Gallo, Lucio Esteban; “Santa Fe ¿Roja? La Revolución
Rusa en las letras de Nueva Época”. Cuadernos del Ciesal,
Rosario, UNR, Nº 19, 2020, pp. 9-28, ISSNe 1853-8827. https://cuadernosdelciesal.unr.edu.ar/index.php/inicio
Santa Fe ¿Roja? La Revolución Rusa en las letras de Nueva Época
Lucio Esteban Gallo(*)
Resumen
El objetivo de este trabajo consiste en analizar cuáles son los debates, apreciaciones, opiniones y valoraciones que aparecen en la recepción y las representaciones de la Revolución Rusa, realizada por uno de los diarios con más tirada y circulación de la Ciudad de Santa Fe en 1917, Nueva Época. Para atender las problemáticas de la recepción se focalizará no sólo en el papel de la prensa como actor social y “protagonista directo”, sino que se analizará a su vez las condiciones particulares que encuentra la ciudad en ese momento del siglo XX y su retroalimentación.
Palabras clave:
Santa Fe; Revolución Rusa; Recepción; Representación; Prensa. Santa Fe ¿Red? The
Russian Revolution in the letter of Nueva Época
Abstract
The objective of this work is analyze what are the debates, appreciations, opinions and assessments that appear in the reception and the representations of the Russian Revolution, carried out by one of the newspapers with the most circulation of the City of Santa Fe in 1917, Nueva Época. To attend the problems of reception, it will focus not only on the role of the press as a social actor and "direct protagonist", but also the particular conditions that the city finds in that moment of the 20th century and its feedback will be analyzed.
Key Words: Santa Fe; Russian Revolution; Reception; Representation; Press.
(*)Estudiante avanzado de la Licenciatura y Profesorado en Historia, en la facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Integrante del CAI+D “La construcción del estado y lo político en la argentina. Actores, identidades y culturas políticas. Siglos XIX-XXI”. Actualmente realizando la tesina final de carrera. Mail: lucio47_g@outlook.com
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Santa Fe ¿Roja? La Revolución Rusa en las letras de Nueva Época Introducción
Hace ya algunos años se cumplió el centenario de la Revolución Rusa. 2017 significó un momento de renovación y reevaluación de perspectivas que tomaron a la gesta revolucionaria rusa como objeto de estudio. Desde evaluaciones históricas, políticas, culturales o discursivas, el desarrollo de una de las revoluciones más importantes de la historia (si no la más importante en el siglo XX) sigue suscitando amplios debates en el desarrollo historiográfico, así como reevaluaciones que retoman viejos o nuevos puntos que resignifican los valores, legados o aprendizajes del Febrero y Octubre rojo.
Según describe Juan
Andrade (2017), las imágenes del asalto al Palacio de Invierno en Petrogrado
esa noche del 24 al 25 de octubre (calendario Juliano) han poblado durante décadas
los sueños y las pesadillas de buena parte de la humanidad, siendo foco de
reflexión hasta nuestros días. Desde la esperanza encarnada por los recuerdos
de Eric Hobsbawm (2003) pasando por la negatividad impresa por Richard Pipes
(1980) y llegando a las reevaluaciones analíticas propuestas por Josep Fontana
(2017), la revolución continúa desarrollando una herencia de discusiones
políticas, sociales o culturales que lejos está de acabarse en nuestros días.
Tal renovación de interrogantes no pasó desapercibida en Latinoamérica. Con respecto a las recepciones y representaciones revolucionarias, la mexicana Elvira Concheiro Bórquez (2017) menciona que en términos generales ha prevalecido un esquema de análisis que se enfocó antes que nada en la fundación de los partidos comunistas adheridos a la Komintern, construyendo un marco muy pobre que no contempla lo inédito del fenómeno ni las dimensiones que generaron las más diversas y extraordinarias expectativas o anhelos en el mundo popular, como entre los trabajadores del mundo entero.
En consecuencia, reparar en una nueva línea de análisis que marque las continuidades y rupturas de los procesos que en 1917 se dan encuentro, en los diversos tiempos que se ponen de relieve y en las distintas problemáticas que se miran a cientos de kilómetros de donde el acontecimiento está ocurriendo, es obligatorio. Es importante entonces tener presente a los muy diversos sectores y fuerzas políticas que procesan en cada momento los hechos de una revolución y que enfrenta, a cada paso, situaciones cambiantes. Esta nueva perspectiva se nutre de la renovación de la historia social, cultural e intelectual, no hablando ya de “influencia” en los procesos internos latinoamericanos, sino revisando el precepto implícito de que existe un receptor pasivo o casi pasivo, siempre desigual o inferior al “modelo” que se pretende imitar. Intenta mostrar receptores, en primer lugar, bastante enterados, que pretenden ser solidarios con la causa por la
que ellos mismos se identifican y luchan, reclamando sus éxitos y derrotas, así como también, aquello que generan grandes expectativas como frustraciones.
En la región impacta y se representa a la revolución dentro del desarrollo de procesos propios, algunos de extraordinaria importancia desde los cuales se recibe y entiende, se asombra o asusta, se emociona y saluda con entusiasmo. Se entabla un “diálogo” donde
“(…) la recepción del mensaje del Octubre Rojo debe entenderse como un encuentro, siempre en movimiento, aun si la parte emisora del acontecimiento no se entera; en el que se establece un vínculo y se entrecruzan distintas percepciones; en el que se mezcla el mensaje con la propia experiencia, en un espacio en el que la imprenta colonial convierte el tema de la relación entre lo universal y lo local en asunto no resuelto (…)” (Bórquez, 2017, p.241).
Argentina tampoco
estuvo exenta. Muchos autores han trabajado la influencia de la revolución en
amplios aspectos, sean políticos, sociales o culturales. Halperín Donghi
(2000), Sarlo (1988), Pittaluga (2015), Camarero (2017), Doeswijk (2014) o
Baña y Stefanoni (2017), han abordado la
recepción de la revolución, así como sus representaciones y significaciones en
los albores del agitado siglo XX argentino.
