba con 149 escuelas y colegios habilitados, de ese total 121 eran privados. Un tiempo después, para el año 1900[1], cuando María Luisa contaba con cuatro años de edad, las muchachas que asistían a la escuela no eran más de 3004 (Mikielievich, 1960) augurándole a la niña Petetin un presente no muy prometedor. Pese a esta situación, cursó su educación común, y a posteriori  sus estudios pos primarios en una escuela normal. Dadas las condiciones de Rosario anteriormente descriptas, podemos advertir que perteneció a una familia con determinado capital económico, o al menos, correspondiente a un sector social aspiracional (González, 2021). Petetin continuó formándose y se unió al proceso de feminización de la docencia. Seducida por los discursos de época que postulaban a las mujeres como sujetos idóneos para cursar el magisterio, ingresó a la “Escuela Normal Superior N.º 2 J. M. Gutiérrez” de Rosario.

 

 

 

 

1º Promoción / Año de la foto 1912. En la foto se encuentra el primer Director Don Martín Herrera y la Vicedirectora Petronila Arnoldi. Las primeras egresadas fueron Luisa Beney, María Ángela Lemmi, María Luisa Petetin, Rita Darwinia Podestá, Aida Rodríguez y Emilia Sánchez.

Archivo: Comisión Directiva de la Asociación Civil "Ana María Benito".

 

 

La ciudad de Rosario contaba con dos Escuelas Normales que representaban dos modelos pedagógicos distintos. La primera fue la Escuela Normal N.º 1 "Dr. Nicolás Avellaneda", creada en 1879 como anexo del prestigioso Colegio Nacional N.º 1. Su establecimiento en Rosario, en lugar de la capital provincial, resultaba particular pues la política educativa de la época preveía normalmente una escuela normal por capital de provincia. Esta institución se alineaba con el paradigma positivista dominante, caracterizándose por métodos de enseñanza rígidos y un enfoque fuertemente estructurado del aprendizaje. Años después, surgiría una segunda institución normal en la ciudad, que respondía a las nuevas corrientes pedagógicas. Mientras la Normal N.º 1 mantenía su adhesión al modelo tradicional, esta nueva escuela se mostraba más receptiva hacia el revisionismo pedagógico de la Escuela Nueva. Dicho movimiento proponía una educación más centrada en el estudiante, con métodos más flexibles y una visión menos rígida del proceso educativo. María Luisa optó por dicha escuela, denominada “Escuela Normal Superior N.º 2 J. M. Gutiérrez” y fundada en 1910. Esta institución no solo ocupó el edificio de la anterior Escuela Superior Graduada “Gobernador Freyre”, sino que heredó su “espíritu ideológico”. La “Freyre” había sido reiteradamente acusada de impartir ideas “liberales… y atentatorias contra los principios tradicionales del hogar argentino” (de Miguel, 2001). Además, su directora, Graciana Burucuá, se alineaba con el pensamiento pedagógico crítico y cuestionaba la condición de las mujeres de la época (Pellegrini Malpiedi, 2023), consolidando un entorno formativo progresista que marcó la trayectoria de Petetin.

La Escuela Normal N.º 2 de Rosario no fue una institución que se erigió “de cero” y eso marcaria su tendencia ideológica a posteriori. Por su parte, Martín Herrera fue decretado como director de la institución y Petronila Arnoldi como vicedirectora, ambos de renombre dentro de los círculos de la pedagogía entrerriana y santafesina. Si bien, el cuerpo directivo provenía de la “cuna del positivismo”[2], sin oficializarlo, introdujeron a la nueva institución formas de trasmitir afines al escolanovismo discutiendo con las estrategias pedagógicas tradicionales a partir, principalmente, del Plan Dalton[3]. Si bien estas ideas educativas “tuvieron su origen en Europa y Norteamérica, asumieron en la Argentina una fisonomía propia, insertándose en una trama histórica particular delineada por el modelo pedagógico normalista” (Fernández y Welti, 2016). Por otro lado, la inquietud por los derechos de las mujeres, de los obreros y demás sectores postergados entraban en consideración. Como parte de esta orientación, podemos ver como la Escuela Normal N 2 creó la Universidad Popular de Rosario (1918), la fundación de la experiencia escolanovista Escuela al Aire Libre (1916), la Revista “Quit Novi” (1913), entre otras.

María Luisa Petetín experimentó en la Escuela Normal N.º 2 de Rosario una doble formación crucial. Por un lado, accedió a prácticas pedagógicas contestatarias que fomentaban el ejercicio crítico de la razón y una comprensión no convencional del acto educativo. Por otro lado, entró en contacto con ideas que desafiaban abiertamente el estereotipo hegemónico de la maestra abnegada, una marca identitaria que definiría toda su trayectoria profesional posterior. Este caso demuestra que, en localidades donde aún no existían universidades, las escuelas normales no solo formaban docentes, sino que funcionaron como activos circuitos culturales e intelectuales (Fiorucci, 2014). Incluso más allá, instituciones como la Normal N.º 2 de Rosario pueden ser consideradas verdaderos laboratorios donde se gestaron y circularon las primeras expresiones del feminismo, constituyendo un espacio de sociabilidad clave para el surgimiento de nuevas subjetividades femeninas (Pellegrini Malpiedi, 2023).

 

Feminismo, masonería y vida universitaria

 

Los tiempos en que le tocó vivir a María Luisa Petetin no fueron justos para las mujeres: “las convenciones y las normas de derecho otorgaban absoluta potestad a los varones, y era casi indiscutible la voluntad de los padres y maridos” (Barrancos, 2002, p.29). Por esto, podemos afirmar que la protagonista de esta pesquisa poseía una cuota de privilegios, pudiendo no solo cursar sus estudios en el magisterio rosarino, sino que el destino le tenía preparada una profusa trayectoria profesional.

