De dolor, aflicción y esperanza: huidas y migración a las Américas de los refugiados judíos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial

 

 

Vanesa Teitelbaum (*)

 

Resumen

 

El artículo profundiza una línea de análisis, prácticamente inexplorada por la historiografía hispanoamericana, centrada en el examen de las trayectorias de huida y salvación judía a través del Lejano Oriente. Con ese propósito, el trabajo se detiene y ahonda en torno a las percepciones, sentimientos y emociones de quienes se salvaron a través de esta ruta de escape y migraron hacia diferentes destinos, como Argentina, México y otros espacios americanos. El artículo sugiere, retomando la categoría de comunidad emocional acuñada por Barbara Rosenwein, que los refugiados judíos compartieron un conjunto de emociones y sentimientos, tales como el miedo, la incertidumbre, el dolor, el cansancio y la aflicción, combinados con el alivio, la esperanza y el agradecimiento a las ayudas recibidas, tanto por parte de familiares, como de funcionarios diplomáticos y especialmente de integrantes de comités de ayuda a los refugiados. En el caso específico de los judíos polacos que se salvaron a través de esta ruta de escape por el Lejano Oriente, fue posible, además, identificar un conjunto de sentimientos, emociones y percepciones específicas, tales como el elogio a la hospitalidad y la amabilidad de los japoneses y la valoración al papel desempeñado por el Comité de Ayuda a los Refugiados en Kobe. Las principales fuentes para este trabajo fueron documentos personales, como diarios y testimonios orales y escritos conservados en archivos como el United States Holocaust Memorial Museum (USHMM), (Estados Unidos), complementados con materiales de la División de Historia Oral del Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Biblioteca Nacional de Israel y testimonios resguardados en los archivos del Yad Vashem.

 

 

Palabras clave: Argentina; Polonia; Refugiados judíos; Escape; Shoá.

 

 

Of pain, affliction and hope: escapes and migration to the Americas from Jewish refugees in times of the Second World War

 

Abstract

 

The article explores a line of analysis, virtually unexplored in Hispanic American historiography, focused on the examination of Jewish flight and salvation trajectories through the Far East. To this end, the article focuses on and delves into the perceptions, feelings, and emotions of those who were saved through this escape route and migrated to different destinations, such as Argentina, Mexico, and other American territories. Reviving the category of emotional community coined by Barbara Rosenwein, the article suggests that Jewish refugees shared a range of emotions and feelings, such as fear, uncertainty, pain, fatigue, and affliction, combined with relief, hope, and gratitude for the assistance received from family members, diplomatic officials, and especially members of refugee aid committees. In the specific case of the Polish Jews who escaped via this escape route through the Far East, it was also possible to identify a set of specific feelings, emotions, and perceptions, such as praise for the hospitality and kindness of the Japanese and appreciation for the role played by the Refugee Aid Committee in Kobe. The primary sources for this work were personal documents, such as diaries, and oral and written testimonies preserved in archives such as the United States Holocaust Memorial Museum (USHMM), supplemented by materials from the Oral History Division of the Institute for Contemporary Jewry at the National Library of Israel and testimonies held in the archives of Yad Vashem.

 

Key Words: Argentina; Poland; Jewish refugees; Escape; Shoah.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De dolor, aflicción y esperanza: huidas y migración a las Américas de los refugiados judíos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial

 

 

Introducción

 

Desde que estalló la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, miles de hombres y mujeres huyeron de sus poblados en Polonia y se dirigieron hacia el Este, en la frontera con Lituania,[1] y se refugiaron en Vilna, una conocida urbe caracterizada por su vitalidad cultural y religiosa judía. Allí lograron subsistir, apoyados por organismos de socorro de origen norteamericano, como el American Joint Distributtion Committee (JDC), denominado popularmente el Joint,[2] y por comités de ayuda local, como el Comité de Refugiados de Vilna (Refugees Committeee of The Keylah in Vilnius), así como por la ayuda brindada por los habitantes judíos de Vilna.[3]

El desarrollo de la guerra y, en especial, la ocupación soviética de Vilna y del resto de Lituania en junio de 1940, complejizó la situación de los refugiados, que se vieron impelidos a adoptar la ciudadanía soviética (lo cual les impediría regresar a Polonia) o bien, convertirse en apátridas, enfrentando de esa forma el peligro de ser enviados a Siberia o a alguna de las provincias del Lejano Oriente de Rusia. La dominación soviética y la expansión de los alemanes en Europa Occidental agravaron la precariedad y vulnerabilidad de los refugiados y, en ese contexto, los que pudieron trataron de irse. Fue entonces cuando se desplegó una de las pocas rutas de escape exitoso durante la Segunda Guerra Mundial: salir de Lituania a Rusia y de allí a Japón para embarcar luego a aquellos destinos que aceptaran recibirlos. Esta vía de huida que fue posible, especialmente, entre finales de 1940 y mediados de 1941, permitió salvar a miles de judíos polacos de la guerra y el posterior genocidio, conocido más tarde como el Holocausto o la Shoá.[4]

Algunas aclaraciones previas. La primera, explicar que, tal como propone Irene Eber (2018), desde abril de 1941 existía entre Rusia y Japón un tratado de neutralidad y este acuerdo se mantuvo hasta el 8 de agosto de 1945, cuando el Ejército Rojo finalmente se enfrentó con el ejército imperial japonés en Manchuria. Entonces, al no estar enfrentados entre sí Rusia y Japón, potencias situadas en bandos opuestos en la Segunda Guerra Mundial, fue posible esta instancia de huida durante la guerra.

La segunda, sugerir que ante la centralidad que adquirieron los testimonios de sobrevivientes de los campos nazis, y en el contexto de la posguerra y la Guerra Fría, las experiencias de los refugiados judíos polacos que se salvaron a través de esta ruta de escape (Polonia-Lituania-Rusia-Japón) quedaron relegadas –incluso por ellos mismos- de los trabajos de reconstrucción y narración de los sucesos involucrados con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.[5]

En tercer lugar, me gustaría indicar que en contribuciones anteriores (en especial, Teitelbaum, 2024 a y b) analicé estos tránsitos de los judíos polacos, indagando las memorias sobre sus experiencias de huida y exilio, las emociones y los sentimientos que acompañaron sus desplazamientos, así como el papel crucial que desempeñaron en su rescate y migración los organismos de ayuda a los refugiados, como el Comité de Asistencia a los Refugiados, creado en Kobe (Japón), y conocido como Jewcom, en alusión a las siglas en inglés Jewish Community, que lo conformaba.

Las páginas que se presentan a continuación retoman y profundizan dicha línea de análisis, prácticamente inexplorada por la historiografía hispanoamericana, centrada en el examen de las trayectorias de huida y salvación judía a través del Oriente. Con ese propósito, la primera sección del artículo recupera algunos planteamientos vertidos en dichos trabajos previos, particularmente, aquellos referidos al marco temporal y espacial en el que se desarrollaron estas prácticas de escape y migración. Posteriormente, el trabajo se detiene y ahonda en torno a las percepciones, sentimientos y emociones de quienes se salvaron a través de esta ruta de escape y migraron hacia diferentes destinos, entre los que se encontraban distintos espacios americanos, como Estados Unidos, Canadá, Argentina, México, entre otros.[6]

Para efectuar el análisis, me apoyo en los aportes provenientes de la renovación temática y metodológica de los estudios judíos en América Latina y, estrechamente relacionado con lo anterior, en los enfoques empleados en los trabajos sobre la Shoá. Asimismo, la investigación se benefició de las herramientas y conceptos utilizados en la historia social y la historia de las emociones, que resultaron especialmente útiles para explorar las experiencias de los refugiados en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

Desde esas perspectivas y priorizando, a su vez, las metodologías cualitativas, examino un conjunto de fuentes que incluyen testimonios orales y documentos personales, como memorias y diarios. La lectura de los documentos reveló que los refugiados compartieron un conjunto de emociones y sentimientos, tales como el miedo, la incertidumbre, el dolor, el cansancio y la aflicción, combinados con el alivio, la esperanza y el agradecimiento por las ayudas recibidas durante sus escapes y refugios. En esa tónica, los testimonios traslucían tanto el desconsuelo y el pesimismo como la ilusión ante las nuevas perspectivas que traían aparejada su migración fuera del continente europeo.[7] A su vez, una percepción que afloró en los testimonios de refugiados fue el sentir que ellos fueron afortunados en comparación con las vivencias de quienes sufrieron torturas, humillaciones y asesinatos durante el nazismo en guetos, campos de concentración y de exterminio.