Es Roberto Pittaluga (2015) quien logra sintetizar este “diálogo” analizando la imposibilidad de desagregar del conjunto textual sobre la Revolución Rusa que circula en Argentina de aquellos escritos originados en otros contextos, ya que el tratamiento que intentamos realizar pone en juego la redefinición nacional o local de los contextos de enunciación. En un universo textual que habla de Rusia pero que está conformado por una sumatoria de intervenciones elaboradas desde contextos muy diferentes entre sí, toma en cuenta determinados aspectos, pero muy semejantes si lo que se valoriza son otros. Es este punto de vista y configuración lo que posibilita el acceso a una realidad de prácticas y discursos ligados, que la revolución realimenta, una dimensión internacional o trasnacional de problemáticas que se potencian e implican en el choque entre los “contextos” locales y las cuestiones que pone a debate la revolución. Porque “ese otro contexto, internacionalista, no está en otra parte que en los mismos textos que versa sobre la revolución; es posible construirlos desde ellos a partir de esas rispideces con intereses, identidades, lugares de poder, políticas y construcciones grupales.” (Pittaluga, 2015, p. 25).
Una buena puerta de entrada a estos registros de la recepción puede encontrarse en los estudios a escala, como el que se propone en este artículo en torno a una ciudad del litoral argentino: Santa Fe. En el marco de las perspectivas historiográficas enunciadas precedentemente, las preguntas que guían esta indagación se concentran en tres aspectos: ¿Cómo fue recepcionado y
representada en la Santa Fe de principios de siglo XX? ¿Cuáles fueron las particularidades locales que mediaron dichos procesos? ¿Qué círculos políticos, sociales y periodísticos fueron interpelados y cómo?
Es así entonces que, para elaborar respuestas, reconstruiremos y analizaremos los procesos de recepción y las representaciones de la Revolución Rusa en la ciudad de Santa Fe a través de la prensa gráfica local, en particular uno de los diarios con mayor número de tirada y circulación en el año de 1917: Nueva Época.
Si tenemos en
cuenta entonces que estos procesos de recepción y representación están mediados tanto por los contextos nacionales
o locales particulares, así como por las personas que los realizan, los medios
que se utilizan o los lugares en los cuales se hacen presente, podemos afirmar
que su atención nos muestra una relación simbiótica: siendo las condiciones
históricas particulares determinantes o condicionantes para la percepción de la
Revolución Rusa en la Santa Fe de principios de siglo, mediando la construcción
de identidad y sentido, en tanto y en cuanto son evaluadas, forjan simpatía u
odio según quienes las representan, dónde aparecen, bajo qué ámbitos o discusiones se hacen presente
o a qué temas o debates se asocian;
serán estas representaciones y las
recepciones de la revolución las que configurarán y darán forma a este contexto
particular que estamos estudiando. Dichas representaciones, elaboradas por
distintos actores de diferentes esferas y sectores marcaron discusiones,
formaron agenda, debates, problemas, “fantasmas”, sujetos, nuevas palabras.
Aproximaciones metodológicas para el análisis
Burke (2019) reconstruye la larga historia que los estudios sobre la recepción han elaborado a partir de la segunda mitad del siglo XX. En un principio recupera los principales postulados de la historiografía alemana, inglesa e italiana que han analizado a la recepción esencialmente desde el punto de vista del autor o productor de una idea, tratando a los receptores como pasivos o seguidores. En estas posturas las representaciones o las ideas fueron trabajadas como “transiciones” o “transferencias”, también enfatizando el papel que tiene el productor, siendo el traslado de las ideas como un mero traspaso de postulados, sin cambios.
Sin embargo, en respuesta crítica a la anterior, a finales del siglo XX se registró una nueva perspectiva que hizo hincapié no tanto en el aumento del número, creación o tendencia, sino el cambio en la forma en que se consideraba a los seguidores y receptores. En consecuencia, rastreamos lo que Burke denomina “horizonte de expectativa”, idea que nos ayuda a reconocer las diferentes expectativas que aportan distintos lectores de un acontecimiento o una idea en particular y como estas dan forma a las maneras en que se entiende un texto o una situación
determinada, permitiéndonos ver las representaciones y recepciones sin limitarnos a la reconstrucción de las intenciones de los principales pensadores participantes, poniendo el foco en otros actores y puntos de vista, entendiéndolos como protagonistas directos que tienen algo para decir, expresar o analizar sobre su circunstancia particular, qué los motiva, a qué le temen, por qué producen esas significaciones, qué lugar ocupan, qué pretenden conseguir. En los estudios argentinos, Pittaluga lo llama el “poder-ser” que genera la Revolución Rusa en el imaginario social y político, interfiriendo directamente sobre las maneras o las producciones de significado que diferentes actores construirán sobre él.
Siguiendo esta
línea es con Domínguez Rubio (2019) que rescatamos los estudios realizados en
Argentina bajo esta perspectiva. Según rastrea Rubio, es Jorge Dotti (2000)
quien marca que las investigaciones de Arturo
Roig (1969) sentaron
precedente y abrieron la década del ochenta con la aparición de estudios
de Carlos Altamirano (1983) y Beatriz Sarlo (1983) como principales exponentes
de la teoría de la recepción de Jauss e Iser. Poco después, Portantiero (1981),
José Aricó (1980) y el mismo Dotti (1992) construyeron sus trabajos sobre la
recepción de Marx, Gramsci, Kant y Schmitt, quienes consolidaron una nueva
forma de historizar el proceso intelectual autóctono. Dentro de esta línea son los estudios que han aparecido en los
últimos treinta años de la mano de Vezzetti (1996), Tarcus (2007), Plotkin
(2003) o Canavese (2015) cuyas preguntas rondan sobre los usos “bárbaros”1
de un determinado corpus, sobre el modo en que se involucran sus lecturas en
las discusiones locales y la manera en que reconocidos textos pasaron a ser
utilizados como hitos filosóficos o políticos indiscutidos.