Una vez obtenido el título de maestra normal nacional en 1912, María Luisa Petetin se muda a la ciudad de La Plata, Buenos Aires donde estudia el Profesorado de Enseñanza Secundaria en Pedagogía y ciencias afines especializándose en Ciencias Naturales (Zoología) en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.[4] En ese proceso de formación, se le otorga una beca de estudio para matricularse en Ciencias Naturales en el Museo de La Plata. No obstante, le fue suspendido a fines de 1914 por parte del Poder Ejecutivo debido a los recortes en el presupuesto nacional. Su nombre continúa en el listado de matriculados hasta 1917 (García, 2003).

La Universidad que alojaba esta casa de estudios fue creada a principios del siglo XX incluyendo “entre sus incumbencias la problemática pedagógica en un momento histórico en el que las mujeres consolidaban en el espacio público su rol como educadoras” (Vignoli, 2019). Fue entonces ésta, una institución elegida comúnmente por las mujeres que deseaban desenvolverse por fuera de las aulas de las instituciones de educación primaria, en tal caso, la titulación otorgada por la universidad, permitía una proyección profesional ampliada. Este fenómeno, no podría haber sido posible, sin la anterior alfabetización masiva que la educación común y obligatoria descansó en gran medida en el magisterio femenino. Entonces, si María Luisa y sus congéneres pudieron asistir a las universidades, fue porque previamente fueron alumnas primero y maestras después.

 

La Universidad Nacional de La Plata, fundada en 1906, fue la tercera en ser creada a nivel nacional. Posterior a la Universidad Nacional de Córdoba y a la Universidad de Buenos Aires, “la platense” presentaba características institucionales y epistemológicas que coincidían con el trazado de iniciativas laicas y, en consecuencia, de las iniciales acciones públicas impulsadas por las primeras agrupaciones del movimiento librepensador (De Lucía, 2005). Cuando Petetin llega a localidad de la Plata, la ciudad, pero sobre todo la sociabilidad universitaria de aquella localidad, experimentaba “proyectos colectivos atravesados por los intereses políticos de la cuestión femenina (…) que se proponían trabajar por la liberación femenina” (Rey, 2021). Era frecuente encontrar a mujeres transitando las aulas de esta alta casa de estudios en un intento por construir un asociacionismo entre la cultura científica, el socialismo, el librepensamiento y “un cuerpo de ideas que legitimaban la reformulación de las relaciones sexogenéricas del nuevo Estado-nación” (Bustelo y Perot, 2020).

En este contexto, comenzaban a surgir las primeras asociaciones de mujeres organizadas en ronda a los derechos de su “sexo”. Muchas de las universitarias platenses se adhirieron al embrionario movimiento feminista intentando evidenciar la situación de las mujeres y llamar la atención sobre la necesidad de reivindicar sus reclamos (su condición civil, el acceso a mayor educación, la accesibilidad a los derechos políticos, entre otros). Si bien, en aquel entonces el término feminista aun no era utilizado de manera hegemónica, para ese entonces, “había cruzado el Canal de La Mancha desde Francia (lugar donde se registran sus primeros usos) hacia Gran Bretaña y ya para el 1900 estaba usándose en muchas otras partes de Europa y América, dentro de esos territorios destaca Cuba y Argentina” (Manzioni y Fabiana Corrales, 2024, p.2).

Desde los centros universitarios surgieron las primeras expresiones político culturales nacidas del asociacionismo protagonizado por mujeres. Por ejemplo, en septiembre de 1906 se organizó en Buenos Aires el Congreso Internacional de Librepensamiento desde la Liga Nacional de las Mujeres Librepensadoras y cuatro años después el Primer Congreso Femenino Latinoamericano (1910) donde se trabajaron los tópicos más importantes de la agenda feminista tal como la separación de la Iglesia con el Estado; la legalización del divorcio y la laicidad escolar.  Desde aquí, docentes, universitarias, socialistas, anarquistas preocupadas por la reivindicación de las mujeres y sus derechos se reagruparon y proyectaron actividades de valiosa trascendencia. También desde la Universidad Nacional de La Plata surgieron las primeras publicaciones del movimiento feminista argentino: las revistas "Nosotras" (1901) y "La Nueva Mujer" (1909). Ambas fueron editadas por María Luisa Ramírez, una maestra normal uruguaya residente en La Plata.

Durante este período, las universidades funcionaron como canales de difusión tanto académica como política. La participación de estas mujeres trascendió los espacios institucionales, expandiéndose hacia otros ámbitos de intercambio y proyección política. Las estudiantes universitarias atraídas por las banderas del feminismo tendieron a agruparse y manifestar adhesión a corrientes socialistas o anarquistas, mostrarse afines al librepensamiento, participar en publicaciones editoriales o integrar comités y organizaciones, entre otras formas de militancia. En efecto, si bien se formó en la Plata una atmósfera ideológica y cultural ilustrada nacida en los pasillos universitarios, las feministas decidieron diversificar las luchas involucrando también el magisterio de tradición normalista, como así también obreras y/o mujeres de sectores sociales aspiracionales (Manzioni y Corrales, 2024). En este clima de época María Luisa Petetin cursó sus estudios superiores y con ellos, podemos suponer, habría reforzado los principios ideológicos incorporados en la Escuela Normal de Rosario.

Entre los espacios de sociabilidad que congregaban a mujeres con determinadas inclinaciones ideológicas, la masonería representó un ámbito singular. Aunque la participación femenina en estas logias era numéricamente reducida, en ese círculo restringido se encontraba María Luisa Petetin. Esta excepción puede comprenderse mediante el concepto de interseccionalidad (Viveros Vigoya, 2016), que permite analizar cómo las diferentes dimensiones identitarias (como género, clase social, capital económico y relacional) se entrelazaron en su caso, generando experiencias de privilegio únicas. Es probable que Petetin, al igual que otras mujeres masonas de la época, haya utilizado su filiación familiar, como hija, esposa o hermana de miembros, para acceder a una logia de adopción. Este habría sido el canal disponible para ingresar a espacios de poder, conocimiento y sociabilidades tradicionalmente vedados a las mujeres, permitiéndole transgredir, desde una posición estratégica, las barreras de género imperantes.