Estrechamente relacionado con lo anterior, fue posible detectar otro vértice de análisis a través de estos testimonios, referido a los sentimientos de decepción y pesimismo frente a lo que podríamos denominar como la pérdida de Europa. En efecto, la desilusión y la tristeza ante la destrucción de su cultura y el mundo anterior a la guerra, recorrieron algunos de los documentos analizados sobre el tema.[8] Una muestra en ese sentido se reflejó en el diario de viaje de Nejome Werchow, una refugiada judía polaca, quien en julio de 1941, logró llegar a Tucumán, en el noroeste de Argentina, proveniente de esta ruta de escape a través de Japón. La rica y antigua cultura de Europa del Este, cifrada en la vida judía de Polonia y Lituania, había sido destruida con la guerra y las migraciones, denunciaba Nejome, al tiempo que recuperaba el trabajo de un escritor ruso que advertía sobre la influencia creciente del movimiento de las personas que cada vez más se verían forzadas a abandonar lo propio y a errar.[9]

Finalmente, el artículo plantea la relevancia que adquirió en los testimonios el agradecimiento a las ayudas recibidas, tanto por parte de familiares, como de funcionarios diplomáticos y especialmente de integrantes de comités de ayuda a los refugiados y habitantes de las ciudades donde se refugiaron.

Estos sentimientos y emociones compartidos por los refugiados judíos del nazismo podría aproximarse a una categoría proveniente de la historia de las emociones. En particular, es factible recuperar la noción definida por Barbara Rosenwein (2007, p. 21) de “comunidad emocional”, unida por suposiciones, valores, metas, reglas de sentimiento y modos de expresión aceptados.[10] Ahora bien, si pensamos en el grupo específico de judíos polacos que se salvaron a través de esta ruta de escape por Japón es plausible identificar, además, un conjunto de sentimientos, emociones y percepciones específicas, tales como el elogio a la hospitalidad y la amabilidad recibida durante su refugio en Japón. En tal sentido, fue unánime la valoración al papel desempeñado por el Jewcom y el agradecimiento a las ayudas ofrecidas a los refugiados, tanto por parte de los miembros del Comité, como de los japoneses en Kobe. También, los judíos polacos rescatados a través del Lejano Oriente, reconocieron la solidaridad de los habitantes judíos en ciudades como Vilna, donde se refugiaron, y la tranquilidad que experimentaron allí hasta la ocupación soviética de Lituania.

En función de las sugerencias señaladas anteriormente, interesa efectuar algunas anotaciones adicionales. La primera, indicar que las personas podían pertenecer a más de una comunidad emocional. En tal sentido, Rosenwein propone la existencia de comunidades emocionales múltiples. La segunda cuestión se vincula con las denominaciones empleadas en este artículo, tales como emociones y sentimientos. Al respecto, me gustaría recuperar el trabajo de James Peire (2020), quien señala como hasta hace poco tiempo la historiografía empleaba la denominación “historia de las sensibilidades” para aludir a la dimensión sensitiva. Sin embargo, y como advierte, con el “giro afectivo” la emoción y las expresiones correlativas, desplazaron a la sensibilidad a un segundo plano.[11] Asumiendo, además, que tratar de definir cada uno de los conceptos que se utilizan desde la perspectiva del giro afectivo no resulta sencillo, Peire (2020) sostiene que la emoción se puede definir como el primer impacto, que afecta al sujeto, lo toca, lo golpea y eso produce un efecto instantáneo en el cuerpo. El sentimiento sería la absorción más estable de la experiencia del sujeto, de eso que ha tocado a la persona. El afecto nombraría algo genérico que los engloba, de menor definición y que alude o involucra una faceta más relacional.[12]

Por su parte, María Bjerg y Sandra Gayol (2020), en la presentación al Dossier que coordinaron sobre este tema en Argentina, recuperan el consenso historiográfico acerca de que las emociones deben entenderse “enmarcadas históricamente, en un tiempo y espacio concreto, que son los que, a su vez, habilitan distintos tipos de emociones”. Asimismo, retoman una de las inquietudes centrales que planta esta perspectiva de análisis de lo emocional. En tal sentido, se interrogan acerca de cómo distinguir las nociones de emociones de las de sentimientos y afecto. Dicha cuestión, lejos de encontrar una resolución promueve una serie de debates y reflexiones. En esa dirección, se preguntan acerca de las posibilidades de subsumir a las dos últimas categorías (sentimientos y afecto) “en una noción ecléctica de emoción que funja a la vez como término organizador a la hora de historiar el miedo, la ira, el odio o el amor” (Bjerg y Gayol, 2020).

Finalmente, es factible coincidir con las reflexiones de Estela Roselló Soberón (2022, pp. 342-343), acerca de la inclinación actual entre los especialistas en la historia de las emociones, de utilizar estos distintos conceptos en el análisis, entendiendo cada vez más que tanto las emociones, como los sentimientos y los afectos son construidos, aprehendidos y transmitidos socialmente. En esa línea, Roselló Soberón (2022, pp. 342-343), afirma que las emociones son “construcciones culturales que permiten percibir, representar, conocer y ordenar el mundo de una manera específica. Para los especialistas en la historia de las emociones estas siempre se piensan como construcciones históricas y culturales que se llenan de significados particulares de acuerdo con los grupos o las comunidades que las experimentan y les dan un sentido específico en una época y en un espacio determinados”.

 

Breves consideraciones sobre las fuentes

Antes de comenzar el análisis propiamente dicho, quisiera apuntar algunas breves consideraciones sobre las fuentes. En esa dirección, me gustaría señalar que la investigación se basa, principalmente, en un conjunto de 26 testimonios orales y escritos. Dicho corpus incluye 21 entrevistas del United States Holocaust Memorial Museum (USHMM), de Washington (Estados Unidos), en particular su colección “Flight and Rescue”, realizada en el año 2000 sobre las experiencias de refugio en Japón y Shanghái.[13] Este material se complementó y completó con la revisión de dos testimonios contenidos en la División de Historia Oral del Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Biblioteca Nacional de Israel y otros dos testimonios resguardados en los archivos del Yad Vashem, también de Israel. Asimismo, entre los documentos personales explorados se destacó la localización de una fuente de especial valor para la investigación, como fue el diario de viaje de Nejome Werchow, traducido del ídish al castellano por Lucas Fiszman y analizado en Teitelbaum (2020, 2021a y b y 2022).

 

Del refugio en Vilna al amparo en Japón

 

Una lectura de las fuentes y de la bibliografía sobre el tema permite reconstruir el contexto espacial y temporal en el que estas prácticas de tránsito, huida y migración se desarrollaron. En especial, interesa explicar, aunque sea brevemente, cómo fue el refugio de los judíos en Vilna y el surgimiento de la ruta de huida a través de Japón. Para ello, quisiera recuperar el trabajo de Bauer (1981, pp. 107-113), quien en sintonía con lo observado en nuestro análisis de las experiencias de los refugiados a través de sus testimonios,[14] sostiene que los judíos que huyeron de Polonia hacia Vilna fueron bien recibidos por los judíos que habitaban allí y contaron con el apoyo fundamental de las asociaciones de socorro a los refugiados. Según Bauer, los judíos fueron ayudados por el Comité General de Ayuda para los refugiados, cuyo nombre era Ezrat Plitim, el cual aglutinaba a las asociaciones de ayuda judía locales y extranjeras en un organismo central, que contaba a su vez con el apoyo del Joint. Del problema de la alimentación de los refugiados y de su alojamiento se ocupaba este Comité, que estableció comedores populares y casas comunes para albergarlos.