Entonces ¿qué herramientas nos brinda esta teoría de la recepción a la hora de emprender nuestro análisis? Como insiste Dotti (2008/2009) ni siquiera la aduana ideológica puede evitar el efecto paradójico que la lectura de textos ajenos genera respuestas autóctonas siendo su recepción y la concreción de discursos que se originan en otros ámbitos un acto original en sí mismo. Así como es indispensable ver cómo todo autor o acontecimiento precedente es inevitablemente contemporáneo a la lectura que de él se hace, toda idea receptada es necesariamente tan loca como la comprensión y uso argumentativo, retórico o político que de ella salga.
En sintonía Alejando Blanco (2008/2009), propone agudizar los oídos al proceso más general de recepción atendiendo a la “mediación” que opera en los mismos. Si entendemos que la recepción de una obra es un proceso mediatizado por factores textuales y extratextuales, sujeta a determinadas condiciones culturales e institucionales, en particular, en relación con vehículos o agencias comprometidas en su promoción incluyendo individuos interesados e investidos de
1Hace referencia al factor autóctono que los autores mencionados construyen como objetos de sus indagaciones, destacando el papel central de las mismas en todo proceso de recepción de ideas o acontecimientos históricos particulares.
capacidades específicas, no podemos dejar de lado que esta mediación será decisiva, no solamente respecto del sentido de la obra sino de la suerte de la misma. Blanco insiste en que la comprensión de un fenómeno de recepción pone en juego una reconstrucción de los textos que mediatizan el acto mismo de la recepción, por lo que estos fenómenos están sujetos a los proyectos y apuestas de sus receptores demostrando que estas son totalmente selectivas.
Entendemos entonces, como Horacio Tarcus (2013), que el “proceso de recepción” 2 remite a un asunto mayor de producción/difusión en el que es necesario discriminar analíticamente a productores, difusores, receptores y consumidores de ideas o representaciones, aunque sean estos mismos los que se confundan en la práctica o sean asumidos en forma simultánea por un mismo sujeto. Por lo tanto, es este proceso global de producción y circulación de las ideas, donde se pueden distinguir no etapas temporales sucesivas, sino distintos “momentos”, a cada uno de los cuales le corresponde cierto tipo de elaboradores, eso es, diferentes sujetos específicos que desarrollan capacidades y habilidades concretas (Tarcus, 2013, p. 30).
En otras palabras,
es imperante repensar entonces, el papel de la prensa local como pieza
importante en estos procesos, ya que el estudio de sus representaciones,
valoraciones u opiniones en
diferentes escalas, nos obliga a diferenciar y analizar los distintos
engranajes y momentos que se combinan y cómo estos influyen en los procesos de
recepción y difusión de ideas producidas por acontecimientos históricos
trascendentales.
En concomitancia, otro aspecto analítico relevante para esta indagación remite a los encuadres en escala. Sandra Fernández (2007) propone pensar un enfoque regional/local como una perspectiva teórico-metodológica dentro de una forma de hacer historia. Este marco construye líneas de aproximación a los estudios históricos desde la historia social, generadas a partir de 1960 y que como tantas otras vertientes han recibido aportes desde otras disciplinas, ya que su eje no es temático sino analítico, es decir, la historia regional no propone un nuevo tema, un nuevo objeto, sino una nueva mirada, un nuevo acercamiento, un nuevo abordaje.
El espacio local o regional no dicen nada per se. Es por esto que, en un principio, lo local/regional alude tentativamente a un ajuste espacial de la observación y la práctica -en este caso Santa Fe de 1917- y la necesidad de detectar la diversidad y la particularidad dentro de un contexto mayor al que le une cierta coherencia fenomenológica. Por lo tanto, hacer estudios desde esta perspectiva no refiere a reconstruir datos anecdóticos ni administrativos de un pasado remoto en un contexto particular, ni mucho menos realizar una investigación parcial que complete o refute una “historia nacional” o un contexto de comprensión más “significativo”, sino aportar a que la Historia de Santa Fe subraye la potencialidad de la representatividad del
2Entendido como un conjunto de momentos, elementos, actores y funciones que excede a una sola etapa o actividad particular, siendo la mixtura de estos componentes y sus consideraciones lo que hace al todo en su conjunto.
caso en la comprensión del todo, desde “la interpretación de la particularidad para esbozar un plano general, la explicación de lo singular para la complejización de la totalidad.” (Fernández, 2007, p.44).
Por último: ¿por qué la prensa? Silvia Saítta (2013) enfatiza que el estudio sistemático de la prensa moderna permite reflexionar acerca de los modos en que el periodismo masivo y comercial, reorganiza el resto de la cultura al replantearse las vinculaciones políticas y culturales existentes entre los diferentes sectores sociales. La prensa se reconfigura a partir de estas percepciones e interviene a través de sus interpretaciones en la evolución y configuración del contexto social, político o económico. La ampliación en las estrategias por la captación de un público ampliado ilumina las modalidades en que se modifican las relaciones entre escritores, políticos y lo público, pero sobre todo cómo los procesos de modernización -en los cuales se profesionaliza la figura del periodista y de los consumidores- definen nuevas formas textuales y procesos de enunciación que operan en dos niveles: la del armado de los nuevos formatos y géneros periodísticos, como la renovación tecnológica acorde a la prensa mundial.
Será en la década
de 1920 que el periodismo inaugurará un nuevo estilo de interpelación,
reconfigurando el modo en que se presenta a sus lectores, dejando de ver al
pueblo como una “plebe iletrada”.3 En varias zonas de la Argentina
los diarios se asumen como “la voz” de la masa ciudadana transformando el éxito
del mercado en criterio de legitimación. Esto indica la potencialidad de
valorar las representaciones de la prensa con respecto a un acontecimiento
político particular, ya que su abordaje nos indica las cargas valorativas que
tendrá un amplio conjunto de la sociedad, teniendo en cuenta esta lógica
planteada. Así resulta también llamativo que la mayoría de las noticias
relevadas de Nueva Época no estarán firmadas por un escritor particular,
ya que como menciona Saítta:
“(…) en un diario donde no hay notas firmadas (salvo las de los columnistas especiales), funcionan como carta de presentación, tornando familiar y conocida la figura que se esconde detrás del anonimato informativo. (…) La nota se convierte en un lugar de reconocimiento, en el espacio a partir del cual es posible un nuevo pacto de lectura (Saítta, 2013, p. 62).