Ahora bien, queremos abrir aquí un paréntesis para explicar brevemente sobre las logias masónicas y su asentamiento en el país: “en Argentina, al igual que en Brasil, Uruguay y Chile, las primeras organizaciones masónicas nacionales habían brotado del aluvión traído por exiliados y emigrados franceses y, posteriormente, británicos, italianos, españoles o portugueses” (Mollés, 2012-2013, p. 149).  Específicamente, durante la bisagra de los siglos XIX y XX, en el centro del país, la tasa demográfica había aumentado en mayor proporción que la media nacional. El fuerte crecimiento estuvo vinculado con el proceso de migración europeo que le concederá al territorio un carácter poblacional heterogéneo. Una mixtura de nacionalidades, religiones y costumbres dieron tonalidad específica a un territorio donde algunos grupos de inmigrantes se asentaron en colonias más o menos homogéneas, en muchos casos, persiguiendo el objetivo de preservar determinadas tradiciones de origen. Resulta posible pensar a “estos recién llegados” con funciones de operadores de las ideas del librepensamiento y valores masónicos. Estos extranjeros requerían de un canal para poder conducir sus ideas y acciones políticas, pues en ese momento no contaban con un partido político que pueda responder a sus demandas y necesidades, que los convocara políticamente y que les permita desplegar diálogos con la elite provincial. El asociacionismo masónico, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se caracterizó por dos factores clave, su vínculo preferente con las élites de poder y su lugar central en el desarrollo de la vida pública (Bonaudo, 2006). 

En efecto, debido al acercamiento que la masonería emprendió con las tendencias liberales, se identificó con la identidad laica y anticlerical de los gobiernos de la época. Consecuentemente, la masonería operó como una nueva cultura asociativa que buscaba solucionar las necesidades nacidas al calor de un Estado capitalista en incipiente construcción que demandaba formas liberales de producción y relaciones sociales. El leitmotiv del agrupamiento se sostenía de manera voluntaria por el compartimiento de determinados valores e ideales. Fundamentalmente, aquellos orientados a la educación pública, la de las primeras letras a los fines de erradicar el analfabetismo y la superior como espacio de formación para la clase dirigente (Bonaudo, 2006).

Cerrando el paréntesis, es posible identificar una estrecha vinculación entre la masonería femenina y los movimientos feministas de inicios del siglo XX en Argentina. Los grupos masónicos funcionaron como espacios de lucha cultural para las primeras generaciones de feministas nacionales. Al revisar el listado de las primeras mujeres iniciadas en logias, se constata que muchas compartían esta orientación: “las mujeres fueron, sin embargo, las verdaderas proveedoras de las personalidades que abogarían por la secularización y por las libertades laicas” (Barrancos, 2008, s/p). Quienes impulsaron acciones y publicaciones en el amplio espectro de los reclamos femeninos fueron mujeres vinculadas a dichos espacios de sociabilidad. Ejemplos emblemáticos incluyen a Juana Paula Manso, Alicia Moreau, Julieta Lantieri, Raquel Camaña y María Luisa Ramírez. Incluso, las revistas “Nosotras” (1901) y “La Nueva Mujer” (1909), impulsadas por esta última, funcionaron como órganos de difusión masónica. Ramírez constituyó una figura crucial para el feminismo rioplatense, particularmente por sus conexiones transnacionales con referentes como Belén de Sárraga, quien “visitó la enorme mayoría de nuestros países (…) ejercitando su verbo encendido, de bella articulación, en el que alegó a favor de los derechos cívicos de las mujeres” (Barrancos, 2014, p. 18). La circulación interoceánica de intelectuales como Sárraga facilitó la transmisión de ideas librepensadoras desde Europa. Paralelamente, otras figuras hispanas como la escritora y activista social Concepción Arenal, aunque sin registro de visitas a Argentina, ejercieron notable influencia en los círculos feministas y masónicos locales, llegando a ser homenajeada por las filas liberales del normalismo rosarino (Pellegrini Malpiedi, 2020).

Esta articulación se extiende a la relación entre la acción masónica y las primeras generaciones de maestras normales argentinas. El acceso a la cultura letrada que brindaba el magisterio situó a estas mujeres en un espacio privilegiado dentro de los círculos intelectuales donde predominaba el librepensamiento. Aunque la participación femenina en espacios de sociabilidad era reducida, “la poca representatividad femenina que ocupara estos espacios eran fundamentalmente integrantes del magisterio: así como mujeres instruidas que no se desempeñaron como tales pero que habían pasado por el sistema educativo” (Vignoli, 2019, s/p).

Los circuitos de sociabilidad femenina seguían una trayectoria escalonada: las escuelas normales proporcionaban la formación inicial en pedagogía y otros saberes con carga ideológica; luego, los centros feministas funcionaban como espacios de agenciamiento y concienciación; finalmente, las mujeres con mayor capital relacional o habilidad estratégica accedían a las logias masónicas, espacios predominantemente masculinos que, no obstante, presentaban fisuras por donde algunas lograban infiltrarse, consolidando así su presencia en la esfera pública.

 

Las ideas de Petetin

 

María Luisa Petetin desplegó una sociabilidad ampliada con integrantes de la cultura letrada de La Plata y de Rosario. Ese capital relacional tuvo impacto en otras de las actividades que desarrolló: la de escribir y editar. Escribió sobre pedagogía, escribió cuentos infantiles que bien podrían estar destinados a alumnos y/o alumnas y sobre la situación de las mujeres en la sociedad con un tono crítico y activista. Este rasgo, sumado a su participación en la masonería rosarina, le otorgó cierta singularidad. Fue una mujer que atravesó espacios, que se movió en territorios fronterizos que requerían de cierta audacia y rebeldía para transgredir el rol asignado por la sociedad del momento.

