ARMUS, Diego (editor) (2024) Enfermedades argentinas. 16 historias. Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica. 497 págs.
El libro compilado por Diego Armus, Enfermedades Argentinas. 16 historias, es una obra que adquiere una significación especial luego de la inquietante experiencia que, en 2020, representó la pandemia de COVID 19 a nivel mundial. Pero, asimismo, al centrar su interés en las “enfermedades argentinas”, aporta claves para pensar problemas actuales respecto a la valoración de los saberes médico-científicos, las prácticas medicalizadas, las representaciones sobre las enfermedades, el cuestionamiento de la vacunación como parte de la política sanitaria de los Estados y la reaparición de algunos males considerados del pasado. Además, la discusión sobre estos temas sufre las tensiones propias del tiempo político que nos toca vivir.
Por otro lado, esto es parte de un panorama más global. No obstante, en Argentina hay particularidades que pueden comprenderse mejor si hacemos un recorrido por los diferentes capítulos del libro, que son dieciséis, cada uno sobre una enfermedad a tratar. Los primeros de ellos se destinan sobre todo a enfermedades y epidemias que hicieron su irrupción en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siguiente. Allí se sitúan el cólera y algunas epidemias que volvieron a la memoria, como referencia histórica, en los últimos años: la fiebre amarilla, la peste bubónica y, sobre todo, la denominada “gripe española”. En el mismo periodo, encontramos la neurastenia, una enfermedad asociada al desarrollo urbano y la modernización capitalista de la época y que, aunque difícil de medir en términos médicos, se impuso en el lenguaje cotidiano y generó un mercado de medicamentos y de soluciones más duradero que el propio diagnóstico de la dolencia en sí (p.119-120).
Los capítulos siguientes avanzan sobre enfermedades cuyo desarrollo en términos médicos y en su significación social nos introducen de lleno en el siglo XX, abarcando un periodo que llega a los años 50 e, incluso, en ocasiones los excede. Encontramos entonces sendos análisis sobre la campaña contra el paludismo y la viruela, una enfermedad de larga data que logró ser controlada muchos años gracias a la vacuna. Pero también se toman otras enfermedades en algún sentido más modernas, con alta incidencia social y que nos colocan en otra tónica, como aquellas cardiovasculares ligadas al mundo del trabajo o el tan temido cáncer. A continuación, un trabajo sobre la sífilis nos regresa al siglo XIX y comienzos del XX. Sin embargo, según la información más reciente, este mal está creciendo de un modo preocupante en la actualidad, afectando a una importante franja de la población joven. El libro aborda luego otras enfermedades de gran impacto durante el siglo XX, algunas vinculadas con condiciones sociales y regionales específicas, como la tuberculosis y el mal de Chagas-Mazza; y la poliomielitis, que afecta a las infancias y nos conduce a pensar temas hoy en disputa como la vacunación obligatoria, las políticas de Estado y su abordaje de la discapacidad en la Argentina.
Los capítulos finales, ubicados en el tránsito del siglo XX al XXI, nos presentan la epidemia del VIH-SIDA, analizada desde su impacto inicial al desarrollo de legislación, políticas públicas, campañas y avances en la medicación, a la vez que se plantea un panorama sobre qué significa vivir con la enfermedad. También se analizan aquellos trastornos identificados como los “males del comer y no comer” (p. 467), es decir, el desorden alimentario, sea por exceso (obesidad) o por defecto (anorexia), en un país donde la desnutrición es todavía un problema. En el caso del SIDA, definida en el libro como la epidemia más extensa -40 años- (p. 411), tuvo un impacto a nivel mundial y en la agenda pública de los Estados que fue determinante, incluso desplazando a otras enfermedades, y afectando profundamente la vida social. Por su parte, la obesidad, también definida como epidemia, y la anorexia, se inscriben en problemáticas asociadas a representaciones sobre el cuerpo, la belleza, el consumo, y por prácticas y valores culturales dominantes, en sintonía con las exigencias e ideales de la cultura tardomoderna.