El escenario santafesino de 1917…
3Así lo menciona Saítta (2013).
Para la reconstrucción del contexto santafesino, es necesario ir algunos años atrás, hacia la última década del siglo XIX. La crisis de 1890, las repercusiones de la modernización sumado a los problemas derivados del esquema agroexportador -expresados entre otros aspectos en el debate impositivo-, ayudó a configurar un panorama de crisis social y política que marcó fuertemente el desarrollo de la ciudad capital de la provincia.
Darío Macor (2012) indica que luego de la crisis y junto con el empuje a los impuestos generales, se generó la introducción de presiones fiscales sobre mercancías de consumo diario que contribuyeron a alimentar un clima de protesta social. Apareció entonces la necesidad de crear nuevas articulaciones entre la ciudadanía y las demandas sociales y políticas, estimulando nuevas formas de asociación y de expresión, así como también prácticas “revolucionarias”.4 Presiones fiscales y pérdida de poder de decisión de las elites configuraron situaciones revulsivas, plegándose en muchos casos a los levantamientos desencadenados por la revuelta de la Unión Cívica. Así se comenzaron a estructurar nuevas formas organizativas que trascendieron el espacio social y se proyectaron políticamente.
Es en este proceso
de transformación que se resignificó el espacio público como lugar de debate. Por medio de la participación
popular en las plazas, la convocatoria de manifestaciones multitudinarias o el
uso de la prensa gráfica, se fue paliando el autoritarismo, la violencia y la
coerción que continuaba en las prácticas políticas en la Argentina de finales
del siglo XIX y principios del XX.
En un contexto donde los viejos hábitos políticos no terminaban de desaparecer y los nuevos recién estaban comenzando, se fueron habilitando nuevas formas y lógicas de discusión que trajeron mutaciones y nuevos actores para un escenario político santafesino en transición.
Para Macor, en oposición al Partido Autonomista Nacional (P.A.N), se formó un nuevo tipo de organización política, ajena a los recursos del Estado y asentada sobre los comités de base diseminados por las provincias. En una clave de nacionalización, la Unión Cívica inició un lento proceso de organización en Santa Fe, asentado sobre la afiliación individual y la construcción de consenso desde abajo hacia arriba donde Rosario y la capital provincial jugaron un papel central.
Junto con el “clima reformista” (Macor y Piazzesi, 2010) estas lógicas de construcción partidaria fueron perfeccionando y avanzando sobre el territorio desde principios del siglo XX, encontrándose instaladas y listas para operar de la mejor manera cuando la reforma electoral de 1912 llegó. En ese mismo año, se realizaron en Santa Fe, elecciones provinciales para la renovación de todos los cargos representativos con el fin de normalizar los diferentes poderes
4Lo ponemos entre comillas ya que queremos marcar una distinción entre las actividades revolucionarias vinculadas a la protesta social y la asociación política dadas en Santa Fe en los primeros años del siglo XX de las que venimos mencionando en relación a la Revolución Rusa y el mundo obrero.
del Estado que habían sido intervenidos por la nación el año anterior. Con un claro predominio en el norte el Radicalismo consigue su primer triunfo electoral a nivel nacional, poniendo al nuevo gobernador Manuel Menchaca al frente de la provincia. Subsumida posteriormente en conflictos intrapartidarios, la política radical tiene interesantes vaivenes. Como sintetizan los autores, la política santafesina de la primera república5 significó una trayectoria exitosa en términos de competencia electoral, acompañada por una agitada interna de la organización partidaria que le es funcional y que marcará las lógicas políticas dominantes en Santa Fe de estos años.
Hay que tener en cuenta entonces que Santa Fe comenzaba un notable proceso de crecimiento y transformación en su estructura poblacional, dando lugar a la conformación de una sociedad de masas gracias al impacto inmigratorio y el fenómeno de la revolución agropecuaria. La transformación del paisaje fue completa. Macor sostiene que esa sociedad en transformación resulta una sociedad movilizada, donde los viejos y nuevos actores compiten por definir el sentido de los días que se viven, en la certeza de que es posible reinventar la vida cotidiana:
“En esta sociedad,
atravesada por la conflictividad social, el impacto de la Primera Guerra
Mundial (1914-1918) se hará sentir con fuerza, sobre todo por la estrecha
inserción de la economía local en el mercado mundial. Esta situación contribuye
a exacerbar la conflictividad social, sobre todo en los últimos años de la
guerra y los primeros de la posguerra. En este registro se inscribe la
generalización de la huelga ferroviaria en la provincia, entre julio y
septiembre de 1917, y su continuación en la
lucha de la Federación Obrera Marítima que logra paralizar las actividades
portuarias. La agitación obrera más importante es el año siguiente y encuentra
su epicentro a comienzos de 1919, cuando, en solidaridad con los trabajadores
porteños reprimidos en la Semana Trágica, se producen las principales
manifestaciones en la provincia. En ese mes de enero, la huelga general
adquiere grandes proporciones con la adhesión de portuarios y ferroviarios en
todo el territorio provincial” (Macor, 2010, p.238).
Por último ¿Cómo podemos caracterizar a Nueva Época? ¿Qué sectores representó y convocó? Atendiendo nuevamente a Darío Macor (2011), recordamos que la prensa significó una de las principales vías de consolidación de una cultura política de pares, camino de expresión de un conjunto de identidades que lucharon por ganar legitimidad y espacio de importancia en la
5 Así llama Macor (2010) al período que inaugura la llegada del radicalismo a la gobernación de Santa Fe de la mano de Manuel Menchaca en 1912 y que culminará con la gobernación de Pedro de Gómez Cello hasta el golpe militar de 1930.
escena pública. Fue desde el “diarismo”6 que se libraron batallas políticas donde la búsqueda de la unanimidad era dominante en contraposición a un otro a excluir, construyéndose tramas editoriales que configuraron eslabones privilegiados de una lucha facciosa común, llegando a convertirse en formas culturales propias y específicas de dinámicas políticas disímiles.