Sabemos, que el acceso de las mujeres al mundo de la escritura y la lectura no ha sido sin resistencias. Sus primeras experiencias estuvieron ancladas en las letras performativas, en aquellos saberes que perseguían la meta de “producir, en el estado práctico, comportamientos o conductas consideradas legítimas y útiles” (Chartier, 1994, p. 53.). Subsumidas al “saber hacer” en detrimento de su capacidad intelectual, las mujeres se vieron habilitas a escribir en la bisagra de los siglos XIX y XX expresiones de su intimidad (la epístola y el diario íntimo) y notas prescriptivas de los saberes femeninos (recetas de cocina, consejos para el hogar, puericultura, entre otras) (Caldo, 2017).

A pesar de los mandatos de género, muchas maestras encontraron intersticios para transgredir los géneros escriturarios prescriptos. Combinaron notas íntimas con textos de posición política, cultural y educativa. El acceso a la cultura letrada que brindó el magisterio, punto de partida en la trayectoria de María Luisa Petetin, permitió a estas mujeres escribir sobre temas ajenos a los estereotipos de su sexo, expresándose en prensa periódica, literatura y pedagogía. Así, “el mundo editorial fue una conquista posterior que vino a poner en circulación pública la profusión de las ideas conservadoras por la escritura manuscrita” (Caldo y Pellegrini Malpiedi, 2019, p.19).

La primera experiencia en el mundo de las letras que hemos podido localizar de María Luisa es la poesía “Mi Calle en la Niebla” (Petetin, 1926). La obra, de carácter literario, fue publicada en la “Revista Nosotros”, una revista mensual de letras, arte, historia, filosofía y ciencias sociales dirigida por Bianchi, Alfredo[5] y Guisti Roberto[6] y en sus páginas cobijaba a personajes de la cultura general. Poco después, publica un libro de su autoría “Ejercicios de Composición” (Petetín, 1930). Aquí, la escritura es exclusivamente pedagógica, desde la cual la escritora desarrolla un método de enseñanza para aprender a escribir. El libro fue el primero publicado por la Editorial Ruiz, firma editorial perteneciente a Laudelino Ruiz, un inmigrante español reconocido por su labor con sus libros, por las tertulias realizadas en su local donde frecuentaban docentes, médicos, poetas y demás integrantes del clima cultural rosarino y por su pertenencia masónica.

Luego, años después, María Luisa es nombrada directora de “Escuela: Revista Mensual de Educación”, fundada en el año 1935 como iniciativa del “Ex Consejero Escolar N.º 380 Carlos Ezcurra” de la ciudad de Rosario. La misma, también fue editada por la Librería y Editorial Ruiz y pretendía “expresar sus anhelos, sus observaciones, sus puntos de vista, sus dudas a todos los maestros enamorados de su profesión; cuyas páginas sean lazo de simpatía entre el hogar y la escuela” (Petetin, 1935, p.1). Era una publicación que contaba con 30 páginas aproximadamente, y conservaba artículos de diferente naturaleza. Por un lado, estaban aquellos que se referían a cuestiones pedagógicas y literarias. También contaba con la sección “Páginas Infantiles” y “Cuentos”. 

Pero María Luisa no solo dirigía esta revista, sino que también escribía varias de los artículos que se publicaban. Generalmente era la autora del texto principal y luego de otros vinculados ya sea, con la pedagogía o con la literatura infantil. Por ejemplo, en el número 1, año II (1936), es autora de cuatro escritos: “La gran derrota”; “Clases de lectura silenciosa”; “Humahuaca” y “el Reino de los Ojos Cerrados”. Mientras que en el primer escrito despliega una reflexión sobre la Guerra Ítalo-Etíope (1935-1936); en el segundo se involucra de lleno con los métodos de enseñanza. En específico redacta a modo de diálogo la forma en que se debe enseñar la lectura en niños y niñas de 6to grado. Por su parte, “Humahuaca”, es un texto que propone sumergir a sus lectores y lectoras en la geografía argentina y “el Reino”… es un cuento pensado para niños y niñas en edad escolar. Al finalizar el escrito aparece firmado con el nombre “María Luisa” por lo que suponemos que es de su autoría.

Algo similar ocurre con el resto de los números. Petetin escribe entre tres y cuatro artículos y todos son de diferente género. La directora de la publicación se muestra versátil y cómoda escribiendo sobre pedagogía, sobre temas coyunturales de interés como cuentos infantiles. Para el caso del número 2, año 2 (Petetin, 1936, p. 1) escribe “¿Técnica? No, ¡Espíritu!” para referirse a formas de enseñar a leer y el cuento “El niño paralítico” para infantes. Otro ejemplo significativo es el texto que escribe en el número 4, año II, denominado “No queremos métodos extranjeros”. Desde allí, con su pluma logra poner en palabras algunos de los debates pedagógicos que atravesaban las escuelas de entonces:

 ¡No queremos métodos extranjeros!

Hemos oído esta exclamación, de muchas bocas: de gentes sin instrucción, de maestros, de inspectores, de altas autoridades del gobierno escolar.

Y al escucharla se nos ha ocurrido una pregunta: ¿Dónde están los métodos argentinos?

¿Creen todas esas personas, enemigas de lo extranjero, en la argentinidad de los viejos métodos, de uso corriente en nuestras escuelas? ¿Tienen noticias fidedignas de Pestalozzi y Herbart, cimiento de nuestra vieja pedagogía, nacieran en nuestro país?

(…) Muchos maestros estamos convencidos que el método Decroly, el Dalton, el Winnetka, el Coussinet son perfectamente aplicables en nuestras escuelas (Petetin, 1936, p. 3).

 

Por último, hemos podido rastrear huellas de María Luisa publicadas en dos libros, “Los Jóvenes de mi país” (Petetín, 1948) y “Apología de un maestro campesino” (Petetin, 1951). Para ese entonces, ya tenía 57 años de edad. En la primera obra, Petetin reflexiona sobre la situación, los desafíos y las potencialidades de la juventud argentina de posguerra, abogando por una educación que los forme como ciudadanos críticos y comprometidos con la realidad nacional. La segunda obra, "Apología de un maestro campesino", constituye una defensa y reivindicación de la figura del educador rural, ese maestro que, lejos de los centros urbanos, enfrenta el aislamiento y la precariedad con una vocación casi anónima. Coherente con las ideas pedagógicas renovadoras de su época, Petetín habría resaltado en ambos escritos el vínculo esencial entre educación, territorio y transformación social, temas centrales en su pensamiento como pedagoga.