Por su parte, respecto a la estancia de los judíos polacos en Vilna, Medzini (2016, pp. 119- 120) proporciona un recuento relevante. En particular, al explicar la situación que trajo aparejada la entrada de las tropas soviéticas a Lituania, el 15 de junio de 1940 y su anexión como parte de la Unión Soviética seis semanas más tarde (el 3 de agosto). Incluso antes de esta última fecha, advierte, el 1 de julio de 1940, las autoridades soviéticas prohibieron todas las organizaciones y actividades políticas, aparte de aquellas sostenidas por el Partido Comunista. En esos parámetros, tanto los judíos locales como los refugiados judíos de Polonia comenzaron a buscar formas de escapar del país, ya que las autoridades soviéticas inmediatamente comenzaron a acorralar a los líderes judíos de los movimientos socialistas, bundistas y sionistas,[15] algunos de los cuales fueron arrestados y deportados a los campos de Siberia. Asimismo, un vasto número de judíos en Lituania buscaron irse porque los rusos comenzaron a perseguirlos, acusándolos de “inclinaciones burguesas” y de ser hostiles a la Unión Soviética.

A grandes rasgos, este era el ambiente tras la llegada de los soviéticos en junio de 1940, es decir la coyuntura experimentada por los refugiados judíos en Vilna que fomentó su partida a Japón, a través de Rusia. Fue en ese contexto en el cual comenzó a circular la noticia acerca de las visas de tránsito japonesas que permitirían a los refugiados viajar a través de Rusia. Para concretar esta ruta de escape era indispensable, a su vez, contar con el permiso de salida soviético, el cual, según propone Medzini (2016, p. 123) se otorgó en función de su interés por no contar con más población judía después de la anexión del este de Polonia y los estados bálticos. También, existía una motivación económica, ya que los judíos pagarían por el transporte en tren con dinero en efectivo, dólares americanos, fondos provistos, por el Joint y por la Sociedad Hebrea de Ayuda al Inmigrante, conocida como HIAS.[16]

 

La ruta de escape (Polonia-Lituania-Rusia-Japón)

Así, y aproximadamente durante un año, entre julio de 1940 y junio de 1941, los refugiados judíos abandonaron Lituania y llegaron a Moscú para tomar el ferrocarril Transiberiano que después de recorrer 10.000 km los llevaba a Vladivostok, en el extremo oriental de Rusia. Desde ahí los refugiados se trasladaban a Tsuruga, puerto pesquero japonés que fue el lugar de arribo de los judíos polacos en esta ruta de escape y, posteriormente, viajaban a Kobe, ciudad portuaria en donde se había formado el Comité de Asistencia para los Refugiados, conocido, como ya se dijo, como Jewcom.

Es importante subrayar que en esta ruta de escape fueron indispensables los comités de asistencia al refugiado, como el mencionado Jewcom y los organismos de socorro, principalmente el Joint, que desempeñaron un rol esencial al otorgar ayudas y contribuir al pago de los boletos.

Respecto a las cifras, aproximadas, de judíos que transitaron esta vía de escape desde Lituania a Rusia y de allí a Japón (entre mediados de 1940 y noviembre de 1941), podemos apoyarnos en varias fuentes. Así, por ejemplo, en una carta enviada a Nueva York, donde funcionaba la sede principal del Joint, el Sr. Tarashtzhanski, en representación de la filial de organismo en Vilna, informaba de la existencia de 9.064 judíos polacos registrados por el Comité de Refugiados de la Kehilá (comunidad) en dicha ciudad.[17] Entre ellos, un número estimado en 4608 personas, entre 2074 judíos polacos, 2203 judíos alemanes y 331 de otras nacionalidades, dejaron atrás Lituania y viajaron hacia Rusia y luego a Japón, en el periodo comprendido entre julio de 1940 y noviembre de 1941.[18]

Sentimientos y emociones de los refugiados judíos

 

¿Cómo trabajar las expresiones contenidas en los testimonios escritos y orales? ¿Cómo explorar las expresiones plasmadas en entrevistas, documentos personales, diarios y memorias de los refugiados? Un examen de las fuentes nos permite plantear algunas cuestiones. Por un lado, es factible pensar que los sentimientos y las emociones de los judíos al escapar de sus poblados en Polonia, dirigirse hacia la frontera con Lituania y refugiarse en Vilna acusaron el impacto del peligro, el horror y la incertidumbre propia de los tiempos de guerra. También, apuntaban a algo más, a aristas inéditas, y en muchos casos sin nombre, porque aludían a un genocidio sobre el cual no se tenía magnitud cabal ni referencia histórica posible.[19]

En nuestro análisis de entrevistas y escritos personales de los refugiados judíos observamos un conjunto de sentimientos y emociones, como la preocupación, el miedo, el dolor, la angustia, pero también la determinación que los llevó a arriesgarse en huidas, tránsitos y refugios.

En sus experiencias, y al calor de las ayudas, la asistencia y la solidaridad recibida, en especial por parte de asociaciones judías de auxilio a los refugiados, de los habitantes y de otros actores institucionales y personales, los refugiados sintieron también ilusión, alivio, esperanza y agradecimiento.

Sin desconocer las singularidades de los individuos y las especificidades de sus vínculos y de sus entornos, a continuación, presentamos algunas reflexiones en torno a sus sentimientos y emociones. Podemos proponer, a modo de hipótesis, que los refugiados sintieron un conjunto de emociones y sentimientos que probablemente delinearon los contornos de lo que Bárbara Rosenwein (2007, p. 21) define como comunidad emocional. Dicha comunidad emocional compartía las emociones y sentimientos que atravesaron al común de los refugiados judíos del nazismo pero además conllevaba rasgos específicos producto de su exilio y tránsito por Polonia, Lituania, Rusia y Japón. Las vivencias y percepciones moldeadas durante sus refugios y desplazamientos forjaron sentimientos y emociones comunes que delinearon los contornos de la comunidad emocional de judíos polacos que se salvaron mediante esta ruta de escape.

 

Del despojo a la valoración y el agradecimiento

Cuando los hombres y mujeres salieron de sus ciudades y pueblos en busca de un refugio, se enfrentaron a un amplio abanico de sentimientos y emociones. En un contexto signado por la expansión nazi y la dominación soviética, los judíos que huyeron desde Polonia hacia el Este debieron atravesar varias y numerosas dificultades y peligros. Tratar de llegar a un lugar seguro sin ser detenidos o asesinados, separarse de sus familiares para emprender las huidas, sobrevivir al clima, el hambre, la falta de recursos económicos, formaban parte de los obstáculos y los dramas que sufrieron en sus tránsitos. No es extraño, entonces, que en sus testimonios afloraran sentimientos y emociones como, por ejemplo, el miedo, el dolor, la preocupación y la incertidumbre.

Además, los refugiados cada vez más se enfrentaban a la angustia y al cansancio, en su lucha por conseguir los documentos migratorios, que implicaban indefectiblemente numerosos trámites absolutamente complicados en el contexto del desarrollo de la guerra, con el consiguiente cierre de consulados, la falta de papeles y la necesidad de reunir el dinero para costear los boletos que requerían los traslados durante sus tránsitos para escapar y migrar.

Extenuados y con la sensación de haber perdido la autoestima, los refugiados podían sentirse humillados y despojados. Estas descripciones afloraron en entrevistas y escritos personales de los judíos polacos y, además, se revelaron en otros documentos, como aquellos que reflejaban las miradas de quienes participaron en las labores de asistencia y rescate. En ese clima de ideas podemos inscribir, por ejemplo, el reporte de junio de 1941, preparado por el vicepresidente del Comité de Asistencia a los Refugiados, de Kobe, el Dr. Moise Moiseeff, y dirigida al Congreso Judío Mundial en Nueva York,[20] una valiosa fuente que localicé en la Colección Zorach Warhaftig del Archivo de Yad Vashem, acervo donde se encuentra abundante material sobre la situación de los judíos en Japón y China. Los refugiados llevaban dos años de haber sido destituidos de todo, financiera y espiritualmente. Habían perdido su autoestima con semejante despojo, afirmaba Moiseeff en dicho informe. [21]

Como ya se anticipó, este tipo de apreciaciones podemos relacionarlas con las percepciones plasmadas por los mismos refugiados. Tal fue el caso de Nejome Werchow, quien, como señalamos en la introducción de este artículo, había migrado a Argentina a través de esta ruta de escape. En uno de los pasajes de su diario de viaje recordaba su emoción cuando por fin recibió el buen trato de un diplomático que le entregó sus documentos migratorios. “Ya hacía mucho que no sentía que yo fuera algo”, anotaba en su manuscrito (Werchow, 2022, p. 83). Estas elocuentes palabras que traslucían el cansancio y las decepciones acumuladas, al tiempo que revelaban el alivio y la emoción de sentir nuevamente el apoyo, la solidaridad y el entendimiento por parte del prójimo, fueron escritas por Nejome luego de su encuentro con el cónsul argentino en Yokohama (Japón), Alfredo J. Ambrossoni. El cónsul, además de tratarla con amabilidad y cortesía, le entregó los documentos que durante tanto tiempo ella había esperado.