Por lo tanto, el diario nacido en 1886 se instauró como la voz del oficialismo y conservadurismo santafesino de la mano del Gobernador José Gálvez. Según contextualiza Francisco Reyes (2010) Gálvez asciende a la primera magistratura provincial en ese mismo año, instalándose como el principal referente de la coalición gobernante a nivel nacional, el Partido Autonomista Nacional (P.A.N), controlando los hilos del autonomismo en Santa Fe. Desde allí y en asociación con el diputado y escritor David Peña (fundador y principal editor7), Nueva Época se instalará como la voz proyectora de los ideales republicanos, democráticos y religiosos defendidos por los conservadores, así como una herramienta de disputa en un mundo político en clara transformación, donde la defensa de las identidades y objetivos partidarios o facciosos tendrá cada vez más importancia.
La Revolución Rusa en Santa
Fe. Las recepciones y representaciones de Nueva Época
Habiendo presentado el escenario local, nos concentramos en las lecturas que vehiculiza la prensa autóctona en la coyuntura de ese año. Haremos un recorrido general de las menciones y temáticas producidas para, posteriormente, focalizarnos sobre las representaciones y la construcción simbólica que Nueva Época hace en la lectura de los acontecimientos. Para esto, hacemos previamente dos aclaraciones que tienen que ver con la aparición, la forma y el desarrollo de las mismas.
En primer término, reconocemos dos momentos calientes en donde la revolución se hace presente para el diario, en sintonía con la clásica periodización elaborada para el estudio de la Revolución Rusa (Febrero y Octubre); un coyuntura álgida a principios de año, particularmente hacia el mes de marzo, donde se menciona reiteradas veces una agitación en Rusia, identificando ciertos actores y circunstancias de lo sucedido. Ante esto no hay que olvidar que las fechas de nuestro país se verán alteradas por cuestiones de calendario. La temporalidad clásica de la revolución responde al calendario Juliano utilizado en Rusia en estos años por lo que, si lo ajustamos al nuestro (Gregoriano) veremos que las réplicas serán varios días después, por ejemplo, los acontecimientos que en Rusia se inauguran en febrero, en nuestro país corresponderá al 8/9 de marzo.
6 Así mencionado por Macor (2011).
7 Ver Abad de Santillán (1967).
En segundo lugar, reconocemos que las noticias estarán separadas en dos grandes secciones, la primera plana y la parte reservada para las “noticias telegráficas”, usualmente construida para traer las noticias que decanta la Guerra Total. Es importante tener en cuenta que lo que “aconteció” en Rusia no tardó en llegar, debido a que las comunicaciones establecidas por cables telegráficos submarinos hacían que la dinámica de las novedades sea alta, en muchos casos, las noticias de lo sucedido llegaban con 24 hs de retraso.8 Señalamos la existencia de estos apartados ya que la aparición de las noticias en cada una de ellas marcará la importancia que el diario le imprime a ciertos acontecimientos.
Terminando con dichas aclaraciones, nos proponemos presentar
algunas ideas generales
sobre la construcción
simbólica del diario en todo el período mencionado. Encontramos una
incertidumbre constante de lo ocurrido en el territorio ruso. No hay un
registro claro, siendo la identificación de los actores clave un elemento problemático.
El reconocimiento de un movimiento revolucionario llega con varios meses de
retraso, aunque constantemente se atiende a la inestabilidad política del país
y los movimientos “revoltosos” o “subversivos”. Muchas veces encontramos el
registro de ciertas instituciones transitorias de la política rusa de 1917,
como es el caso del Gobierno Provisional, el cual aparece mencionado un día
para luego brillar por su ausencia.
El Febrero Ruso será un acontecimiento decisivo, momento que abre la incorporación de noticias sobre lo que pasa en el país lejano. Tal importancia se la dará el diario, incorporando lo sucedido en la primera plana. En algunas ocasiones veremos la complementación de noticias, viendo ampliado lo presentado en las primeras hojas, en la zona de reportes telegráficos.
En los meses siguientes las menciones sobre los Desórdenes en Rusia, 9 La situación política de Rusia,10 la Reorganización del gobierno Ruso11 o la Situación interna de Rusia12 estarán permanentemente en las letras del diario. Aquí se identificarán ciertos actores como Kerensky o Kornílov, aunque el vaivén de noticias y la confusión serán parte del corriente. En muchos casos se mencionará la Normalización de la política en Rusia, aunque solamente dure 24 o 48 hs. En algunos casos encontraremos cierta contradicción, ya que en la primera plana aparecerá una situación política “estable”, mientras que en la sección telegráfica se mencionan levantamientos políticos armados en las provincias. Algo similar ocurrirá con la identificación de ciertos momentos -como lo fue el golpe de Estado planeado por Kornílov- o personajes que intentarán
8Para más detalle ver Caimari (2019). 9Título referenciado en más de una ocasión. 10Ídem.
11Ídem. 12Ídem.
demostrar inestabilidad o levantamiento subversivo, referenciado en el trato al zar y su familia, así como la poca influencia política de este para reencuadrar la situación.
Se identificarán recién para los meses de octubre/noviembre, diferentes actores que serán clave para el desarrollo revolucionario. El movimiento “Maximalista”, los “Soviets” o los “Bolchevikis” se integrarán a la escena, así como se distinguirá a uno de los actores políticos principales de la revolución como fue Vladímir Ilich Uliánov, conocido políticamente como Lenin. Recién llegando al otro mes clave encontraremos una identificación un poco mayor sobre el movimiento político que liderará la toma del Palacio de Invierno.
Presentadas las inflexiones asumidas por los modos en que se construyó discursivamente el devenir de los acontecimientos revolucionarios, nos detendremos ahora en las representaciones que vehiculiza Nueva Época a través de ellos. En un primer balance la imagen construida toma un halo negativo importante. Con solo contar la cantidad de veces que se menciona un movimiento subversivo o la incertidumbre política mencionada es suficiente. Lo mismo se puede ver con respecto al tratamiento del ya derrocado Zar, su familia y el manejo de sus bienes.