El conjunto de escritos que compartimos hasta el momento referencian a temáticas vinculadas con la labor docente. Los textos recientemente descriptos revelan el lugar de una maestra que realiza el ejercicio de la escritura alternado y entreverado con los saberes áulicos. En efecto, María Luisa utiliza su pluma para “recomendar” formas y contenidos. Formas de enseñar que a ella le habrían resultado factibles en la práctica, reflexiones pedagógicas que fue construyendo a lo largo de su trayectoria y contenidos que consideraba útiles para el desarrollo del currículum escolar. Entonces, su letra escrita en las revistas pedagógicas estaba destinada a colegas a quienes ofrecía alternativas educativas para planificar y trabajar en el aula.  Para estos casos se ha delimitado el término “escritoras didácticas” (Galván Lafarga, 2017) para analizar el tratamiento del estereotipo de género mujer-maestra y los gestos que volvieron escritoras a las primeras generaciones de educadoras. También se realizó una tesis de doctorado (Mosso, 2023) estudiando a un grupo de maestras que emprendieron el trabajo de elaborar la bibliografía prescriptiva para ser usada en las aulas de las escuelas primarias argentinas. Es decir, el ejercicio de escribir por parte de María Luisa no la ubica en un lugar de excepción, sino que se une al unísono de otras maestras que utilizaron la pluma para expresar sus prácticas e ideas del campo educativo. 

Es por esto que el aporte de esta investigación se centra en el paso de Petetin como parte del Triángulo Masónico “Esperanza” dependiente de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe y su rol como escritora y editora en tanto masona. En principio, su iniciación a esta práctica asociativa se dio en el marco de la masonería de adopción, pues la Gran Logia de Argentina desde sus inicios se ha visto adscripta a los postulados de la Gran Logia Unidad de Inglaterra, asociación que no permitía el acceso a las mujeres. Pero en la década del 30’ cristaliza una fractura al interior de la Gran Logia y se constituye el Gran Oriente Federal Argentino (GOFA). En este periodo, surgen las Órdenes de Adopción para la masonería de mujeres, las cuales eran posibles siempre y cuando se encuentren “bajo la protección de un taller simbólico regular que vela por ellas y atiende a sus trabajos” (Campos, 2019, p.4). Tal es el caso de la Gran Logia Provincial de Santa Fe de la cual dependía el Triángulo Masónico en el que participaba María Luisa.

Archivo personal

 

Las mujeres masonas no presentaron el mismo “deber ser” en las logias que los varones: “Se sabe bien que la masonería se caracterizaba ampliamente por sus posiciones misóginas, que las mujeres sólo pudieron participar de manera rala y que en la enorme mayoría de los círculos ni siquiera se las admitía” (Barrancos, 2007, p.105). En efecto, el término “adopción” ya demuestra en su exclamación cierto tinte de inferioridad de las “hermanas” quienes se encuentran presididas por una logia conformada por varones. Además, la mujer era ubicada como la encargada de las tareas del hogar y de la educación de sus hijos, aunque alejadas de los preceptos de la Iglesia Católica. Los varones, presentaban como parte de sus tareas “ejercer una decidida influencia intelectual para sustraer a las mujeres de los tentáculos del error, del engaño y de la opresión religiosa” (Barrancos, 2007, p.126).

Pese a esto, entre las luces y sombras que caracterizó el paso de las mujeres por la historia, poder participar de la masonería le permitió a María Luisa vincularse de manera más cercana con intelectuales y políticos de la época. Sus relaciones sociales oscilaron entre las esferas de la educación, el feminismo y el anticlericalismo. Y desde ese lugar pudo ejercer también como escritora y editora de artículos, libros y revistas. En primer lugar, ya hemos visto que sus libros y sus ejemplares editados sobre pedagogía y literatura fueron publicados entre la década del 20’ y el 30’ habiendo salido a la luz desde una editorial que pertenecía a las redes de sociabilidad masónica de Rosario. Podemos suponer que su vínculo con Ruiz habría hecho menos espinoso el trayecto de la maestra para poder escribir y publicar. En segundo lugar, desde su iniciación masónica en la década del 30’, María Luisa fue directora del “Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe” (1931).

“El Boletín…” era una publicación semestral de no más de 25 de páginas donde se alternaban noticias vinculadas sobre la influencia de la masonería en varios aspectos del país. Por ejemplo, sobre la participación de algunos hermanos masones en la creación del Himno Nacional, sobre los debates impulsados sobre la educación laica o las ideas que la masonería mantenía sobre el valor universal de la política. Por otro lado, se daba importante significancia a las mujeres, presentando textos sobre las tenidas blancas de algunas logias femeninas e incluso publicando un artículo sobre las definiciones científicas de las mujeres; excusas para debatir sobre su rol dentro de una sociedad patriarcal (Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe, 1932). En concreto, vemos aquí, que detrás de la publicación hay una mujer masona que editorializa la revista auscultando a la mujer maestra.

Dicho esto, insta a hacernos una pregunta que pone en franco vínculo el uso de la pluma en su trabajo editorial ¿fueron acciones que la hizo desde una identidad normalista y desde su misión educadora?  En primer lugar, ubicamos a María Luisa dentro del concierto de otros intelectuales (Fiorucci, 2013, p. 9) y de productoras de conocimiento (Martínez, 2013) para pensar en aquellos sujetos cuya proyección en la cultura letrada ha sido de significancia, mas no acreditan como intelectuales tal como se piensa esa categoría desde la literatura más clásica (Altamirano, 2008). Pero, en segundo lugar, adherimos a los estudios que se preguntan sobre el modo en que la identidad normalista y/o la idea misional propia del magisterio se infiltra en la proyección intelectual de las maestras (Fiorucci, 2023.). Es decir, si bien, por un lado, las escuelas normales eran los espacios que habilitaban a las docentes a escribir y publicar, por el otro ¿también era un limitante a la hora de desenvolverse por fuera de esa identidad? Al respecto, podemos responder que sí y que no.

