SIRLIN, Ezequiel (2022) Los orígenes del antikirchnerismo esencial.  Rosario: Prohistoria. 230 págs.

 

 

El libro de Ezequiel Sirlin -Los orígenes del antikirchnerismo esencial- es un ensayo que ofrece un análisis profundo de los múltiples significados que se han articulado en torno a lo que el autor denomina “el antikirchnerismo esencial”. A lo largo de sus diecinueve capítulos, el autor define ese objeto como la formación discursiva que estructuró la oposición al kirchnerismo, atribuyéndole tanto una esencia despótica y corrupta como el monopolio de una concepción esencialista, que habría promovido la polarización en la historia política argentina desde la llegada del peronismo al poder.

El autor desagrega los diversos componentes del antikirchnerismo a partir de un análisis complejo que articula los registros histórico, sociosemiótico, discursivo, sociológico y politológico, entre otros. Para ello recurre a un amplio abanico de categorías de análisis tales como populismo, hegemonía, antipopulismo, fascismo, desigualdad, por citar sólo algunas. Aunque el libro adopta un formato ensayístico, a lo largo del texto incorpora el análisis de material empírico proveniente de fuentes primarias de diversa índole, fundamentalmente periodísticas o mediáticas. 

Ezequiel Sirlin cuestiona las interpretaciones que sostienen que tuvo lugar una primera etapa consensual del kirchnerismo hasta 2008, argumentando en cambio que la polarización se manifestó muy tempranamente, especialmente con las políticas de memoria, verdad y justicia del gobierno de Néstor Kirchner. Según el autor, al promediar este primer gobierno ya “se veía la mediación de una estructura de (re)sentimientos que incorporaba y proponía contenidos para una distorsión insidiosa de la realidad”.

Dentro de este recorrido se destacan tres ejes que articularon las críticas a esa experiencia política. Inicialmente, los cuestionamientos giraron en torno a las políticas de memoria. En un segundo momento, emergieron las críticas centradas en la supuesta deriva autoritaria del gobierno. Posteriormente, la denuncia de la corrupción gubernamental pasó a ocupar el núcleo del discurso opositor.

El texto también reconstruye cómo el antikirchnerismo se nutrió de la demonización del peronismo clásico, aunque sobre la base de una distorsión más acentuada. Sirlin rastrea las raíces históricas del antiperonismo, compara el momento de emergencia y consolidación del peronismo con los años del kirchnerismo, y muestra que aquel discurso atribuye al kirchnerismo rasgos de autoritarismo, voluntad de perpetuación, culto a la personalidad e intención de homogeneizar política e ideológicamente a la sociedad, características que ya habían sido adjudicadas al viejo peronismo. De este modo recupera “mitos y figuraciones” que habían nutrido al antiperonismo durante las cinco décadas anteriores, y pone en evidencia la enorme capacidad de supervivencia de ese sistema argumentativo. Esta actualización suponía, no obstante, la incorporación de nuevos elementos y una mayor distorsión. Aun cuando la “demonización del peronismo clásico” había sido mucho más profunda, en este caso “el real de la mitología anti-k” era menor o, planteado sobre la base de los tópicos enumerados, prácticamente inexistente.

Este ejercicio permite al autor mostrar los recursos que el antipopulismo utilizó para oponerse al kirchnerismo: la idea de un engaño deliberado -contenido en la expresión “el relato K”- posibilitarían su caracterización como un populismo autoritario. El otrora “hechizo” peronista y el “relato” kirchnerista se sustentaron en el control de los aparatos del Estado y en la pretensión de apropiarse simbólicamente del “pueblo” para perpetuarse en su nombre, y habrían venido a dividir y a introducir el conflicto en un país hasta entonces supuestamente unido.   

Aunque estos componentes ya estaban presentes en el antipopulismo histórico, la aplicación del esquema clásico contaría esta vez con nuevos instrumentos. La narrativa antikirchnerista se estructuró de manera polifónica con herramientas modernas como la ficción judicial, la utilización sistemática del espacio público audiovisual, las corporaciones mediáticas, la construcción de una posverdad a manos del periodismo profesional y el uso de redes sociales.