Además del agradecimiento con algunos diplomáticos, los refugiados valoraron el apoyo de los habitantes, primero en Vilna y luego en Kobe (donde existía una pequeña comunidad judía que había formado el Comité de Asistencia a los Refugiados, el cual –como ya se dijo- era conocido como Jewcom) y reconocían la ayuda de los miembros de las asociaciones de socorro a los refugiados, que desempeñaron un papel fundamental en la asistencia y coordinación de las ayudas.

En el caso del refugio en Vilna, auxiliados por los comités de ayuda a los refugiados, como el Comité de Refugiados de Vilna y la solidaridad de los habitantes judíos de Vilna que alojaban en sus casas a los refugiados y les brindaban consejos y orientaciones para su vida en la ciudad, los judíos que huyeron de Polonia pudieron disfrutar de un periodo de relativa calma y tranquilidad, hasta la ocupación soviética de Lituania. Esta estancia favorable fue descripta en varios testimonios, como, por ejemplo, el ya mencionado diario de Nejome, donde ella describía el buen clima vivido durante el primer semestre de su exilio en Vilna (Werchow, 2022). También Yosef Rotenberg, un judío polaco que después de la guerra y a través de esta ruta de escape logró llegar a México, recordaba positivamente su estancia en la ciudad, donde había vivenciado cierta tranquilidad y gozado de un ambiente hogareño, por lo menos hasta la llegada de los soviéticos que llevaron adelante una serie de vigilancias y detenciones (Woldenberg, 2021).

Los recuerdos positivos acerca de las ayudas recibidas durante el refugio en Vilna hasta la llegada de los soviéticos y, más tarde, en Kobe, permearon el grueso de los testimonios analizados. Tal fue el caso, también, de mujeres como Ruth Bercowicz Segal, quien tenía 18 años cuando huyó de su ciudad en Polonia, y se dirigió a Vilna, en donde –y luego de un dificultoso tránsito que incluyó su detención- logró reencontrarse con su padre, quien había llegado primero. Desde allí, como otros judíos polacos que se salvaron por esta vía, se trasladó a Japón y finalmente logró migrar a Nueva Zelanda primero, y a Estados Unidos después. 

Ruth, como otras y otros refugiados que recorrieron estos senderos de escape y posteriormente pudieron emigrar, agradecía la amabilidad y la solidaridad de los judíos en Kobe, quienes ayudaron a los refugiados incluso cocinando para ellos. Había algunas pocas familias allí, en Kobe, recordaba Ruth, y ellos prepararon comida europea para nosotros y eso fue de gran ayuda, admitía. Incluso ellos actuaron como traductores, porque vivían allí, sabían japonés y por supuesto eso fue de gran importancia para los refugiados.[22]

Ruth definía a los japoneses como gente muy tranquila, considerados, amables, gente muy agradable evocaba. Afirmaba que incluso fueron atentos cuando les vendieron frutas y vegetales, también fueron atentos con el precio. Valoraba el apoyo de los habitantes de Japón, que frente a la situación de los refugiados que no conocían el idioma, contaron con su solidaridad. Tal fue el caso del día que los refugiados fueron al edificio de la comunidad judía de Kobe y allí los japoneses les regalaron manzanas frescas y les explicaron que podían hacer jugo.[23]

El agradecimiento con los habitantes de Japón y con la comunidad judía que residía allí era unánime. Este reconocimiento se plasmó en las fuentes escritas y orales analizadas (memorias, diarios personales y entrevistas), donde los refugiados elogiaban la amabilidad, la atención y la solidaridad recibida en Japón.

Otra muestra en ese sentido se observó en el testimonio de Yonia Fain, quien a través de esta ruta de escape migró a México al finalizar la guerra. Fain, quien llegó a ser un conocido poeta y pintor, valoraba el rol cumplido por la comunidad judía de Kobe, la cual los auxilió en su refugio y tránsito.[24]

 

Entre la esperanza y la aflicción

Cuando por fin los judíos contaron con el dinero, los documentos y los pasajes para migrar, afloraba la ilusión de recomenzar la vida en tierras lejanas a la guerra y a la persecución. Sin embargo, estos sentimientos de esperanza convivían con la incertidumbre y el sufrimiento por la situación de los familiares que no habían podido salir de Europa y enfrentaban entonces el destino más temido. Esta aflicción se incrementaba en consonancia con la difusión de las noticias acerca del exterminio al pueblo judío por parte de los nazis y sus colaboradores.

Así, a pesar de la tranquilidad y el alivio que trajo aparejado para los refugiados su estadía en Japón, ellos expresaban en sus testimonios como la preocupación por sus familiares los afectaba todo el tiempo, más aún en la medida que se difundían las noticias sobre el desarrollo de la guerra y el avance de los nazis en Europa. Con lo cual, mientras evocaban los buenos tratos, la hospitalidad y la belleza del país que los alojó, los judíos no dejaban de recordar a sus parientes y sufrían pensando en lo que estarían viviendo. “El corazón de ellos estaba con sus parientes que estaban atrás y las noticias eran terribles”, recordaba Fain en su testimonio. [25]

 

Fuimos afortunados

Por otra parte, un horizonte común entre los hombres y las mujeres que atravesaron estas experiencias de tránsito, refugio y migración fue el sentir que ellos fueron afortunados en comparación con las atroces vivencias de quienes sufrieron deportaciones, estuvieron escondidos, fueron enviados a los campos de concentración y exterminio y padecieron torturas y humillaciones.[26]

Al respecto, me gustaría recuperar nuevamente la trayectoria de Yonia Fain, quien expresaba con nitidez este sentimiento. Según sus expresiones, frente a lo que hicieron los nazis con sus familiares, con los habitantes de cada lugar, con cada ciudad, en definitiva, con el asesinato de los nazis al pueblo judío, ellos sufrieron por la pérdida de todo lo que conocían, pero al mismo tiempo sintieron que estaban vivos, que su vida era un regalo. Trataron de aceptar ese accidente, pensaron la sobrevivencia como una cierta obligación y buscaron darle a la vida un sentido. En su caso, él decidió hacer del arte su vida y dedicarse a retratar la existencia del hombre, su derecho al trabajo y a la vida.[27] Dicha aspiración se manifestó durante los primeros años de la posguerra, con su acercamiento en México al muralismo de la mano de Diego Rivera, tema que escapa a los objetivos de este trabajo.

Por otra parte, los refugiados se sentían afortunados al haber contado con la ayuda de sus familiares que habían insistido y realizado sostenidos esfuerzos por lograr conseguir los papeles migratorios, favorecer las ayudas y, sobre todo, habían asumido en muchos casos las decisiones, riesgosas e impredecibles que implicaban las huidas y tránsitos en plena guerra. En esos parámetros podemos situar, por ejemplo, las expresiones de Susan Bluman, una joven mujer judía polaca que se salvó del Holocausto mediante esta ruta del Lejano Oriente y, finalmente, logró migrar a Canadá en 1941. Según afirmaba, ella “fue muy afortunada porque su esposo era muy persistente e iba todo el tiempo a Tokio a tratar de conseguir las visas para tratar de encontrar para ellos un lugar de refugio, lo cual no era muy fácil”.[28]

Por su parte, Raquel Berman, quien era una niña cuando llegó a México en los años 1940, procedente de esta ruta de huida, consideraba que el mérito había sido de su padre, al decidir y encauzar a toda la familia para escapar en el momento preciso.[29]

La sensación de haber sido afortunados se entrelazaba otras veces con la propia valía y el reconocimiento de sus potencialidades y fortalezas. Qué habría sido de mí sí me hubiera quedando esperando, se preguntaba Werchow (2022, p. 76), en su diario, al recordar los consejos de su marido desde Argentina, quien -frente a su telegrama solicitándole dinero-, le pedía que tenga paciencia.  