Si, porque así como lo ha establecido la línea de investigación sobre la feminización de la docencia, la mujer ingresó a las escuelas normales bajo el modelo androcéntrico de la “segunda madre”. La dulzura y la abnegación se unieron al modelo de “misionero laico”, es decir, al ejercicio de enseñar sin esperar redistribución económica. El valor del trabajo docente se vinculó entonces con el reconocimiento social y la importancia de la tarea para la “civilización”.  Este estereotipo caló hondo en la identidad de las docentes tanto que, pese a mantener una vida activa en el campo intelectual, su proyección estuvo vinculada frecuentemente con el campo educativo.

Y no, porque para el caso de María Luisa, podemos observar que, si bien sus elecciones formativas estuvieron siempre vinculadas con lo educativo, no así con lo que ella escribió y editó desde su lugar de masona. En efecto, fue en una de las revistas que ofició como directora, la publicación “Escuela…”, desde donde supo desplegar textos que cuestionaban fuertemente el status quo de la sociedad. Entonces, más que filtrarse su identidad de maestra en los escritos como masona, fueron los ideales del librepensamiento los que incurrieron en sus textos pedagógicos:

El hombre ha destruido o intentado destruir en la mujer, toda preocupación ajena al cumplimento de sus funciones reproductoras; se asignó el campo de los negocios, de las conquistas manuales y mentales (…) las mujeres inteligentes y cultas, advirtieron en todo momento de la historia, lo injusto de sus condiciones en la sociedad, y lucharon aisladamente, primero, para llevar a las conciencias la preocupación por el mejoramiento femenino (…) andan por el mundo, feministas que quieren para la mujer idénticos derechos y deberes, idéntica libertad que para el hombre (Petetin,  1936, p.24).

 

También, su letra fue usada críticamente contra las coyunturas de la política mundial. En el número 6 y 7, año II Petetin sostuvo:

 

Usó el fascismo una táctica maquiavélica; procuró ante todo la división del proletariado, predicando la necesidad de separación de sus partidos; explotando en contra del proletariado a la burguesía, por su parte, y por el otro el peligro bolchevique; provocando huelgas generales que exigían represalias, abandonando a la burguesía, y constituyéndose en partido frente a ella, una vez conseguido el fraccionamiento del proletariado (Petetin, 1936, p.1).

 

Entonces, si bien la dirección en revistas y la escritura resultó una constante para algunas mujeres del magisterio, la pluma activista de la “María Luisa masona” se entreveró entre textos pedagógicos, literatura infantil y poesías. Tal vez, su singular trayectoria habría tallado la idea misional de su tarea docente con los propósitos del librepensamiento y no a la inversa.

 

Reflexiones finales

 

Este escrito se propuso recuperar la agencia de María Luisa Petetin, una figura relevante en el movimiento feminista e intelectual argentino de principios del siglo XX. A través de su trayectoria, se evidencian tanto los límites impuestos por su época como las posibilidades que le brindó el magisterio, el cual funcionó como plataforma para acceder a otros espacios públicos. La investigación permitió reconstruir sus redes de sociabilidad y sus prácticas de escritura y edición masónica, realizadas en un contexto marcadamente androcéntrico.

El análisis de su recorrido profesional revela, en primer lugar, el papel fundacional de la Escuela Normal N.º 2 de Rosario como su espacio inicial de contacto con pedagogías críticas y primeras lecturas sobre el patriarcado. En segundo término, se examinó la imbricación entre librepensamiento, masonería y feminismo en la formación normalista y universitaria, siguiendo la trayectoria de mujeres que, como Petetin, tras egresar de las normales accedieron a la universidad y protagonizaron un asociacionismo orientado al feminismo y la libertad de pensamiento. Particularmente, su labor como escritora y editora le permitió amplificar su voz más allá de las aulas, dirigiendo publicaciones como la revista "Escuela" y el "Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe", donde articuló discursos pedagógicos con reivindicaciones feministas. Finalmente, el estudio de su producción escrita permitió comprender la tensión entre su identidad como maestra, sujeta al estereotipo de la abnegación, y su perfil más combativo.

No obstante, reconstruir una trayectoria como la de María Luisa Petetin no estuvo exento de desafíos metodológicos propios de la historia de las mujeres. Al igual que ha señalado Natalie Zemon Davis (1976) al recuperar las vidas de personas singulares del pasado, nos enfrentamos a un archivo fragmentado, disperso y, en muchos casos, silenciado por las propias dinámicas de producción y preservación del conocimiento histórico. En este sentido, el contexto histórico se convierte en una suerte de "paraguas" interpretativo que permite cubrir los vacíos biográficos y dar coherencia a los fragmentos. Justamente, más que centrarnos en la falta, nos propusimos utilizar el conocimiento denso de la época para formular hipótesis plausibles sobre los espacios de maniobra, las estrategias de legitimación y las zonas de silencio que orientaron la vida de Petetín. El contexto nos permite imaginar qué caminos estaban disponibles para una mujer de su clase y formación, qué gestos de resistencia eran posibles sin caer en el descrédito público, y por qué ciertos aspectos de su vida intelectual solo nos han llegado de manera oblicua, en las páginas de un boletín masónico o en una poesía apenas citada. Así, la biografía histórica se convierte en un diálogo entre las pruebas tangibles y el entramado de posibilidades que el pasado ofrece, sin caer en la ficción, pero tampoco en la aceptación resignada del silencio archivístico. Reconstruir los trazos de Petetín es, entonces, resignificar la carencia como fuente y al contexto como método, para que su nombre no quede reducido a un dato marginal, sino que se integre en una historia colectiva todavía en construcción.

 

Bibliografía

 

Altamirano, C. (2008). Historia de los intelectuales en América Latina I. La ciudad letrada, de la conquista al modernismo. Katz.