Y, por último, el dengue, una enfermedad que, si bien se conoce desde hace más de doscientos años en diferentes países o regiones del mundo, pasó de no tener incidencia en la Argentina, a constituirse hace muy poco en una epidemia. Se trata así de una historia “en tiempo presente” (p. 439), ya que se centra en el año de inicio de la primera epidemia en el país, 2009, y su rebrote en 2016, yuxtaponiéndose primero con la pandemia de gripe A y más tarde con la de COVID 19. El incremento notable de casos, tanto como la mayor gravedad de muchos de ellos, y lapsos de reaparición cada vez más cortos, la han convertido también en una temida enfermedad. Podemos señalar que, en las epidemias y pandemias de las últimas décadas, se han hecho notar tanto las deficiencias del sistema de salud reformado en los años 90, como la creciente importancia de las redes sociales para comunicar y formar opinión en la población. Asimismo, resulta interesante que los diferentes capítulos, en diversa medida según el caso, suman al análisis histórico breves balances de cada enfermedad en el presente.
Como se afirma en la introducción “una enfermedad es mucho más que un microorganismo; por caso, un coronavirus. Y es mucho más porque ese sustrato biológico se conjuga de manera peculiar en contextos particulares donde cuentan dimensiones políticas, culturales, económicas, sociales, tecnológicas. Dicho de otro modo, las enfermedades se localizan (p.9)”. De tal manera que, si bien las y los autores del libro introducen en sus textos los factores biológicos y ambientales de cada enfermedad considerada, a partir de un enfoque predominante en el campo social e incluso cultural, priorizan analizar esa “historia localizada” a partir del desarrollo del conocimiento científico y técnico; de las cuestiones de contexto; de las respuestas y acciones desde la sociedad civil, tanto como de la génesis de las políticas de Estado al respecto, sus marchas y contramarcha; por último, de las representaciones que la sociedad argentina construyó sobre esas dolencias, sus sujetos padecientes y las condiciones en que se desenvolvían. Así, nos presentan una biografía de cada enfermedad (p.19), sopesando la interacción entre lo público y lo privado, la dimensión social de la medicalización y de las enfermedades, las problemáticas de los individuos afectados, más que destacar las figuras científicas, médicas y políticas que impulsaron avances en su conocimiento. Estas personalidades, aunque están presentes, no constituyen el eje de los trabajos, alejándose de un enfoque tradicional en torno a estos temas.
En este libro se trata entonces de rescatar la historicidad de las dieciséis enfermedades mencionadas, que han sido definidas por la medicina diplomada y la biomedicina, y el proceso especialización y profesionalización que esto implica, a la vez que se contempla el sentido de las creencias, expectativas de cura, saberes y prácticas alternativas, incluso en el ámbito doméstico (p.14-15). Todo esto resulta más significativo al momento de plantear el desarrollo de una historia sociocultural de las enfermedades en la modernidad argentina la cual, como hemos señalado, arranca a mediados del siglo XIX y culmina en el pasado reciente (p.16). Por otro lado, las preguntas y sus derroteros, en cada capítulo, no son homogéneos, no dan una única respuesta, aunque, en su conjunto, los trabajos elaborados conforman una polifonía llena de matices que nos permite revisar saberes y preconceptos, y repensar periodizaciones o procesos a veces condicionados por supuestos que provienen de la historia política argentina.
Otro aspecto a destacar es que estos trabajos sobre enfermedades en Argentina, recuperan escalas subnacionales -ciudades, provincias, regiones-, rescatando las acciones de gobiernos municipales, provinciales o a nivel nacional, tanto como sus diversas articulaciones, sin por ello desentenderse de los contextos globales, sea en el marco latinoamericano o mundial. Esto permite complejizar nuestra comprensión de ciertos problemas, conocer los avances y las regulaciones derivadas de organismos especializados a escala internacional, al mismo tiempo que medir divergencias en las prácticas, aplicaciones y sentidos que dan un contenido propio a cada una de las enfermedades localizadas en el territorio argentino.
Finalmente, las y los autores de este libro se ubican en el campo de la disciplina histórica y de las ciencias sociales en general y cuentan con una sólida formación académica que se manifiesta a través de la escritura de cada texto particular. Revelan así experticia en su objeto de estudio, es decir, en la enfermedad escogida para analizar, considerando múltiples dimensiones y la complejidad de las tramas subyacentes. A esto se suma que el resultado es accesible para cualquier lector interesado, tanto como para los estudiosos atraídos por una historia social de esta naturaleza.
Dra. María Pía Martín
Universidad Nacional de Rosario
https://orcid.org/0000-0001-6290-3596