 

Desilusión: la pérdida de Europa

Una lectura de los testimonios permite observar un aspecto vertebrador de las experiencias de los refugiados judíos durante la guerra y los años inmediatamente posteriores. Me refiero a la sensación de pérdida y de decepción ante la observación de una situación dramática y de proporciones hasta entonces inéditas. Las manifestaciones de la guerra, el impacto de la destrucción y de la persecución generaron en quienes debieron abandonar sus hogares para intentar salvarse una sensación abrumadora y dolorosa. Ellos ya no pertenecían a este mundo, no poseían más el hogar que habían tenido. La Europa que ellos conocían se había perdido. No existía más. Arrasada por la guerra, dañada por los enfrentamientos, la vida en Europa, su rica cultura, evocada y valorada por los refugiados, se enfrentaba a las consecuencias de las políticas de segregación, discriminación y exterminio.

            En los testimonios examinados las emociones y los sentimientos eran de pesimismo, de desilusión y de angustia frente a la destrucción de los que ellos denominaban la rica cultura europea. En el caso que analizamos, es decir, en las vivencias de los judíos polacos que migraron fuera de Europa para salvarse de la guerra y el Holocausto, las sensaciones eran contundentes. Polonia, y todos aquellos lugares de Europa oriental donde habían vivido no existían más, era un mundo destruido y con esa devastación se perdían sus manifestaciones culturales tan ricas y apreciadas.

Europa afectada por la guerra no era más la Europa culta, de la civilización y de la prosperidad. Especialmente para aquellos que debieron huir o fueron asesinados, la Europa de paz y cultura había desaparecido. Era un mundo perdido, del cual los refugiados judíos daban cuenta en sus testimonios.

Al respecto, podemos recuperar nuevamente las conmovedoras palabras de Nejome Werchow, vertidas en su diario, especialmente un pasaje referido a su travesía en el barco, el Africa Maru, navío japonés de carga y de pasajeros que embarcó en Kobe el 30 de abril de 1941, transportándola a ella y a otros refugiados judíos polacos. Sin encontrar respuestas, ni consuelo, se preguntaba así misma: “cuál es el sentido de la bella y rica cultura que Europa Oriental dio al mundo, si ahora la tierra está sembrada con enemistad, odio, sangre y furia. Cuál es el sentido de su bondad cuando la mano feroz tomó el timón. Y cuándo se calmará alguna vez el sitio del dominio efervescente y se aniquilará la crueldad. Y cuándo llegará lo que se espera… no lo sé” (Werchow, 2022, p. 105).

Europa en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, el nazismo y la dominación soviética era un espacio de muerte y de destrucción. Un “volcán lúgubre” la denominó Nejome. Recordaba la guerra y su desarrollo, evocaba la situación de sus paisanos en Polonia y exclamaba: “ojalá las personas tuvieran sentido común para huir del volcán lúgubre llamado Europa, que es constantemente un campo de derramamiento de sangre y víctimas. Escribo estas palabras y se me cae la carne cuando recuerdo que mi familia vive ahora en un rincón tan oscuro como Kobryn…” (Werchow, 2022, p. 102).

Esta desilusión ante la ausencia de un lugar en el mundo en el cual antes se había habitado, vivido, formado parte de una familia y de un pueblo, aquella residencia en Europa que les estaba vedada con las persecuciones raciales del nazismo, y la dominación soviética que los volvía vulnerables, en definitiva esa decepción ante la pérdida de pertenencia, de identificación, que se operaba con el terror de los nazis, y la ocupación de los rusos de sus territorios, esa decepción contrastaba con la esperanza ante la nueva vida que ofrecía la migración, el desplazamiento, la salida de Europa. Y las Américas, Argentina, para algunos, ofrecía precisamente ese bálsamo, esa posibilidad de volver a sentirse parte de algo y poder forjar un nuevo hogar.

 “En Argentina se puede vivir una vida muy bella. Más tranquila y pacífica, como fue alguna vez en Europa, porque es la hoja más sangrienta de la historia actual” (Werchow, 2002, p 113), afirmaba Nejome en su diario, en julio de 1942, al cumplirse un año de su arribo al país sudamericano y su instalación en la norteña provincia de Tucumán.  

En una tónica semejante podemos situar las palabras de Yonia Fain, quien también debió escapar de Europa para encontrar la salvación y sobre el cual ya nos referimos en páginas anteriores. Como Nejome, el costo pagado fue altísimo. Sus familiares quedaron en aquella Europa dañada para siempre por el nazismo y la guerra.

El asesinato por parte de los nazis a los miembros del pueblo judío que vivía en Europa oriental significó para los refugiados como Yonia Fain la pérdida del mundo conocido y al mismo tiempo implicaba un amplio y nuevo desafío para ellos. Según las percepciones y emociones de Fain, ellos, ante su sobrevivencia, se enfrentaban a una cierta obligación que consistía más que en interrogarse acerca de los motivos de su salvación en el deber que tenían de conferirle a la vida nuevos sentidos –como ya sugerimos antes- y en esa dirección, Fain aspiraba a retratar lo terrible en Europa con Stalin y con Hitler.[30] 

Las percepciones de los refugiados tenían su correlato con la realidad. En efecto, sus lugares de vida y de trabajo, los espacios de rezo y de sociabilidad, las múltiples manifestaciones de las vivencias judías en Europa habían sido removidos con la dominación alemana y más tarde soviética. Centrándonos en los judíos de Polonia podemos señalar que el grueso de ellos no volvió después de la guerra y la Shoá. Edificaron sus nuevas vidas en las Américas, en el antiguo Mandato Británico en Palestina, y en otras latitudes donde encontraron refugio del nazismo.

La Europa que existía antes de la guerra y la que se reconstruyó después dejó fuera a un porcentaje considerable de su antigua población: la judía. Es cierto que en las décadas posteriores nuevas migraciones judías llegaron a Europa, especialmente procedentes de los antiguos dominios soviéticos y, sobre todo, de Rusia. Sin embargo, aquellos sobrevivientes del Holocausto y refugiados judíos no volvieron en su mayoría a sus antiguos hogares. Algunos se desplazaron dentro de la misma Europa. Buscaron refugio en países que ofrecían cierta seguridad pero el grueso de ellos encontró refugio seguro fuera del continente europeo.

 

Recapitulación y avance: los refugiados judíos de Polonia como una comunidad emocional

 

Al investigar los itinerarios de refugiados judíos polacos que lograron salvarse de la guerra y el Holocausto a través del escape y la migración desde Japón me interesó analizar las percepciones, emociones y sentimientos que acompañaron sus experiencias. Basándome principalmente en el análisis de sus expresiones, vertidas en diarios personales y testimonios orales, fue factible observar un conjunto de hilos comunes que unieron sus trayectorias,[31] como el dolor desgarrador, por separarse de su familia y la incertidumbre de no conocer su paradero en el opresivo contexto de la guerra y el avance de la persecución contra los judíos en Europa. Además, en su huida, los judíos sufrieron el cansancio, el miedo y la angustia ante los innumerables peligros que los acechaban, en una coyuntura donde eran perseguidos y su vida era la que estaba en juego.[32]

El gran abatimiento que afectaba a los refugiados, quienes debieron salir de sus países de origen y carecían de posibilidades de regresar, era descripto por los refugiados en sus testimonios. A esta situación se le añadía la carencia de recursos que padecían los refugiados. En ese contexto, no fueron pocos los que experimentaron pesimismo y desconsuelo, al recordar la situación de sus seres queridos atrapados en la guerra y la expansión nazi. La realidad de la contienda bélica y la ocupación de buena parte de Europa por la Alemania nazi, se sumaba a la desesperación que los aquejaba por su familia y, la angustia se incrementaba al enterarse de las noticias sobre los países ocupados y pensar en el destino de sus familiares.

Como habíamos sugerido, los refugiados sufrieron angustias, pesares, preocupaciones e incluso culpas -podríamos agregar- por separarse en muchos casos de sus parientes más cercanos, que habían quedado atrás -como decían en sus testimonios los refugiados-, sufriendo las consecuencias de la guerra y el terror nazi. Este pesar embargó a quienes si bien lograron salvarse de la Shoá padecieron el interminable dolor por la pérdida de sus familiares, amigos y conocidos.[33]

Probablemente quienes perdieron a sus seres queridos en el Holocausto y consiguieron migrar, compartieron emociones y se sintieron parte de un mismo colectivo. Dicho en otros términos, los refugiados judíos polacos podían sentirse parte de una misma comunidad emocional, para emplear la categoría de Rosenwein, que recuperamos en este trabajo. Una comunidad emocional que albergaba a los hombres y mujeres que vivieron la guerra y fueron testigos directos de la destrucción que los había arrebatado de sus lugares de origen y separado de sus lazos más íntimos. En dicha comunidad emocional, se reveló también la tristeza y el lamento ante la destrucción del judaísmo europeo y de sus manifestaciones culturales. Los refugiados lamentaron la pérdida de sus raíces, sufrieron frente a la pérdida del lugar, de su patria y, en definitiva, de aquella Europa, descripta en términos de civilización y cultura. Obligados a huir de sus hogares, despojados y perseguidos, los judíos que escaparon del nazismo transitaron esos sentimientos de congoja y de desconsuelo.