En su análisis, Sirlin sostiene que los detractores del kirchnerismo recuperaron del viejo arsenal antipopulista la figura del “vínculo maldito entre la plebe y el caudillo”, pero también las categorías “autoritarismo”, “simulacro” y “corrupción”. La combinación de estos tres elementos permitió construir múltiples sentidos según líneas argumentales que convirtieron al kirchnerismo en un régimen cargado de valoraciones negativas. El “estilo K” es descrito como una unión de temperamento autoritario, ambición ilimitada y psicología vengativa. Por su parte, el populismo se veía reflejado en el hermetismo decisorio, el vínculo plebiscitario y no representativo con las masas, el presidencialismo intenso y el deterioro institucional.

La cartografía que propone el autor establece una periodización interna que identifica un primer momento durante el cual el kirchnerismo fue asimilado al autoritarismo peronista. Mientras sus opositores preferían referirse a “la gente” o “la sociedad”, el kirchnerismo apelaba al “pueblo” en lo que era un indicio de su proyecto autoritario. A partir de 2009, y con mayor énfasis dos años más tarde, se vinculó esa experiencia política con el fascismo europeo. Los nuevos componentes de la comparación se debían a su estilo de “facciosidad violenta” y su responsabilidad en la promoción de enfrentamientos en el interior de la sociedad, modalidades que representaban el anverso de los valores republicanos. Desde el cambio de gobierno en 2015, estas preocupaciones fueron desplazadas por la corrupción como eje central.

A lo largo del texto, el autor expone cómo el antikirchnerismo, que en sus orígenes disputaba con el kirchnerismo el liderazgo del progresismo, terminó afianzándose en su vertiente más conservadora. La denuncia de los componentes autoritarios del kirchnerismo y la adopción de una perspectiva antihegemónica por parte del liberalismo conservador le permitieron diluir tanto la irracionalidad de su propio accionar durante el período 1955-1983 como su responsabilidad en el descalabro neoliberal y en las crisis que tuvieron lugar en el pasado reciente. Esta operación discursiva recompuso su lugar de enunciación y generó las condiciones para que se presentase como el “sujeto esclarecedor de un engaño populista”.

Frente a un kirchnerismo crispado y furibundo, la derecha mostró templanza, importó la estética propia del mundo corporativo a la política y escenificó la encarnación de valores de los que carecían quienes habían conducido el país a una política corrupta y marcada por el fracaso. El antikirchnerismo interpeló a la clase media a través de una vulgarización cultural y una simplicidad discursiva que, sumadas a un antiintelectualismo, dieron origen al “populismo cultural” de la nueva derecha. Sirlin afirma que la clase media rechazó la apelación kirchnerista a incorporarse en un movimiento social inclusivo porque afectaba su elitismo, sostenido en el distanciamiento -material o simbólico- frente a los sectores bajos de la sociedad.   

La obra de Sirlin es una lectura ineludible para comprender las formaciones discursivas que emergieron con la aparición y consolidación del proyecto político kirchnerista. Es un aporte valioso a la reconstrucción del entramado discursivo que progresivamente se organizó sobre una dinámica agonística inscripta en la vieja lógica peronismo-antiperonismo o populismo-antipopulismo, ahora operando con nuevos componentes semánticos, nuevos actores y nuevas herramientas. El autor concluye que la configuración del antikirchnerismo esencial habilitó el reciclaje de una derecha que, gracias a ello, pudo volver al poder para iniciar un nuevo ciclo de endeudamiento externo, fuga de capitales, desindustrialización y regresión del ingreso. Esta genealogía reconstruye la trama discursiva de aquellos años que moldeó, y lo continúa haciendo, el modo en el que se definen los antagonismos políticos en la Argentina.

 

Silvina Gibbons

Doctora en Historia

Docente e investigadora en la Facultad de Ciencia Política y RR.II.

 Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Orcid: https://orcid.org/0000-0002-0818-4911

E-mail: silgibbons@yahoo.com