Barrancos, D. (2002). Inclusión/Exclusión. Historia con mujeres. Fondo de Cultura Económica.

Barrancos, D. (2007). Imágenes del deber ser masculino y femenino en el periódico masón Tribuna Liberal (1909 - 1911). Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, XVIII (28-29), 103-126.

Barrancos, D. (2008). Masonas, librepensadoras y feministas en la Argentina (1900-1912). En Altamirano Carlos (comp.) Historia de los intelectuales en América Latina. Katz Editores.

Barrancos, D. (2014). Participación política y luchas por el sufragio femenino en Argentina (1900-1947). Cuadernos Intercambio sobre Centroamérica y el Caribe, 11.

Becerra, M. (2009). Marxismo y feminismo en el primer socialismo argentino. Enrique del Valle Iberlucea. Prohistoria Ediciones.

Bolufer, M. (2014). Multitudes del yo: biografía e historia de las mujeres. Ayer, (1), 85-116.

Bustelo, N. y Parot Varela, P. (2020). Los primeros feminismos universitarios de Argentina. Entre la cultura científica y la aceleración de los tiempos emancipatorios. Historia y problemas del siglo XX,  11, 13, 13-30.

Caldo, P. (2017). Un cachito de cocinera. Mujeres, libros y recetas de cocina en la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX, Editorial Casagrande.

Caldo, P. y Vignoli, M. (2013). Presentación Dossier (Parte I): "Maestras, prácticas, género e historia: hacia una historia de la educación con mujeres en los tiempos de la consolidación de los sistemas educativos. Anuario De Historia De La Educación17(2), 52-56.

 Caldo, P. y Pellegrini Malpiedi, M. (2019). El manuscrito culinario de Leticia Cossettini. Enseñanzas, recuerdos, reflexiones y recetas. Casagrande.

Campos, M. J. (2019). Masonería y Mujer, s/e.

Chartier, R. (1994). Cultura popular: retorno a un concepto historiográfico. École des Hautes Etudes en Sciencies Sociales de Paris.

de Miguel A., et al. (2001). Dolores Dabat y una “Escuela para ser feliz", XII Jornadas de Historia de la Educación, Rosario.

De Lucía, D. O. (2005). El movimiento librepensador en Argentina (1890-1920). Cuadernos de trabajo del Centro de Investigaciones Históricas del Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional de Lanús, 10, 3-38.

Fernández, M. C. y Welti, M. E. (2016). Más allá de lo escolar: definiciones pedagógicas y discurso visual. Análisis de la revista ¿Quid Novi? (Rosario, 1932 – 1934). Archivos de Ciencias de la Educación, (10).

Fiorucci, F. (2013). Presentación. Dossier: los otros intelectuales: curas, maestros, intelectuales de pueblo, periodistas y autodidácticas. Prismas, Revista de Historia Intelectual, (17), 165-168.

Fiorucci, F. (2014). Maestros para el sistema de educación pública. La fundación de escuelas normales en Argentina (1890-1930). Revista Mexicana de Historia de la Educación, II (3), 25-45.

Fiorucci, F. (2023). El maestro y la maestra como figuras intelectuales. En Laguarda Paula y Abbona Anabela (eds.)  Diálogos sobre cultura y región: políticas, identidades y mediación cultural en La Pampa y Patagonia Central (siglos XX y XXI). IEHSOLP.

Galván Lafarga, L. E. (2017). Maestras urbanas y rurales, siglos XIX y XX (colección Las Maestras de México 3. Secretaría de Cultura/ INEHRM.

González, M. S. (2021). Las mujeres de la Agrupación Artística Maná: vínculos entre docencia y gestión cultural, Azul, años treinta y cuarenta. Avances del Cesor, 18(24).

García, S. (2003). El Museo de La Plata y la divulgación científica en el marco de la extensión universitaria (1906 - 1930). Trabajo de tesis para optar al grado de Doctor, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata.

Lionetti, L. (2007). La misión política de la escuela pública. Formar a los ciudadanos de la república (1870-1916). Miño y Dávila Editores.

Manzioni, G. y Corrales, F. (2024). Nosotras, orígenes del feminismo en el Río de la Plata (1902-1904). Hilos documentales, 4(8).

Martínez, A. T. (2013). Intelectuales de provincia: entre lo local y lo periférico. Prismas. Revista de historia intelectual, 17(2), 169-180.

Micheletti, M. G. (2010). Inmigración y religión en Santa Fe: ¿unidad nacional y de creencias o liberalismo cosmopolita? Épocas (3), 136.

Mikielievich, W. (1960) La instrucción pública en Rosario. Comisión redactora de las “Historias de las instituciones de la provincia de Santa Fe. Separata tomo V, 1ra parte. S/E.

Mollès D. (2012-2013). Transferencias y luchas culturales transatlánticas: feminismo, librepensamiento y redes masónicas entre Europa y América (1860 – 1910). REHMLAC, 4, (2), 89-112.

Morgade, G. (comp.). (1997). Mujeres en la educación. Género y docencia en la Argentina (1870-1930). Miño y Dávila.

Mosso, A. (2023). Maestras productoras de saberes. Prácticas de escritura, trabajo editorial y disputas intelectuales. Argentina, primeras décadas del siglo XX. Revista De La Escuela De Ciencias De La Educación2(18), 107–114.

Pellegrini Malpiedi, M. (2020). Bernardina y Concepción: dos mujeres, dos continentes y una misma causa. Arenal. Revista De Historia De Las Mujeres27(2), 613–630.

Pellegrini Malpiedi, M. (2023). Graciana, Juana Elena y Yole: entre el aula, la dirección y la producción de saberes didácticos (Revista Escolar del Rosario de Santa Fe, 1891 y 1893). Raudem, Revista de Estudios de las Mujeres, 11, 66-85.

Rey, A. L. (2021). María Abella de Ramírez: librepensadora, maestra, periodista y feminista en Nosotras y La Nueva Mujer. La Caja Feminista, Mora, 27.