Ahora bien, si todo lo expuesto hasta aquí puede extenderse al conjunto de los refugiados judíos del nazismo, en el caso de los hombres y las mujeres que se salvaron al recorrer la ruta de escape Polonia-Lituania- Rusia-Japón, afloraron, además, algunas especificidades. En especial, la valoración a la tranquilidad y relativa calma experimentada en Vilna, antes de la llegada de los soviéticos, el elogio a la amabilidad y la hospitalidad recibida en Japón y el agradecimiento a la ayuda obtenida por parte de los miembros del Jewcom, formaron parte de estas percepciones compartidas.

Incluso, una suerte de recuperación de la autoestima sintieron los judíos polacos salvados a través del Lejano Oriente, por la vía de las acciones de asistencia y rescate instrumentadas por integrantes de los organismos de ayuda a los refugiados y los auxilios que les brindaron los habitantes judíos en ciudades como Vilna y Kobe.

           

A modo de cierre

 

Estas páginas analizaron algunas aristas relacionadas con la huida y la supervivencia judía durante la Segunda Guerra Mundial. En especial, mi objetivo consistía en avanzar en un análisis de los aspectos emocionales de la salvación judía a través del Lejano Oriente. Sin el propósito de agotar el tema con este trabajo, podríamos proponer la conformación de una comunidad emocional entre los refugiados judíos polacos del nazismo, en la cual algunos de sus contornos serían la ambivalencia entre: por un lado, el alivio y la esperanza de migrar y reconstruir sus vidas, al otro lado del océano y, por el otro, la preocupación por sus familiares en Europa y el sufrimiento interminable de haber perdido a los suyos en la guerra y la Shoá.

Otro sentimiento que se plasmó en los testimonios de los refugiados analizados fue el sentirse afortunados, en comparación con las trágicas experiencias de quienes fueron asesinados y sufrieron humillaciones y torturas en guetos, campos de concentración y de exterminio en el Holocausto.

Además, la pérdida del mundo conocido y las manifestaciones de pesimismo u desilusión ante el vacío que enfrentaron con la guerra y la destrucción de sus espacios de vida, trabajo y sociabilidad, recorrieron las narraciones de los refugiados. Estos sentimientos, denotaban la desesperanza y la tristeza ante lo que podríamos considerar como la pérdida de sus raíces y de aquella Europa representada como un territorio de civilización y cultura.

En el caso puntual analizado en ese artículo, acerca de las vivencias de los judíos polacos que se salvaron mediante la ruta del Lejano Oriente, es plausible, a su vez, detectar algunas características singulares. Así, una faceta clave de esta comunidad de hombres y mujeres sería, a mi entender, la recuperación de la autoestima, a través del sentimiento de apoyo, la solidaridad, la hospitalidad y el entendimiento recibido por parte del prójimo. En tal sentido, el refugio en Vilna y, más tarde, la estadía en Kobe, aunque breve para algunos de los refugiados, desempeñaron un papel clave. Despojados de sus hogares y lazos, sufriendo las precariedades y vicisitudes propias de su condición de refugiados -padeciendo, entre otras afecciones, el miedo, la angustia, el dolor, el cansancio-, los judíos que escaparon de Polonia y lograron salvarse a través de esta ruta de escape, pudieron restituir su sentimiento de valoración mediante los buenos tratos recibidos por parte de ciertos funcionarios consulares, la generosidad de algunos habitantes en Vilna y en Japón y las ayudas brindadas por aquellos hombres y mujeres que integraron comités de asistencia a los refugiados, como el Jewcom, organismo que desempeñó un papel aún poco explorado en las redes de rescate judío durante la Segunda Guerra Mundial.

Estrechamente relacionado con lo anterior, el agradecimiento fue una constante en las experiencias de los refugiados. En este reconocimiento ocupaban un lugar central los apoyos recibidos por parte de los miembros de los comités de ayuda a los refugiados, funcionarios consulares, y representantes de organismos renombrados como el Joint. Además, y sobre todo en el caso de los jóvenes y, especialmente, de quienes entonces eran niños, este agradecimiento incluía en ocasiones a los familiares que habían sabido tomar las decisiones oportunas, encauzar los esfuerzos y arriesgarse en aquellos tránsitos dirigidos a lograr la migración y, por ende, la salvación en tiempos de la guerra.  También, los refugiados reconocían su propio valor al haberse animado a emprender estas huidas, demostrando así su autonomía y determinación en el tenebroso contexto de persecuciones y violencias.

 

Bibliografía

Avni, H. (2003). “La guerra y las posibilidades de rescate”, en A. Milgram (editor). Entre la aceptación y el rechazo. América Latina y los refugiados judíos del nazismo (pp.13-36). Jerusalén: Instituto Internacional de Investigación del Holocausto, Yad Vashem.

Bartolucci, M. (2020). “La emoción místico-patriótica de derecha e izquierdas revolucionarias. Memorias y discurso de Juan Francisco Guevara y Raimundo Ongaro, 1970”, Anuario del Instituto de Historia Argentina, 20 (1), e119.

Bjerg, M y Gayol, S. (2020). Presentación Dossier: “Historia de las Emociones y Emociones con historia”, Anuario del Instituto de Historia Argentina, 20 (1), e119.

Devoto, F. (2009). Historia de la inmigración en la Argentina, Buenos Aires, Sudamericana.

Eber, I. (edit) (2018). Jewish Refugges in Shanghai, 1933-1947. A Selection of Documents, Archive of Jewish History and Culture, 3, Vandenhoeck & Ruprecht, Göttingen.

Gleizer, D. (2011). El exilio incómodo. México y los refugiados judíos. 1933-1945. México: El Colegio de México /Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa. 

Kalczewiak, M. (2019). “We Hope to Find a Way Out from Our Unpleasant Situation: Polish-Jewish Refugees and the Escape from Nazi Europe to Latin America”, American Jewish History, vol. 103, N° 1, pp. 25-49.

McDonald, N. (2019). The Serene Skies of Kobe. Memproes of the Kobe Jewish Refugee Community, 1940-1941. East Asian Studies Journal, XLIII, 45-59. 

Medzini, M. (2016). Under the shadow of the rising sun. Japan and the Jews during the Holocaust Era, Boston, Academic Studies Press.

Milgram, A., editor (2003). Entre la aceptación y el rechazo. América Latina y los refugiados judíos del nazismo, Instituto Internacional de Investigación del Holocausto, Yad Vashem, Jerusalén.

Moscoso Sanabria, Javier y Zaragoza Bernal, Juan Manuel (2014). “Historias del bienestar. Desde la historia de las emociones a las políticas de la experiencia”, Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 36, pp. 73-88.

Peire, J. (2020). “Emociones y sentimientos patrióticos (1767-1828): Esbozo para un estudio de los patriotismos en el Río de la Plata”, Anuario del Instituto de Historia Argentina, 20 (1), e119.

Plamper, J. (2014). “Historia de las emociones. Caminos y retos”, Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 36, pp. 17-29.

Raber, A. (2020). “La migración de los sobrevivientes del Holocausto a la Argentina a través de Paraguay”, en Emmanuel Kahan, Wanda Wechsler y Ariel Raber (compiladores), Hacer Patria. Estudios sobre la vida judía en Argentina, Buenos Aires, Teseo, pp. 141-167.

Roselló Soberón, E. (2021). “Afectos, pasiones y sentimientos. Algunas preguntas para la historia de la emociones en la Nueva España y la Edad Moderna, siglos XVI-XVIII”, en María del Pilar Martínez López-Cano (coord.). Enfoques y perspectivas para la historia de Nueva España, edición digital en PDF, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas (Teoría e Historia de la Historiografía 15).