Además, en cuanto
vaya avanzando el tiempo, la preocupación y el tono negativo irá en aumento. La
posibilidad latente de la firma de un tratado de Paz con Alemania pondrá
siempre en tensión la opinión que se tiene sobre Rusia y su “nuevo gobierno”,13
siempre juzgando la posibilidad de que esta salga
de la guerra por cuenta
propia, firmando un tratado con el
principal enemigo. Eso último se comprende mejor a la luz de otras
constataciones. Si bien desde las relaciones diplomáticas es bien clara la
neutralidad declarada por el Yrigoyenismo en la Gran Guerra, no es este el caso
del diario. Nueva Época decantó hacía el lado aliado, siendo su defensa
y lo que estos pregonan referencia constante sobre lo que hay que hacer en
cuestiones políticas o sociales, juzgando desde esta perspectiva lo que
aconteció en las tierras rusas. Otros aspectos emergen si procedemos a hacer un
análisis que sopese el devenir cronológico del acontecimiento revolucionario
ruso. Este ejercicio deja en primer plano la continencia de las valorizaciones
construidas por el discurso periodístico, por lo que avanzamos sobre ello.
No se encuentran noticias sobre Rusia y lo sucedido en los primeros dos meses. Recién para los días del 12 y 13 de marzo hay una mención concreta bajo el título de Desórdenes en Petrogrado en la sección telegráfica. En la misma se mencionan desórdenes por la “escasez de alimentos”, con calles tomadas por las fuerzas armadas. Como respuesta política de las autoridades, aclaran que “a las autoridades municipales se les ha encomendado la organización de comisiones para la distribución de víveres”14, pero nada sobre un movimiento político o destitución del Zar. Será
13 Así mencionado por el diario.
14Nueva Época. 12-13 de marzo de 1917.
recién tres días después que aparece por primera vez la idea de un Movimiento Revolucionario en Rusia15 en primera plana, dándole la verdadera trascendencia que merecía. En esta ocasión sí se reconoce un cambio político, mencionando el llamado de la Duma a organizar un gobierno provisional que sustituya la autoridad del Zar. En este apartado se menciona la cuasi unanimidad del apoyo a la revolución en todo Petrogrado y gran parte de Moscú, por lo que la esperanza de una transición democrática y liberal entusiasma a los editores, aunque sea solo un suspiro.
La primera apreciación negativa realizada por el diario de lo acontecido llega un día después, apareciendo en primera plana una columna de opinión. Estos apartados no están firmados por una persona en particular, por lo que entendemos que la línea editorial avala en conjunto lo allí expresado. Bajo el título Movimiento subversivo en Rusia16 se desestima el impacto de dicho movimiento, así como el origen de los que lo llevaron a cabo…
“Estos hechos,
estas grandes insurgencias colectivas tienen en cualquier parte del mundo altísima
trascendencia: pero aún la tienen
incomparablemente mayor si cabe
en los países como Rusia, en los cuales, su misma frecuencia, ha creado una
como sinestesia de agitación tenebrosa en el organismo del imperio, impidiendo
a las clases directivas a repelerlos con las más rigurosas represalias, dando
motivo a las sectas ultrarevolucionarias de militaristas y dinamiteros” (Nueva
Época. 17 de marzo de 1917).
En los días siguientes la tónica de la incertidumbre continúa. Ecos del movimiento revolucionario en Rusia17 será el título con el cual seguirán apareciendo noticias en la sección telegráfica y que marcará el rumbo de lo sucedido.
La preocupación no queda allí, ya que el diario expone la opinión de Gustavo Herbé -político antimilitarista francés- sobre las repercusiones y expansión de la revolución: “Gustavo Herbé dice que la revolución habida en Rusia encontrará imitadores en otros países.”18. La excepcionalidad de la réplica radica en que es esta la única que el diario expone en todo el periodo trabajado, por lo que su selección particular resultó un vector que demuestra la preocupación que significaba para el periódico la revolución y su expansión por Europa y el resto del mundo.
15Nueva Época. 16 de marzo de 1917. 16Nueva Época. 17 de marzo de 1917. 17Nueva Época. 22 de marzo de 1917. 18Nueva Época. 21 de marzo de 1917.
Ahora ¿cuáles son los lectores invocados? ¿Cuál es el alcance del diario? Algunas aproximaciones podemos ver en los meses siguientes donde se registraron manifestaciones realizadas por colectividades y grupos religiosos que expresaron preocupación. Resulta sumamente interesante ver que el 8 de abril se muestra en primera plana que La colectividad rusa organiza una manifestación. Las protestas y apoyos de las asociaciones rusas y judías están bien detalladas por Pittaluga (2015), siendo este un ejemplo local de ello. En la crónica se menciona que la colectividad rusa local realizará una manifestación pública con motivo de los sucesos desarrollados últimamente en su país natal. El acto se desarrolló en Plaza España - Ciudad de Santa Fe- siendo “especialmente invitadas las sociedades de los países aliados, lo mismo que las naciones”19. Por falta de información, es difícil interpretar el objetivo de las reuniones. La ambigüedad está presente ya que se menciona la preocupación de la inestabilidad política en Rusia y sus consecuencias, así como alegría por el derrocamiento del Zar. Sin embargo, hay algo que aparece bien claro: la posición pro aliada de las convocatorias y los grupos reunidos.