Rodríguez, A. M. (2017). Masones en el interior argentino: su funcionamiento, sus redes de vinculación y su disidencia religiosa (1907-1924). REHMLAC+, 9(2), 176-193.

Rodríguez, L. G. y Petitti, E. M. (2021). Historia de la Escuela Normal de Paraná (1871-1969). Teseo. 

Elisabet, V. (2020). Temáticas escolares y cultura gráfica: ilustradores y decoradores en la revista ¿Quid Novi? (1932-1934). S E P A R A T A, Segunda Época, año XVIII, nº 26, 69-101.

Vignoli. M. (2019). Congresos científicos latinoamericanos y estudios universitarios entre las expectativas de las maestras tucumanas, principios del siglo XX. Trabajos y Comunicaciones (49), e074.

Viveros Vigoya, M. (2016). La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación. Debate Feminista, 25.

Yannoulas, S. (1996). Educar: ¿una profesión de mujeres? la feminización del normalismo y la docencia (1870-1930). Kapelusz.

Zemon Davis, N. (1976). “Women’s History in Transition: The European Case”. Feminist Studies, 3, 83-84.

 

Fuentes utilizadas

 

Archivos de Ciencias de la Educación, 1914, 1 (1), 90-127. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.7461/pr.7461.pdf).

“Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe” (1930).

“Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe” (1931).

“Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe” (1932).

“Boletín Oficial de la Gran Logia Simbólica Provincial de Santa Fe” (1935)

Diccionario Mikielievich. Tomo 39. Área Investigación Histórica - Archivo W. Mikielievich, Museo de la Ciudad de Rosario (sin más datos).

Petetin, M. L. (1930). Ejercicios de Composición. Editorial Ruiz. 

Petetin, M. L. (1926) Mi Calle en la Niebla. Revista Nosotros, XX, LIII, 529.

Petetin, M. L. (1938).  Mi escuela ideal. Editorial Ruiz.

Petetin, M. L. (1948). Los Jóvenes de mi país, (sin más datos).

Petetin, M. L. (1951).  Apología de un maestro campesino, (sin más datos).

Petetin, M. L. (1935).  Presentación. Escuela: Revista Mensual de Educación, 1, I, 1.

Petetin, M. L. (1936). La gran derrota. Escuela: Revista Mensual de Educación, 1, II, 1.

Petetin, M. L. (1936). Clases de lectura silenciosa. Escuela: Revista Mensual de Educación, 1, II, 7.

Petetin, M. L. (1936).  Humahuaca. Escuela: Revista Mensual de Educación, 1, II, 12.

Petetin, M. L. (1936). El Reino de los ojos cerrados. Escuela: Revista Mensual de Educación, 1, II, 27.

Petetin, M. L. (1936). ¿Técnica? No, ¡Espíritu!. Escuela: Revista Mensual de Educación, 2, II, 1.

Petetin, M. L. (1936).  El niño paralítico. Escuela: Revista Mensual de Educación, 2, II, 24.

Petetin, M. L. (1936). No queremos métodos extranjeros. Escuela: Revista Mensual de Educación, 4, II, 3.

Reseña Histórica de la escuela N° 63 Almte. Guillermo Brown, 2013.

Tercer censo municipal de Rosario (1910). Resultados. Municipalidad de Rosario.

1 Fotografía: Archivo Comisión Directiva de la Asociación Civil "Ana María Benito.

2 Fotografía: Archivo Personal.

 

 

Recepción: 30/10/2025

Evaluado: 10/03/2026

Versión Final: 29/04/2026

 



(*) Profesora y Licenciada en Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Rosario. Doctora de la Universidad de Buenos Aires área Ciencias de la Educación. Su línea de investigación es la historia de la educación de/con mujeres en perspectiva de género. Correo electrónico: micaelapellegrini89@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2124-6021

 

[1] De acuerdo al primer censo municipal realizado en Rosario, en 1900 la ciudad contaba con 112.461 habitantes. A esta cifra hay que contemplar la ausencia de los grupos originarios y de aquellos trabajadores afectados por las migraciones internas de la ciudad al campo en busca de trabajo (Tercer censo municipal – año 1910. Resultados)

[2] Así suelen llamar a la Escuela Normal de Paraná. La misma, “fue la primera institución normalista de nivel nacional fundada en el país por iniciativa del presidente Domingo F. Sarmiento. En octubre de 1869, el Congreso sancionó una ley de autorización al Poder Ejecutivo para presupuestar la creación de dos Escuelas Normales, una de ellas en Paraná. La propuesta fue aceptada y se programó su inauguración para junio de 1870, pero, a raíz de los problemas políticos que atravesaba la provincia, pudo ser abierta recién el 16 de agosto de 1871”. Laura Graciela Rodríguez y Eva María Petitti (2021) Historia de la Escuela Normal de Paraná (1871-1969). Buenos Aires: Teseo.

[3] El Plan Dalton fue un enfoque pedagógico que se ha utilizado para facilitar el aprendizaje autónomo y personalizado en las instituciones educativas. Fue desarrollado por la educadora estadounidense Helen Parkhurst en la década de 1920. Este método se basa en la idea de que los estudiantes pueden aprender mejor cuando tienen la libertad de elegir sus actividades y gestionar su propio tiempo.

[4] Véase Archivos de Ciencias de la Educación, 1914, 1 (1), 90-127. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.7461/pr.7461.pdf

[5] Alfredo Bianchi fue un destacado periodista y editor argentino, conocido principalmente por su trabajo como director de la revista "Nosotros", una de las publicaciones más influyentes de Argentina durante la primera mitad del siglo XX. Desde su trabajo editorial se convirtió en un referente en el ámbito de la prensa argentina, siendo reconocido por su habilidad para reunir a escritores, artistas y pensadores prominentes de la época.

[6] Roberto F. Giusti fue un destacado periodista y editor argentino. Durante su gestión, la revista se consolidó como una de las publicaciones de referencia en el ámbito cultural y político argentino, abordando una amplia gama de temas, desde la literatura y el arte hasta la economía y la sociedad.