Rosenwein, B. (2007). Emotional communities in the Early Middle Ages, Estados Unidos, Cornell University Press.

Shatzkes, Pamela (1991). “Kobe: A Japanese Haven for Jewish Refugees, 1940-1941”, Japan Forum, Vol. 3, N° 2, pp. 257-273.

Siman, Y. (2021). “Tránsito y llegada de Refugiados judíos y Sobrevivientes del Holocausto a México, 1939, 1960”, Comparative Cultural Studies: European and Latin American Perspectives, 11, pp. 29-44.

Schwarzstein, D. (2006). “Entre la tierra perdida y la tierra prestada: refugiados judíos y españoles en la Argentina”, en Fernando Devoto y Marta Madero, Historia de la vida privada en la Argentina. La Argentina entre multitudes y soledades. De los años treinta a la actualidad, directores, Buenos Aires, Taurus [Primera edición de 1999], pp. 111-139.

Spitzer, L. (2021). Hotel Bolivia. La cultura de la memoria en un refugio del nazismo, La Paz, Plural editores.

Teitelbaum, V. (2020). “De Polonia a Tucumán: emociones de un exilio en la Segunda Guerra Mundial”, Revista Electrónica de Fuentes y Archivos, N° 11, pp. 132-150.

-------------- (2021a). “Migración en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. El caso de una mujer judía a Tucumán”, Historia y Memoria, N° 22, pp. 285-321. 

Teitelbaum, V. (2021b). "Sentimientos, experiencias y refugio judío en Tucumán (Argentina), 1939-1946”, Andes, Antropología e Historia, Vol. 32, N° 2, pp. 1-30.

---------------- (2022). El viaje de Nejome. Refugiados judíos en la Segunda Guerra Mundial. Temperley: Tren en Movimiento.

--------------- (2024a). "Refugiados judíos polacos: huida y rescate a través de Japón, 1940-1941”, Historia y Guerra, N° 5, pp. 147-160.

---------------------- (2024b). “Experiencias de tránsito y refugio en los judíos polacos en tiempos de guerra”, Sociohistórica, N° 53, pp. E227.

………………(2024c). “Entre el dolor y el alivio: un análisis de testimonios de refugiados judíos polacos en la Segunda Guerra Mundial”, ponencia presentada en las XIX Jornadas Inter-escuelas Departamentos de Historia desarrolladas en Rosario, Argentina, entre el 18 y el 21 de septiembre de 2024.

…………….  (2024d). “War Exiles. Polish Jewish refugees in the 1940s” (“Exiliados de guerra”. Un análisis de las emociones de los refugiados judíos polacos en los años 1940), Colloque exilés déplacés - MSH - Université Clermont Auvergne, 25-27, Novembre, 2024, Colloque Interdisciplinaire, Maison Des Sciences de L¨Homme de Clermont –Ferrand, France.

Visakosky, N. (2015). Argentinos, judíos y camaradas. Tras la utopía socialista, Buenos Aires, Editorial Biblos, Colección La Argentina Plural.

Werchow, N. (2022). “Impresiones en forma de diario a lo largo de los últimos dos años desde 1939”, en V. Teitelbaum. El viaje de Nejome. Refugiados judíos en la Segunda Guerra Mundial (pp. 73-21). Temperley: Tren en Movimiento.  

Wang, D. (2018). Los niños escondidos. Del Holocausto a Buenos Aires, Buenos Aires, Marea Editorial [Primera edición 2004].

Wieviorka, A. (2017). Comprender, testimoniar, escribir, en I. Jablonka y A. Wieviorka (compiladores). Nuevas perspectivas sobre la Shoá (pp. 25-37). Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.

 

 

Recepción: 29/04/2025

Evaluado: 28/08/2025

Versión final: 22/09/2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 



(*)Doctora en Historia por El Colegio de México. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con sede en el Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES), CONICET/Universidad Nacional de Tucumán (UNT) Tucumán, Argentina. Correo vteitel@yahoo.com . ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0906-8872

 

 

[1] Tal como advierten especialistas sobre el tema, como Edele, Warlik, Goldlust, Fitzpatrick y Grossmann (2017) aunque las cifras constituyen todavía materia de discusión, se estima que aproximadamente 200.000 judíos polacos lograran salvarse al atravesar, quedarse o escapar desde territorio soviético. Siguiendo también a estos especialistas es posible inferir, además, que dentro de este contexto más amplio, fueron, probablemente, miles los que escaparon a través de varias rutas desde Lituania.  

[2] El Joint es considerado como “la mayor organización filantrópica judía en el mundo” (Avni, 2003, p. 28). La centralidad del Joint en el periodo es indudable, tal como muestra Bauer (1981), quien propone, además, que esta institución creada en 1914 en Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial experimentó una profunda transformación al convertirse en una institución global en el campo del socorro y el rescate judío (Bauer, 2009).

[3] Zadoff (2004) sostiene que aproximadamente entre 10.000 y 15.000 judíos se refugiaron en Vilna provenientes de la zona polaca ocupada por los nazis y del área invadida por los rusos. Por su parte, Medzini (2016) señala que “cuando Alemania invadió la parte de Polonia que le había sido asignada en virtud del pacto ruso-alemán de agosto de 1939 y la ocupó en una campaña relámpago en septiembre y octubre de ese año”, aproximadamente 15.000 judíos escaparon de Polonia hacia Lituania que era formalmente independiente pero en realidad estaba bajo la dominación soviética de acuerdo con el Pacto Molotov-Ribbentrop que les daba a los soviéticos el control efectivo de la parte oriental de Polonia y de los tres estados bálticos (p. 119).

[4] Devoto (2009, p. 39) señala que el concepto de refugiados fue definido en la Conferencia de Évian de 1938 como “toda persona que abandonase su lugar de residencia en Europa por persecuciones que tuviesen que ver con su raza, su religión o sus ideas políticas”. Si bien estoy plenamente consciente de las diferencias entre las nociones: Shoá y Holocausto, en este trabajo utilizo los dos términos, tanto el de Shoá, voz en hebreo que puede traducirse como catástrofe, y Holocausto, cuyo significado sería sacrificio por el fuego (Wieviorka, 2017, p. 25), asumiendo, además, que ninguna de estas nociones resulta completamente satisfactoria para denominar el genocidio al pueblo judío en Europa llevado adelante por los nazis. 

[5] Al respecto, resultaron esclarecedores los análisis de McDonald (2019), quien sostiene como frente al enfrentamiento entre Japón y Estados Unidos en la guerra, las memorias de los refugiados judíos que habían estado en Japón y rescataban el papel favorable de este país en su salvación podrían resultar desafiantes al cuestionar o matizar las percepciones dominantes en torno a las potencias en conflicto durante la guerra. En tal sentido, se trataba de memorias que cuestionaban las miradas hegemónicas de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo porque recuperaban el papel moral de Japón en la escena internacional.  

[6] Según los cálculos de Avni (2003, p. 25), en total, durante el nazismo, América Latina recibió aproximadamente entre 90.000 y 100.000 refugiados judíos y de esta cifra, el mayor número correspondió a la Argentina, donde llegaron entre 32.000 y 39.000 refugiados judíos. Por su parte, Gleizer (2011, pp. 39-40) explica que, mientras Argentina fue el país latinoamericano que más refugiados judíos recibió en términos absolutos, México “en relación con su dimensión y su capacidad de absorción puede ser considerado como uno de los que menos refugiados recibió: entre 1500 y 2200”. 

[7] Estos argumentos se desarrollaron en “Entre el dolor y el alivio: un análisis de testimonios de refugiados judíos polacos en la Segunda Guerra Mundial”, ponencia presentada en las XIX Jornadas Inter-escuelas Departamentos de Historia desarrolladas en Rosario, Argentina, entre el 18 y el 21 de septiembre de 2024 (Teitelbaum, 2024c).

[8] Un primer planteo en torno a este tema en “War Exiles. Polish Jewish refugees in the 1940s” (“Exiliados de guerra”. Un análisis de las emociones de los refugiados judíos polacos en los años 1940), Colloque Interdisciplinaire, “Exilés, déplacés”, Université Clermont Auvergne, Maison Des Sciences de L¨Homme de Clermont –Ferrand, France, 25-27, Noviembre de 2024 (Teitelbaum, 2024d, comunicación expuesta a través de videoconferencia).