En los meses
siguientes continúa relatándose la inestabilidad. Se anuncia una vigorosa
ofensiva contra Petrogrado20 o Complot monarquista
descubierto en Rusia21 son alguno de los títulos que marcarán una política titubeante,
imperada por el desorden, el desconcierto y la duda sobre el accionar
revolucionario, la organización del nuevo gobierno y lo que ocurrirá con las
viejas autoridades zaristas y militares. Lo mismo ocurre con los Rumores de
paz entre Alemania y Rusia22 noticias que marcaron el siempre
latente problema que significaba para los Aliados que Rusia firmara la paz en
solitario con Alemania. Lo llamativo de esto último reside en la doble
problemática que identifica el diario, no solo por la posibilidad de la paz,
sino que ve con preocupación que esta ventana sea posible gracias a “la
influencia de los elementos socialistas que priman en el nuevo gobierno ruso”.23
En consecuencia, a la preocupación por la paz antes mencionada, se registran los vaivenes de la relación entre Rusia y la Entente. Las crónicas de los viajes de Kerensky hacia Londres así lo demuestran. El 17 de junio se reconocen bajo el título Los aliados exigen una declaración categórica a Rusia, nuevos actores dentro del gobierno ruso, destacando la existencia del Gobierno Provisional como órgano político central. En la misma se menciona que los gobiernos de la Entente se declaran dispuestos a revisar los términos de los tratados de alianza que existen con Rusia, pidiendo al Gobierno Provisional que declare definitivamente sus propósitos y
19Nueva Época. 08 de abril de 1917. 20Nueva Época. 26 de marzo de 1917. 21Nueva Época. 02 de abril de 1917. 22Nueva Época. 16 de abril de 1917. 23Ídem.
percepciones sobre el conflicto bélico. Es por eso que el diario expone en su sección telegráfica: “Con carácter oficial se enuncia que los gobiernos aliados examinaron detenidamente la situación y llegaron a las siguientes conclusiones: 1°- La actitud de Rusia afecta todos los planes de los aliados, especialmente sus operaciones militares en el porvenir cercano...”.24 Nuevamente la posibilidad de la paz con Alemania resulta una amenaza, para la visión aliadófila que asume el diario.
También se redimensiona la importancia de Kerensky como figura política rusa, ya que el periódico recupera las noticias sobre los fallidos atentados que lo tuvieron como objetivo. Su posicionamiento subrayaba así la inestabilidad y el desorden de la política rusa, sobre todo porque el diario relaciona estos episodios con Los Movimientos Subversivos en Rusia 25 quienes atentan y roban al ejército en su radicalización…
“En Kieff ocurrieron algunos disturbios poco importantes. Un grupo de soldados se apoderó del arsenal; mientras
que otros establecieron una seguida guardia
alrededor de los edificios públicos y arrestaron a algunos amotinados,
mientras los demás huyeron. Fue convocado para el 28 del presente mes en esta
capital un congreso de los diferentes consejos para resolver la reorganización
del gabinete y fijar la política
general del gobierno” (Nueva Época. 22 de julio de 1917).
Estas percepciones siguen aportando al marco de incertidumbre política construida por el diario, desarrollando ejemplos no solo en las capitales, sino en provincias importantes hacia el interior. La radicalidad del discurso del diario irá en aumento según el accionar de los Maximalistas vaya creciendo. Es recién el 4 de julio que se identificará al sector político más radicalizado bajo este nuevo nombre. Ese día se reconoció un Complot Maximalista en Rusia que quería llegar al poder por vías no democráticas, algo que no revestía simpatía alguna. Así también resulta la primera aparición de uno de los hombres líderes del movimiento revolucionario soviético, siendo identificado Lenin y sus seguidores en busca de lograr adeptos en la Duma. El 10 de septiembre se menciona El congreso democrático Ruso en donde se hace hincapié en la dificultad en el inicio de sesiones del congreso por parte de Kerensky, debido a los constantes gritos e incidentes que causan los maximalistas en este evento. Seguido, el diario celebra la aparente captura del máximo líder del maximalismo por parte del Estado, en su regreso del exilio.
24Nueva Época. 17 de junio de 1917.
25Nueva Época. 22 de julio de 1917.
Así llegamos al nueve de noviembre de nuestro calendario, día que relata los acontecimientos producidos en el famoso veintiséis de octubre (calendario Juliano) que significó la toma del Palacio de Invierno. En este día se reconocen varios actores políticos que no habían aparecido aún, siendo el “soviet” de Petrogrado y los “Bolchevikis” los principales rescatados. En dicha noticia expuesta en la sección telegráfica, se menciona la destitución de Kerensky y la toma del gobierno por parte de los Bolcheviques, con una clara adhesión del pueblo el diario remarca que: “La guarnición de la ciudad acompaña al soviet, lo que les permitió dominar la ciudad sin efusión de sangre”.26 Cabe destacar que este hito particular que posteriormente fue interpretado como un hecho clave dentro de la cronología que marca la Revolución Rusa no se dimensiona como tal, siendo visto por el diario, como un acontecimiento más dentro de la inestabilidad política y social que venía atravesando Rusia desde los meses anteriores. Ahora bien, remarcamos que es a partir de esta coyuntura que el tono negativo en las apreciaciones del diario ganará radicalidad.
Siguiendo con la
idea anterior y en relación al cambio de su visión en función de su
posicionamiento aliadófilo, o por la asociación o no con el socialismo /
maximalista, las visiones negativas
se orientan hacia las relaciones diplomáticas. Los Maximalistas buscan la
Paz,27 relata las incursiones militares rusas y las
conversaciones con Alemania en busca de terminar el conflicto bélico. Como
dijimos, el diario pone especial énfasis en el seguimiento de estos tratados,
ya que su concreción resulta toda una amenaza para la Entente y la simpatía
proaliada expresada por el periódico, así como también busca deslegitimar las
decisiones del nuevo gobierno de Rusia en torno a las nuevas relaciones
políticas establecidas con el principal enemigo de la Gran Guerra.
Y no termina solo allí, sino que el disgusto será expresado en el relevamiento condenatorio del accionar político interno desarrollado por los Maximalistas. Comenzarán a mencionarse algunos Atropellos de los Maximalistas28 en donde el diario juzga acciones que no cumplen las instancias democráticas pactadas, así como la persecución y el asesinato de líderes pertenecientes a la autocracia zarista, generales del ejército anti revolucionario o miembros del ya desecho Gobierno Provisional. En las crónicas se vuelve común el relevamiento de actos violentos cometidos por el maximalismo siendo “el linchamiento del general Dukhonin que fue sacado del tren en que viajaba y muerto por la soldadesca”29 un ejemplo de tantos.