[9] Nejome no especificaba en su diario el nombre del escritor, que aseguraba que “el vagabundeo se va a volver un problema, y uno va a llevar al otro, además, a abandonar lo propio y salir a errar” (Werchow, 2022).

[10] Según explica Plamper (2014, p. 23), al analizar a Rosenwein, una comunidad emocional podría entenderse como un grupo de personas con un código y un sistema de sentimientos compartido respecto a que conciben como favorable o amenazante, cómo evalúan las emociones de los otros, cuales son los modos de expresión que se esperan, alientan y deploran.

[11]No obstante, conviene advertir, el empleo entre las comunidades académicas de términos como emociones, afectos o sentimientos indica a su vez una inclinación y postura teórica. Por ejemplo, en Francia se continúa hablando de historia de las sensibilidades, más en línea con los trabajos de historia cultural y en España el grupo de investigación liderado por Javier Moscoso Sanabria, postula una historia de las experiencias y se inclinan por una historia de las formas culturales de la experiencia subjetiva (Moscoso Sanabria y Zaragoza Bernal 2014, p. 84).

[12] Entonces, es factible pensar que las emociones se refieren más bien al esquema: estímulo -evaluación corporal- respuesta: algo más espontáneo. El sentimiento apunta más a hábitos estables, a prácticas culturales y sobre todo a estándares de inteligibilidad del mundo real. El sentimiento sería entonces la asunción más bien consciente del sujeto en su experiencia de esa emoción y su despliegue más extendido en el tiempo, en general como hábito estable o práctica sentimental. El sentimiento sería así más libre en cuanto deja espacio a la aceptación o rechazo de la emoción que asume, aunque alguna parte corporal sería imprescindible también para que haya sentimiento (Peire, 2020).

[13] Todas las entrevistas que integran la Colección “Flight and Rescue”, presentada por el USHMM en mayo de 2000, fueron realizadas en el año 1999, entre los meses de junio y octubre, por una productora de cine contratada por el USHMM, quien posteriormente, en ese mismo año, recibió dicho material para integrar sus archivos. Además de las entrevistas, 20 en total, que integran esta colección “Flight and Rescue”, en el caso de Ruth Bercowicz Segal, se incluye (aparte de la entrevista de 1999 que integra dicha colección “Flight and Rescue”), una entrevista realizada años atrás, en 1992, y entregada al USHMM en 1995 para integrar su colección permanente.

[14] Más información en Teitelbaum, 2024 a y b.

[15] La denominación bundistas alude al Bund (Unión), es decir a la Unión General de los Trabajadores judíos de Polonia, Lituania y Rusia que, tal como señala Visakosky (2015, p. 40), se inspiraba en las consignas laicas y reformistas de la socialdemocracia alemana y fue creada en Vilna, en 1897.

[16] HIAS se creó hacia 1900 con el propósito de sostener las necesidades del ritual de entierro judío. Posteriormente, esta sociedad se dedicó a prestar asistencia a las comunidades judías de Europa que sufrieron el impacto de la Primera Guerra Mundial, tal como explica Raber (2020).

[17] JDC (el Joint), American Jewish Joint Distribution Committee Archives, List of 9064 refugees located in Vilnius, March 1, 1940. Por su parte, Shatzkes, 1991, p. 265 menciona un número de 10.000 judíos de Polonia en Vilna.

[18] USHMM, Colección Papeles Anatole Ponevejsky. Serie Informes. Report of the Activity of the Committee for Assistance to Refugees. The Jewish Community of Kobe (Ashkenazim), July 1940-November 1941, Kobe, 1942. Así, las cifras disponibles acerca del ingreso a Japón de refugiados judíos polacos que habían llegado desde Vladivostok y mayoritariamente provenían de Vilna y de Kaunas arrojan un número estimado en 2074, según las cifras proporcionadas por el Comité de Asistencia a los Refugiados, de Kobe (USHMM, Colección Papeles Anatole Ponevejsky. Serie Informes. Report of the Activity of the Committee for Assistance to Refugees, the Jewish Community of Kobe (Ashkenazim), July 1940-November 1941, Kobe, 1942). Por su parte, la Enciclopedia del Holocausto del mismo archivo USHMM mencionan 2100/2200 refugiados judíos polacos y Eber (2018) proporciona la cifra de 2300 judíos polacos que siguieron esta ruta.

[19] Al respecto, Wieviorka (2017) señala que en el pasado el genocidio a los judíos por parte de los nazis no tenía nombre, salvo “entre los sobrevivientes del sumergido mundo yiddish”, para quienes “se había tratado de la Hurbn, la Destrucción; incluso a veces la llamaban la ´tercera Destrucción´, la que venía luego de la destrucción de los dos Templos. Para los demás, de un modo menos específico, y antes de que el proceso Eichmann lo convirtiera en un evento distintivo, estos hechos formaban parte de la generalidad de acontecimientos propios del ´momento de guerra´” (p. 25).

[20] Situation of the Jewish refugees in Japan. Report send to The World Jewish Congress. https://collections.yadvashem.org/en/documents/6381991.

[21] Esta expresión se desprende de las palabras vertidas por Moiseeff en su reporte. Al respecto, Situation of the Jewish refugees in Japan. Report send to The World Jewish Congress. https://collections.yadvashem.org/en/documents/6381991.

[22] USHMM, Oral history interview with Ruth Segal, 1991.

[23] USHMM, Oral history interview with Ruth Segal, 1991.

[24] USHMM, Oral history interview with Yonia Fain, 1999.

[25] USHMM, Oral history interview with Yonia Fain, 1999.

[26] Los sobrevivientes del Holocausto, por su parte, expresaron en sus testimonios estos sentimientos de ser afortunados, tener suerte, como una de las explicaciones posibles a su sobrevivencia. No es propósito de estas páginas ahondar en esta problemática, cuya profundidad y especificidad excede el alcance de este trabajo. Para un análisis al respecto me gustaría mencionar, especialmente, el de Wang, 2018.

[27] USHMM, Oral history interview with Yonia Fain, 1999.

[28] USHMM, Oral history interview with Susan Bluman, 1999.

[29] La entrevista a Raquel Berman fue realizada por Mónica Unikel, el 6 de noviembre de 2023 y difundida en la página de la Sinagoga Histórica Justo Sierra 71, de México, en Facebook. 

[30] USHMM, Oral history interview with Yonia Fain.

[31] Para otros contextos y problemáticas, y salvando las distancias con nuestras fuentes, resultaron sugerentes aportes como el de Bartolucci (2020), quien analiza las trayectorias revolucionarias en la Argentina de los 1970 a partir de la reiteración permanente en los documentos de una serie de emotives. También, fueron útiles las contribuciones de Peire (2020), al estudiar el léxico de los afectos hacia las patrias que se observan en las fuentes atendiendo a las repeticiones, los desplazamientos, los cambios y los lugares de enunciación.  

[32] En esa dirección, podemos mencionar el artículo de Kaltczewiak (2019), sobre las experiencias de los refugiados judíos en Brasil y Argentina. Por su parte, en su investigación sobre los refugiados en México, Siman (2021, pp. 36-37) señala que los refugiados atravesaron experiencias traumáticas ante la necesidad constante de escapar, las posibilidades que enfrentaban de ser denunciados, la inseguridad de los caminos, el miedo al rechazo de las autoridades fronterizas, la falta de alimentos y el hambre, que se conjugaban generando una sensación de vulnerabilidad extrema.

[33] Este padecer fue muy bien explicado por Schwarzstein (1999, pp. 117 y 130), quien en su análisis de los refugiados judíos alemanes que huyendo del nazismo migraron a Argentina, menciona la culpa, la angustia que sintieron ante sus familiares que habían quedado en Europa. En una tónica semejante, Spitzer, en su libro sobre los refugiados judíos alemanes que migraron a Bolivia, apunta (apoyado en el diario del refugiado Arthur Popp), como al dejar de forma forzosa su tierra y llegar a la nueva patria, los judíos sintieron “alivio por haber salido vivos aunque no siempre intactos”. También sufrieron una inmensa pena ante la separación con familiares y amigos, la pérdida traumática del hogar y las posesiones, la ruptura de su conexión con su lugar de origen, su entorno social y cultural, sus profesiones y sus vidas (Spitzer, 2021, pp. 86 y 92).