En diciembre la antipatía continuó, teñida nuevamente de gran confusión. En los primeros días y en tono preocupante el diario menciona por única vez la Organización del nuevo gobierno
26Nueva Época. 9 de diciembre de 1917. 27Nueva Época. 29 de noviembre de 1917. 28Nueva Época. 03 de diciembre de 1917. 29Ídem.
Ruso,30 rastreando las decisiones de bolcheviques y socialistas en la composición del nuevo gobierno formado por el comité de obreros y soldados. Si bien el tono de la crónica es de disgusto y preocupación, en los días siguientes el acento variará entre los enfrentamientos que se darán entre las tropas antirrevolucionarias y los bolcheviques, mencionando con alegría, las aparentes derrotas de estos últimos en varias oportunidades. Grave situación de los maximalistas en Moscú31, Korniloff derrota a los maximalistas32, o la primera aparición de la idea de La guerra civil en Rusia33 marcarán un periodo en donde la oposición del nuevo gobierno y el juzgamiento de las prácticas políticas y sociales de los maximalistas estará interpelada por la confusión de los acontecimientos políticos que se inauguraron en Rusia a lo largo de 1917.
Reflexiones Finales
Es difícil que
diseñemos aquí alguna conclusión taxativa sobre las temáticas abordadas en todo
el artículo, sin embargo, podemos mencionar algunos corolarios interesantes que
nos permiten dimensionar el fenómeno de recepción del acontecimiento revolucionario
desde una escala reducida.
Volviendo a las preguntas iniciales que presentamos, vemos receptores locales que para nada se presentan pasivos ante este acontecimiento de semejante magnitud. Nueva Época se expresa muy consciente de lo que sucede, deslizando sus apreciaciones y valoraciones de lo acontecido siempre en clave de diálogo con las circunstancias provinciales del momento. Como describimos anteriormente, el contexto político problemático y en transición a nivel nacional y particularmente el santafesino, marcó algunas de las preocupaciones que el diario trasladará a la lectura que hace de la revolución. Es justamente esta “mediación” la que vehiculiza las formas en que fue receptada y representada, siendo el diario un actor clave en la producción de sus significados y evaluaciones.
Reconstruyó los acontecimientos de una forma particular, encontrando dos puntos álgidos en donde la revolución pasa a ser un tema de consideración. Como fuimos aclarando, la incertidumbre marca los cambios políticos, los grupos que la lideran, las personas clave, la identificación ideológica o el fin o alcance de la misma. Febrero abre la recepción de ella, aunque el recorrido posterior versa entre diferentes momentos destacables en donde los conflictos políticos, militares y diplomáticos se convierten en hitos destacables dentro de una
30Nueva Época. 02 de diciembre de 1917. 31Nueva Época. 12 de diciembre de 1917. 32Nueva Época. 14 de diciembre de 1917. 33Nueva Época. 20 de diciembre de 1917.
ola de desconcierto que tiñe el relevamiento que hace el diario sobre la realidad rusa. Esto hasta octubre, en donde a la incertidumbre se suma el tono negativo que venía desarrollando el diario los meses anteriores. Nuevamente remarcamos que octubre significó un hito en donde la preocupación y el disgusto por los elementos revolucionarios se cristalizaron para Nueva Época y sus consumidores.
Ahora, en cuanto a
las interpretaciones y adjetivaciones políticas que realiza el diario, febrero
apareció como una pequeña esperanza que abrió la posible llegada de la
transición democrática y
modernizadora para el viejo Imperio Ruso. La identificación de grupos
“subversivos” con accionar revolucionario, la inestabilidad política o la
siempre posible salida de la guerra por parte de Rusia comenzaron a ganar la
antipatía del diario, ya que de alguna manera representan problema o trabas
para la transición. Lo mismo ocurrió con la preocupación de la expansión revolucionaria
en Europa, el reconocimiento de elementos socialistas dentro de la nueva
organización gubernamental rusa o los elementos violentos que comienzan a
aparecer en la política interna de Rusia, siendo el reconocimiento de los
maximalistas y sus acciones, un ejemplo de ello.
La aliadofilia siempre presente
marcó una especie de lente donde las decisiones políticas y diplomáticas
rusas estaban en constante evaluación
y valoración. Todo lo que parecía
una amenaza para la Entente o se alejara de las formas democráticas o liberales
establecidas por occidente son juzgadas y puestas en tensión por el diario y su
colectivo editorial.
Por esto es que octubre significó un quiebre. El descontento en la identificación de elementos revolucionarios como los Soviets y los mismos Bolcheviques reafirman el miedo de Nueva Época: el aparente triunfo de la revolución maximalista. La condena y la demonización del accionar maximalista, así como el festejo aparente de la detención o la derrota de estos grupos dentro de las disputas políticas internas, mostró el disgusto del diario por lo que sucedía. Si bien la incertidumbre siguió tiñendo el relevamiento de los acontecimientos, la negatividad en aumento mostró la adjetivación o evaluación que el diario hizo de los últimos meses de 1917, en donde el tono condenatorio hacia las facciones revolucionarias que dominarán el escenario político ruso serán su marca identitaria.
Ahora, si nos enfocamos en las formas en que el diario vio el impacto del hecho ruso en la escena local, la preocupación y el miedo son los tintes más frecuentes. Desde febrero en adelante veremos cómo el temor por la expansión revolucionaria se hace presente desde las opiniones profesionales de políticos internacionales, así como el miedo en la identificación de elementos socialistas o revolucionarios en el devenir político de Rusia y la organización de su nuevo gobierno. Inquietud también expresada en las protestas organizadas y difundidas por el diario, aunque, como mencionamos anteriormente, los objetivos de las mismas sean difusos.
Octubre abrirá otro panorama, donde la identificación del maximalismo y sus prácticas revolucionarias y anti democráticas significarán un verdadero fantasma que según Nueva Época, amenazará el orden y la joven democracia que regía en estas tierras, por lo que ese “poder ser” que significaban aquellos lejanos triunfadores del Octubre revolucionario será cada vez mayor, siendo el fin de 1917 sólo el puntapié inicial de varios años donde Santa Fe se teñirá de rojo.
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Recepción: 12/05/2020 Evaluado: 04/07/2020 Versión Final: 28/07/2019
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